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Ni sérums ni cremas de lujo: el secreto de Nivea para seguir reinando un siglo después

La primera lata, sin embargo, no era azul, era amarilla

Hay productos que envejecen. Y hay otros que simplemente se convierten en clásicos. La lata azul de Nivea pertenece a la segunda categoría. Mientras la cosmética ha llenado los cuartos de baño de sérums, retinoides, ácido hialurónico, péptidos y fórmulas cada vez más sofisticadas, aquella crema blanca, espesa y de olor inconfundible continúa ocupando un lugar en las rutinas de millones de personas.

No es una impresión anecdótica. Beiersdorf asegura que en 2024 se vendieron en el mundo más de cuatro latas azules de Nivea Creme cada segundo, y que el producto está presente en más de 170 países. La compañía también señala que la fórmula original ha cambiado relativamente poco a lo largo de su historia.

La paradoja es precisamente esa: cuando la industria cosmética compite por presentar el ingrediente más novedoso, Nivea continúa apoyándose en una formulación concebida hace más de un siglo.

La crema nació en 1911

La historia comienza en Hamburgo en 1911. El químico Isaac Lifschütz había desarrollado el Eucerit, un emulsionante capaz de unir agua y aceite de forma estable. El descubrimiento llamó la atención del dermatólogo Paul Gerson Unna y posteriormente de Oscar Troplowitz, uno de los responsables de Beiersdorf. De aquella investigación nació Nivea Creme, bautizada con un nombre procedente del latín nix, nivis, relacionado con la idea de «blanco como la nieve».

La primera lata, sin embargo, no era azul. Era amarilla. El cambio que convertiría el envase en uno de los iconos más reconocibles de la cosmética llegó en 1925, cuando Nivea adoptó el característico fondo azul con letras blancas. Este año se cumple precisamente un siglo de aquel diseño.

Desde entonces, la lata ha cambiado de tipografía, tamaño y detalles, pero ha conservado una identidad extraordinariamente estable. La propia marca sitúa la producción de la crema en Hamburgo y señala que miles de latas se llenan allí cada hora.

¿Qué tiene realmente dentro?

La respuesta está lejos de los reclamos cosméticos actuales. La formulación española de Nivea Creme incluye agua, parafina líquida, cera microcristalina, glicerina, alcohol de lanolina, parafina y pantenol, además de otros componentes y perfume. La marca identifica precisamente la glicerina y el pantenol como ingredientes activos.

La glicerina es un humectante que ayuda a atraer y retener agua en la capa superficial de la piel. El pantenol, por su parte, se utiliza habitualmente en productos destinados a hidratar y acondicionar la piel. A ello se suma una base rica en sustancias que contribuyen a formar una película protectora sobre la superficie cutánea.

Es precisamente esa textura densa la que explica parte de su comportamiento. No es una crema ligera concebida para desaparecer inmediatamente sobre la piel. Su planteamiento es otro: aportar grasa, suavidad y protección frente a la pérdida de agua.

Uno de los motivos por los que la vieja lata sigue encontrando defensores entre los profesionales es también su sencillez. No pretende sustituir a un tratamiento dermatológico ni competir con una crema facial específica para cada problema.

Hidratar y ayudar a proteger la barrera cutánea

Un análisis reciente de una dermatóloga sobre la fórmula de la Nivea clásica destaca precisamente su carácter de emulsión rica en agua, parafinas, glicerina y lanolina, y señala que puede resultar especialmente útil para pieles secas, aunque no necesariamente sea la opción adecuada para todos los tipos de piel.

Ese matiz es importante. Que una crema sea un clásico no significa que sea universalmente perfecta. Una piel grasa o con tendencia al acné puede preferir texturas más ligeras. Y las personas con sensibilidad a determinados perfumes o componentes deben revisar siempre el listado de ingredientes.

Nivea ha conseguido algo que muchas marcas persiguen durante décadas: convertir un producto en un recuerdo familiar. La lata azul ha pasado de madres a hijas, de padres a hijos y de una generación a otra. La propia compañía recuerda que el producto forma parte de las rutinas familiares en numerosos países desde hace décadas.