Opinión

Otra víctima del asalto de Sánchez a las instituciones

La dimisión del presidente del INE, Juan Rodríguez Poo, estigmatizado por el Gobierno socialcomunista que se ha atrevido a poner en cuestión los datos del organismo público, es consecuencia del asalto institucional del Ejecutivo contra todos aquellos que no se pliegan a sus intereses. La lista es enorme: el CNI, el Tribunal Constitucional, el Banco de España, organismos que el Gobierno ha puesto en la diana al cuestionar de manera miserable su profesionalidad. Sin contar el asalto a empresas de participación pública como Indra, tomada al asalto recientemente.

Lo que está ocurriendo es de una gravedad enorme, porque estamos asistiendo a una rafia ideológica sin precedentes en la democracia española. El presidente del INE es la última víctima de la cacería sectaria de un Gobierno que se ha lanzado a ocupar todos los centros de poder. Es un ataque a la misma esencia de la democracia, pues Sánchez ha decidido arrasar aquellas instituciones que mantienen criterios de autonomía e independencia del Ejecutivo socialcomunista.

Si la salud de las democracias se miden, precisamente, por la independencia y autonomía de criterio de sus instituciones respecto del Gobierno, habrá que convenir que lo que está pasando en España es el reflejo del dogmatismo totalitario de un presidente que ha decidido acabar con cualquiera que no comulgue con sus intereses. El sanchismo agoniza y en sus estertores de muerte se revuelve contra el andamiaje institucional de nuestra democracia. Es la respuesta clásica de quien, en una exhibición de sectarismo, pretende imponer por la fuerza lo que no consigue a través de las urnas.

La recta final de la legislatura está mostrando el rostro más real de un personaje al que ya no le funciona la propaganda y ha decidido que lo único que le queda para evitar el desastre es recurrir al ordeno y mando. El último recurso de los totalitarios