España, ese Estado estúpido

Opinión de Eduardo Inda

Sudáfrica mandó el Hondius al carajo en tiempo récord. Por evidentes razones humanitarias acogieron a la mujer del holandés fallecido y no tengo ninguna duda de que dieron el paso porque pensaban que se trataba de una simple gripe o poco más. Más tarde se quitó el muerto, y nunca mejor dicho, Cabo Verde, una nación de influencia portuguesa que empieza a erigirse como potencia turística por sus inigualables playas y sus aguas color turquesa. Sólo Santa Elena, una isla en medio de esa nada que es el epicentro del Océano Atlántico, permitió la bajada de 30 pasajeros de la bomba vírica que representa el barco dedicado a uno de los grandes cartógrafos de la historia, el holandés Jodocus Hondius. Pero cuando atracó en este pedacito de tierra británico nadie sospechaba la que se iba a liar y todos, absolutamente todos, empezando por el médico que viaja a bordo, pensaron que como mucho sería un brote de un covid que vino hace seis años para quedarse pese a que sus índices de letalidad sean a día de hoy insignificantes.

El cristo padre se montó en la parada en Cabo Verde. Allí se acreditó, más allá de toda duda razonable, que estábamos ante una alerta sanitaria mundial. La antigua colonia portuguesa se hizo un Poncio Pilatos y no permitió atracar a un crucero de lujo en el que los pasajes salen por un ojo de la cara, 6.000 euros el más barato y 30.000 el más oneroso, un sueldo medio en cualquier caso. Bajaron a tierra tres o cuatro enfermos en lancha y luego despacharon el buque con viento fresco.

Los senegaleses, que están justo enfrente del archipiélago de Cabo Verde, se hicieron los suecos y nadie dijo nada pese a que se trata de uno de los países africanos más avanzados y con mayor nivel sanitario. No es Estados Unidos hospitalariamente hablando pero tampoco Tanzania o Gambia. El Reino de Marruecos, que se antoja un país cada vez más serio al lado de España, no sólo advirtió que el Hondius tenía terminantemente prohibida la entrada en sus aguas jurisdiccionales sino que también mandó a paseo al avión medicalizado que trasladaba a Holanda a uno de los afectados por el hantavirus. «No pueden aterrizar ni siquiera para hacer escala», proclamaron a modo de aviso a navegantes. Mohamed VI no se anda con chiquitas.

Sánchez decidió por su cuenta y riesgo que el barco del hantavirus de Países Bajos venía a Canarias sí o sí, que para eso es un autócrata

También se lavó las manos Países Bajos, la nación que debería haberse hecho cargo de todos y cada uno de los pasajeros, entre otras muchas razones por una perogrullesca: el Hondius está matriculado en Países Bajos, lo que toda la vida de Dios se llamó Holanda, y más concretamente en la localidad de Flesinga. Las leyes marítimas internacionales indican que el responsable de un buque es el armador. Allí es donde deberían haber remitido a los viajeros y allá es donde deberían tratar a los que no están en riesgo de muerte que, dicho sea de paso, son la mayoría de los 140 que permanecen a bordo. Al menos, de momento.

Todos silbaban y miraban al cielo haciendo ver que el marrón no iba con ellos hasta que llegó el tontito del barrio: el Estado español representado por un Gobierno que no ganó las elecciones, que no aprueba Presupuestos desde 2022, que tiene de socios a golpistas y terroristas, que mira más a Venezuela y Cuba que a Bruselas y que está infestado de corruptos. El Ejecutivo que preside Pedro Sánchez anunció orgullosamente que España se haría cargo del barco del hantavirus «en aplicación del Derecho internacional humanitario» que, dicho sea de paso, seguro que no tienen ni puñetera idea de qué es.

El Abundio que vaticinó en enero de 2020 que en España no habría «más allá de algún caso de covid», el desahogado que en marzo aconsejó ir a ese cadalso que resultó el 8-M, Fernando Simón, volvió a meter la zarpa en este envite en el que nos jugamos no sólo una epidemia sino cargarnos el turismo en Canarias para muchos años. «El barco llegará a las Islas sin ningún caso a bordo», apuntó un tipo que en cualquier país normal estaría en la cárcel por la criminosa frivolidad que exhibió con un coronavirus que dejó 130.000 muertos y decenas de millones de contagiados. Dicho lo cual debemos prepararnos para lo peor porque, además de un incompetente sideral, este tío es gafe. Por cierto: el Hondius ha arribado esta madrugada con unos cuantos contagiados.

La bomba atómica epidemiológica está servida para los ciudadanos de Canarias por un hecho obvio: no haber votado al Partido Socialista

En ésas llegó Mónica García, alias Mema, para advertir que España estaba encantada de comerse el hantavirus. Hay quien sospecha que la jugada nada tiene que ver con la solidaridad y sí mucho, por no decir todo, con sus ansias de ser una capo de esa institución tomada por el wokismo internacional que es la Organización Mundial de la Salud. Capo, capa o como se diga, a cambio de una de esas soldadas de 200.000 ó 300.000 dólares que cobran los mandamases de la OMS, que ésta es comunista, incompetente, fascistoide y mala pero no gilipollas.

Sea como fuere, el presidente que perdió las anteriores generales, que tiene 121 de los 350 escaños del Congreso, decidió por su cuenta y riesgo que el barco venía a Canarias. Sí o sí que para eso es un autócrata. Se pasó por el forro de sus caprichos la opinión del Ejecutivo autonómico que conforman Coalición Canaria y Partido Popular, lo cual induce a confirmar que esto está hecho con muy mala baba. Sánchez se levanta pensando en practicar compulsivamente el mal y se acuesta pensando en cómo joder más y mejor al día siguiente. Si eres de los suyos, tienes garantizado el paraíso; si formas parte del equipo rival, te regalará el mayor de los infiernos. Ése es el escenario con el que ha obsequiado a Fernando Clavijo, presidente de Canarias, y a su competentísimo vicepresidente, Manuel Domínguez.

La bomba atómica epidemiológica está servida para los ciudadanos de las Islas por no haber votado al Partido Socialista. Castigados por fachas. Por no hablar de los cientos o miles de millones de euros que se van a perder en el turismo en pleno pistoletazo de salida a la temporada alta. El miedo es libre y no tengo ninguna duda de que los medios británicos y alemanes, principales mercados emisores, van a amplificar el temor a la infección en aquéllos que se sientan tentados de desplazarse a las siete islas y muy especialmente a Tenerife, que se ve obligada por el artículo 33 a hacerse cargo de un incendio que no provocaron y en el que no tienen arte ni parte.

El Estado admirado de la Transición se ha transformado con Sánchez en un Estado estúpido que es el hazmerreír del Occidente libre y serio

Hubo un día en que éramos un país y un Estado serio y respetado. Con el gran Adolfo Suárez, con Felipe González y con José María Aznar. Todo eso desapareció el día en que, bombazos mediante, se empotró en el poder José Luis Rodríguez Zapatero. Aquel 14 de marzo pasamos de ser ciudadanos orgullosos de nuestro presente y la mayor parte de nuestro pasado, Descubrimiento de América incluido, a convertirnos en súbditos de potencias y oscuros intereses extranjeros como ese Satán nonagenario que es George Soros, la mano que mece la cuna de Pedro Sánchez.

De aquellos polvos vienen lodos como este acto kamikaze de meter en Canarias un barco que es un peligro ambulante de dimensiones imprevisibles. Algún negociete oculto debe haber detrás de una decisión que no tiene ni pies ni cabeza, que atenta contra la lógica más elemental y que constituye un suicidio para el propio Gobierno de España. Alguien les debería explicar que la verdadera caridad empieza por uno mismo. Adoptar el rol de buen samaritano es muy recomendable en términos morales siempre y cuando, eso sí, no te cueste la propia vida o te provoque la ruina, como bien puede acabar ocurriendo a los ciudadanos de Canarias.

El caso hantavirus certifica por enésima vez que somos un país que traga con todo, que comulga con ruedas de molino, una nación ya no de ciudadanos libres e iguales sino de imbéciles y borregos. El Estado admirado de la Transición se ha transformado en un Estado estúpido que es el hazmerreír del Occidente libre y serio. La culpa no es de Sánchez sino de los ciudadanos que se lo permitimos. Así nos va.

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