Sánchez y las habaneras de Calella
Como saben, el término «creencias lujosas» se refiere a ideas y opiniones que las personas adineradas o de estatus social con pretensiones adoptan para distinguirse de la plebe. Lo que caracteriza esas opiniones es que pueden tener consecuencias negativas para los grupos menos privilegiados. Estas creencias a menudo implican la promoción de políticas o normas sociales que benefician o no afectan mucho a los ricos (promoción de la maternidad en soledad, por ejemplo), pero pueden ser perjudiciales para quienes tienen menos recursos o menos capital social. Y si ha habido una década pródiga en «creencias lujosas» ha sido el sanchato de Pedro el Lapa. Lo pensaba el otro día cuando veía a la pareja de impostores alternando, como si no estuviera cayendo la que cae, con los Reyes en la IV Conferencia Internacional de la ONU sobre Financiación al Desarrollo en Sevilla. ¿El bombazo de la prisión preventiva a Cerdán es la llamada que anuncia un cambio en su propio electorado?
No sabría qué decirles viendo el éxito que ha tenido en alzarse en candidato a la alcaldía de nueva York un perfil como el de Zohran Mamdani. Un tipo sin experiencia política pero que ofrece el catálogo woke completo a sus electores. El mismo catálogo que maneja la izquierda, independentista o no tanto, en Cataluña. Aunque su último número ha sido bastante criticado en los medios y las redes sociales. Verán: después de lanzar proclamas a favor de los derechos LGTBI y contra los «retrocesos» en Hungría se fueron para allá las diputadas Tània Verge, Raquel Sans y Ennatu Domingo, de ERC y de Junts, en lo que parecían unas vacaciones adelantadas y, naturalmente, pagadas por nosotros.
Pero era una urgencia: Hungría está muy necesitada de una exhibición de superioridad moral por parte de quienes colaboraron en un golpe contra las instituciones de su propia tierra. Eso sí, no las verán ustedes en sitios más incómodos o con un mínimo de peligro. En Hungría estará prohibido el matrimonio homosexual, pero se legalizan las parejas de hecho. Y no se persigue la homosexualidad ni existe ninguna ley restrictiva para este colectivo. Los valientes soldados de la izquierda tienen todo el norte de África y Oriente Medio para sacarles los colores a sus gobiernos denunciando situaciones incomparablemente peores. La homosexualidad también está perseguida en Palestina, por cierto, y la izquierda no duda en exhibir sus banderas en las marchas del orgullo, o en conciertos como los del cantante Bob Vylan, que se permite incluso llamamientos al asesinato de las fuerzas del ejército israelí. ¡Incluso en países tan distintos como Ucrania o Cuba está prohibido el matrimonio homosexual y se penaliza la propaganda LGTBI!
Defender los derechos de los homosexuales está muy bien siempre que esa libertad no se coarte en otras causas que merecen tanta o más atención. Sin ir más lejos, el buenismo woke en Cataluña persigue a aquellos que dicen que el islam es incompatible con los valores occidentales porque idealizar esa religión forma parte de las «creencias lujosas» de nuestra izquierda. Por eso Silvia Orriols se está llevando de calle esa energía del «català emprenyat» que busca quien le dirija. En estos momentos, la alcaldesa de Ripoll triunfa con sus críticas, no solo a las viajeras con destino Hungría, reprochándoles que no se paguen la visita de su bolsillo, sino a la polémica cancelación en las habaneras de Calella. Por si no lo saben, en esa localidad, su alcaldesa socialista se cargó una de las habaneras más famosas y esperadas del repertorio tradicional: «El meu avi» (Mi abuelo). Por lo que parece, su autor, Josep Lluís Ortega Monasterio, nacido en 1918, fue denunciado en el documental de TV3 ‘Muros de silencio’ por asociarse a un proxeneta de menores. La alcaldesa de Ripoll ha criticado el autoritarismo de la izquierda y su «superioridad moral sin límites». Me gustaría verla discutir con un presidente tan veleta como Pedro Sánchez. Lástima que la mayor «creencia lujosa» sea el independentismo, seña de identidad (aún) de la Sra. Orriols.
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