Marlaska, la infamia en tiempo real
Escuchar al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, presumiendo de la lucha contra las mafias del narcotráfico, mientras dos guardias civiles perdían la vida y otros dos resultaban heridos cuando perseguían, en desigualdad evidente de condiciones, una narcolancha, es una manifestación suprema de infamia en tiempo real, la vileza más descarnada en directo. Durante una rueda de prensa en el Ministerio, Marlaska hizo balance de las últimas operaciones contra el narco en el océano Atlántico y dijo que «entre los buenos resultados que año tras año arroja el plan especial de seguridad para el Campo de Gibraltar, que recorre ya su quinta edición, quiero destacar el importante volumen de inteligencia obtenido sobre la composición y el funcionamiento de las redes de narcotráfico».
Por supuesto, de las insuficiencias de medios no dijo nada; del abandono en que trabajan los agentes, tampoco; de la desigual batalla que libran contra la delincuencia, menos. Se limitó a sacar pecho del «cambio estratégico con el que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad españolas e internacionales abordan la lucha contra el narcotráfico». ¿Qué cambio estratégico?, ministro.
Los guardias civiles siguen muriendo sin que el Ministerio del Interior haga nada por revertir la situación. Y la situación es que los guardias civiles tienen cada día que poner en peligro sus vidas para hacer frente a unos narcos que sacan permanente ventaja de la falta de recursos humanos y técnicos de la Benemérita.
Porque lo más infame es escuchar a Marlaska decir que los guardias civiles cuentan con «todos los medios necesarios» para ser «eficaces». Una obscenidad en forma de mentira clamorosa que supone un insulto para quienes persiguen a los narcotraficantes sin más recursos que su profesionalidad y valor.
Marlaska, reprobado por el Congreso de los Diputados y el Senado, niega la evidencia y lo hace pese a que la realidad ha desnudado de nuevo sus mentiras. Y lo peor es que sólo era cuestión de tiempo que los guardias civiles volvieran a pagar con sus vidas la indignidad y mentiras del ministro.