Religión Católica

Santo Tomás de Aquino y su trayectoria y obra

Santo Tomás de Aquino es una verdadera referencia en la religión católica. Aquí te contamos un poco más del personaje.

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Santo Tomás de Aquino.
Francisco María
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Hay mentes que, por pura densidad intelectual, parecen comprimir siglos enteros en sus escritos. Tomás de Aquino es de esos tipos raros cuya obra aguanta el paso del tiempo sin que crujan las costuras, resistiendo con una solidez pasmosa a cualquier moda académica. Lejos de ser el típico ratón de biblioteca encerrado en su celda, su vida fue un trasiego constante de un lado para otro, un ir y venir entre universidades italianas y francesas cargado de polémicas, mudanzas y un volumen de trabajo que hoy nos parecería inhumano.

Nacer en el seno de una familia aristocrática italiana no le facilitó precisamente las cosas; más bien al contrario. Cuando el joven decidió meterse fraile en la recién estrenada orden de los dominicos, en su casa montaron en cólera. El pulso familiar llegó a tal extremo que lo encerraron durante más de un año en el castillo de Roccasecca, intentando doblegar por la fuerza a un muchacho que tenía las ideas bastante más claras que sus parientes.

Silencio y acción

Al final, los suyos tuvieron que ceder ante aquella testarudez mansa. Su periplo docente lo llevó por las aulas de París y Nápoles, donde los alumnos le colgaron el apodo de el buey mudo por su envergadura física y su proverbial silencio. Se pasaba horas callado, escuchando con una atención desesperante hasta el último argumento de sus contrincantes.santos 7 marzo

Su maestro, Alberto Magno, ya avisó entonces de que el mugido de aquel buey iba a escucharse en el mundo entero. Y no se equivocaba. En aquellos años, la llegada masiva de los textos de Aristóteles traducidos desde el árabe y el griego puso patas arriba el avispero universitario.

Muchos teólogos tradicionales veían al filósofo pagano como una amenaza directa para la fe, prefiriendo la censura rápida al debate abierto. Tomás hizo justo lo contrario. Agarró el guante con una audacia tremenda, convencido de que la verdad, viniere de donde viniere, procedía de la misma fuente y que, por tanto, la razón humana y la revelación divina no podían marchar a zancadas contrarias.

Cinco vías para llegar a Dios

Ese encaje de bolillos entre lo que se puede demostrar pensando y lo que se acoge creyendo es el verdadero motor de su pensamiento. Jamás redujo la filosofía a una simple criada sumisa de la teología; al contrario, le devolvió la dignidad a la investigación racional, defendiendo que el mundo real tiene leyes propias y perfectamente inteligibles.

Las célebres cinco vías para rastrear la huella de Dios no parten de arrebatos místicos ni de trances extraños, sino de cosas tan vulgares y palpables como que una piedra cae, que las cosas se mueven, que nada se explica a sí mismo o que hay grados de perfección en lo que nos rodea. Para él, mirar la naturaleza con honestidad ya era empezar a pensar con hondura.

Todo ese caudal de reflexiones terminó cristalizando en la Suma teológica, una auténtica catedral de papel levantada con una precisión milimétrica. El formato puede parecer árido a primera vista, una sucesión interminable de objeciones, respuestas y contraargumentos, pero en el fondo encierra una lección de humildad intelectual brutal: si no eres capaz de explicar el argumento del contrincante mejor que él mismo, ni te molestes en rebatirlo. En sus páginas se cruzan desde reflexiones sobre la libertad y la conciencia hasta asuntos morales de calado, siempre con una sobriedad que huye tanto del dogma intransigente como del subjetivismo barato.

La justicia y la ley

Esa misma finura se advierte cuando aborda el terreno de la ley y la justicia. Su idea de que una ley injusta pierde su obligatoriedad moral y se convierte poco menos que en un acto de violencia institucional sigue resonando con una actualidad pasmosa. No se trataba de incitar a la revuelta por capricho, sino de recordar que el poder político tiene un límite infranqueable marcado por la propia dignidad de la persona y por el orden natural de las cosas. La conciencia individual quedaba así blindada frente al capricho de los tiranos de turno, equilibrando con maestría la obediencia debida y la libertad de espíritu.frases de Santo Tomás de Aquino

La parte final de su vida

Los últimos compases de su vida conservan un misterio que la historia apenas logra descifrar del todo. Estando en Nápoles, tras una intensa experiencia mística mientras celebraba la misa, dejó caer los bártulos de golpe. Paró de escribir.

A las preguntas insistentes de su secretario y amigo Reginaldo, que no entendía nada ante semejante frenazo editorial, le respondió con sencillez que todo lo redactado hasta aquel momento le parecía poco más que paja al lado de lo que se le había revelado. Murió poco después, en la primavera de 1274, en el camino hacia el concilio de Lyon.

Su obra sobrevivió a las condenas precipitadas y a las incomprensiones de sus contemporáneos para convertirse en un faro perenne, demostrando que el rigor mental y la inquietud espiritual no solo no se estorban, sino que se exigen mutuamente para mantener la cabeza y el corazón bien despiertos.

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