La raza superior catalanoseparatista
Sin duda alguna, ser separatista catalán es ser miembro de una raza superior, que te da derecho, en España, a tener todos los privilegios y ninguna obligación. Pongamos como ejemplo la reciente polémica porque la policía requisó esteladas en la previa del partido de Liga entre el Elche y el Barça. El Fútbol Club Barcelona prohíbe a los aficionados del Espanyol llevar camisetas u otros símbolos de su equipo cuando se juega el derbi en el Camp Nou. El Fútbol Club Barcelona ha retirado en su estadio a aficionados del Atlético de Madrid banderas rojigualdas con el escudo colchonero. Pero la Policía Nacional no puede impedir a aficionados culés la entrada en este campo alicantino de un símbolo claramente político, excluyente y que es la muestra del rencor secesionista hacia España, como la estelada.
Enfrentamientos entre agentes de la Policía Nacional y radicales de clubes de fútbol se dan con frecuencia antes, durante y después de muchos partidos de Liga. Pero siempre que hay en medio algún aficionado del Barça, con razón o sin ella, se monta un follón político increíble, con un montón de diputados separatistas insultando a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. A ellos no se les puede cuestionar sus símbolos, como las esteladas, o sus cánticos de odio hacia España, pero el resto de ciudadanos tenemos que aguantar, cuando a los culés separatistas les da la gana, que silben impunemente el himno nacional. Y encima tenemos que sonreír y aceptarlo de buen grado. Porque sólo los culés tienen derecho a la libertad de expresión, que para ellos es de insulto. Y nosotros no podemos ni decir «Gerona» o «Lérida» sin que estos mismos separatistas nos escupan su rencor.
El separatismo está tan acostumbrado a delinquir y a atentar contra la convivencia, y a que le salga gratis, que no hace más que bramar y exigir. A fin de cuentas, dieron un golpe de Estado, oprimieron e intentaron retirar los derechos de ciudadanía a millones de catalanes no secesionistas y, primero, les indultaron y luego les amnistiaron. Encima, el Estado les pidió perdón y han llegado incluso a dar un indulto parcial a una condenada por corrupción como Laura Borràs mientras ella aseguraba que la justicia le había practicado lawfare. Y es que lawfare, en el lenguaje separatista, es: «Me han condenado por haber abusado del dinero público, a lo que tengo derecho como miembro que soy de la raza superior catalanoseparatista, por lo que es una grave injusticia».
Ahí está el grupo PRISA, que concedió un premio Ondas a dos personajes, Jair Domínguez y Peyu, por un programa de radio en la emisora de la Generalitat en la que tenían como una de sus proclamas el «puta España». ¿Cómo no van a galardonarles si estos ‘humoristas’ son de una raza superior, cuando, además, en un gag que difundieron en redes, ambos presumían de su deseo de recibir felaciones por parte de la reina Letizia y la princesa Leonor? ¿Cómo no van a merecerse los centenares de miles de euros que ambos han facturado a todos los españoles con esa hoja de servicios, si son dos exponentes de la superioridad moral separatista?
¿Cómo no va el Gobierno a permitir todo tipo de jugarretas a Joan Laporta, como la irregular inscripción de Dani Olmo, si el Barça y su presidente son el máximo exponente de la superioridad moral, racial, cultural, deportiva, social, económica y erótica del separatismo catalán? ¿Cómo no van a perdonar todos los estamentos políticos y deportivos la pequeña travesura de haber dado una cantidad ingente de pasta a Negreira, un gran embajador de este club ejemplar, orgullo de la Cataluña muy, pero que muy catalana? Hasta que digamos «basta» a los que garantizan la impunidad al separatismo, sus dirigentes nos tomarán el pelo y nos insultarán. ¿Por qué no van a hacerlo si les sale muy rentable?