Ni tutelas ni ‘tutías’

En septiembre del 1989, Manuel Fraga designa a José María Aznar para presidir el Partido Popular. Un par de meses después el expresidente de la Junta era derrotado en las urnas por un PSOE que lograba 175 escaños, 68 más que los populares. Tampoco fueron mejor los comicios anticipados del año 1993 cuando muchos se apresuraban a anunciar el fin de un felipismo que, sin embargo, volvía a derrotar a la derecha. No fue hasta el año 1996 cuando la unión de todas las corrientes del centro derecha en España bajo las siglas del PP generó una fuerza centrípeta que logró desbancar a González de la Moncloa. Aznar estuvo 6 años y medio en la oposición y perdió dos elecciones antes del ganar el poder.

Después llegó Rajoy. El 31 de agosto de 2003, la historia se repetía. El entonces presidente del Gobierno, Aznar, anunciaba, tras una comida con Mayor Oreja, Rato y el mismo Rajoy, que éste último le sucedería al frente de los populares.  Años más tarde el exjefe del Ejecutivo dijo que entonces heredó "un partido en la oposición que perdió unas elecciones generales". Un relato no del todo cierto. Cuando Aznar designa a Rajoy como sucesor las encuestas apuntaban a una nueva victoria del PP. De hecho, pocos días antes de las elecciones, el diario El Mundo daba al PP una horquilla de 168-173 escaños frente a los 138-144 del PSOE. Es verdad que el 11-M lo cambió todo, pero ni en las elecciones de 2004, ni en las de 2008, Rajoy logró derrotar a José Luis Rodríguez Zapatero. No fue hasta mayo de 2011 cuando finalmente los populares volvieron al Gobierno. Rajoy estuvo como jefe de la oposición 7 años y medio, e, igual que Aznar, perdió dos elecciones generales.

Ahora está Pablo Casado. A diferencia de los dos presidentes anteriores, ha llegado a la dirección del partido por un proceso de primarias en el que los militantes le han otorgado su confianza. Tiene ante sí una herencia envenenada porque el PP ya no está solo. El centroderecha ha iniciado un proceso centrífugo que parece debilitar sus opciones de gobierno. Se cumplan finalmente los augurios de unas encuestas u otras, el actual presidente del PP se enfrenta a una tarea colosal: o presidir un gobierno de coalición con Ciudadanos y VOX; o situarse como jefe de la oposición a un Gobierno de Sánchez, Iglesias y un largo entramado de intereses antisistema que pueden hacer de España un erial. Ya veremos. En cualquier caso, conviene que Casado no pierda de vista que ahora él es el PP, sin tutelas ni tutías. A diferencia de lo que ocurrió con Aznar y Rajoy, o Casado salva al PP o éste corre el riesgo de desaparecer. No hay tiempo para más, ni para otros, la lavadora está centrifugando.  

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