Trucos

Mientras todos sueñan con tener un aire acondicionado, en los pueblos de Andalucía han combatido el calor con estos trucos durante generaciones

Cómo combaten el calor en los pueblos de Andalucía
Patio andaluz.
Janire Manzanas
  • Janire Manzanas
  • Graduada en Marketing y experta en Marketing Digital. Redactora en OK Diario. Experta en curiosidades, mascotas, consumo y Lotería de Navidad.

Con temperaturas superiores a los 40 grados en buena parte del país, todos nos preguntamos cómo afrontaban nuestros abuelos el verano cuando no existía el aire acondicionado. Sin embargo, durante los siglos XIX y XX, los andaluces desarrollaron una serie de trucos para combatir el calor, los cuales podemos seguir aplicando a día de hoy. No son remedios complicados, sino pequeños gestos que se pueden integrar fácilmente en la vida cotidiana para mantener las casas lo más frescas posible.

Uno de los mejores ejemplos de adaptación al clima son las cuevas del Sacromonte, en la provincia de Granada. Excavadas en la montaña, ofrecen frescor en verano y protección frente al frío en invierno, manteniendo una temperatura estable los 365 días del año. Actualmente, el Museo Cuevas del Sacromonte es una visita muy interesante para conocer de primera mano el modo de vida del lugar.

Los trucos de los abuelos andaluces para combatir el calor

La arquitectura tradicional andaluza ha sido, durante generaciones, una de las mejores respuestas frente a las altas temperaturas. Las fachadas pintadas de blanco ayudaban a reflejar buena parte de la radiación solar, mientras que los gruesos muros de piedra, ladrillo o adobe actuaban como un excelente aislamiento, manteniendo el interior de las viviendas mucho más fresco durante el verano.

Los patios interiores desempeñaban un papel mucho más importante que el meramente estético. Las plantas, los pozos y las fuentes favorecían la evaporación del agua y ayudaban a reducir la temperatura incluso en los días más calurosos del verano. Además, era habitual que al caer la noche muchas familias sacaran una silla a la puerta de casa para disfrutar del fresco y compartir un rato de conversación con los vecinos.

Antes de que los frigoríficos se popularizaran en la segunda mitad del siglo XX, el botijo era un objeto indispensable en muchos hogares andaluces. La porosidad del barro permitía que el agua permaneciera fresca de forma natural. Otro recurso muy extendido eran las persianas de esparto instaladas en balcones y ventanas. Era habitual mojarlas varias veces al día para que el aire que atravesaba sus fibras llegara al interior de las viviendas y ofreciera cierta sensación de frescor.

Asimismo, el suelo puede convertirse en una importante fuente de calor durante la época estival. Para aliviar esa sensación, los andaluces optan por pasar la fregona con agua fría para refrescar el interior de la vivienda. También es buena idea sustituir las alfombras de tejidos gruesos por otras elaboradas con fibras naturales, como el bambú o el esparto.

Finalmente, los abuelos andaluces sabían que ciertas plantas podían refrescar el hogar durante las olas de calor:

  • La lengua de suegra es una de las plantas de interior más resistentes y fáciles de cuidar. Además de soportar altas temperaturas y requerir muy poco mantenimiento, destaca porque libera oxígeno durante la noche. Una opción práctica y atractiva para hacer más agradable el ambiente durante las calurosas noches de verano.
  • El aloe vera es una planta muy resistente que necesita pocos riegos y se adapta muy bien a ambientes cálidos y secos. Colocada cerca de una ventana soleada o en un espacio bien iluminado, captura el calor y ayuda a enfriar la habitación de forma natural.
  • Las grandes hojas, gruesas y de un intenso color verde del ficus robusta no sólo destacan por su valor decorativo, sino también por favorecer la transpiración, un proceso natural que contribuye a aumentar ligeramente la humedad ambiental. Además, es una planta resistente y muy fácil de cuidar.

Museo Cuevas del Sacromonte

«El aspecto interno de la cueva depende de los gustos y del nivel económico de sus habitantes. El suelo puede ir desde la tierra batida a la solería, pasando por la piedra, el cemento y el ladrillo. Igual ocurre con el remate de los techos, paredes y nichos. Su uso como vivienda en Granada ha sido tan común que en los años 60 se censaron más de 1500 cuevas o casas-cueva en el Sacromonte. Miles de personas usaban estas viviendas. La sala de estar es corriente que esté decorada con objetos de cobre, con estampas devotas y retratos familiares. Cuando la familia que habitaba la cueva era muy numerosa, el conjunto de la misma se utilizaba como dormitorio, extendiendo esteras y colchones para tal uso».

El Museo Cuevas del Sacromonte abre todos los días del año. Durante la temporada de invierno, del 26 de octubre al 28 de marzo, el horario es de 10:00 a 18:00 horas, con la última entrada a las 17:40. En verano, del 29 de marzo al 25 de octubre, permanece abierto de 10:00 a 20:00 horas y la última entrada es a las 19:40. El museo cierra únicamente los días 25 de diciembre y 1 de enero. La entrada general tiene un precio de 6 euros e incluye el acceso al recorrido completo para descubrir la historia, la cultura y el patrimonio de las tradicionales cuevas del Sacromonte.

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