El marrón de Montero y el quehacer de Cuerpo

María Jesús Montero

Todo el mundo sabe, y hasta ella es incapaz de negarlo sin que le dé la risa tonta, que María Jesús Montero no es por su voluntad candidata del PSOE para las elecciones en Andalucía. Cuando se vino a Madrid en 2018 no tenía ni intención ni ganas de volver; ya no sacó entonces billete de vuelta en el AVE, y eso que entonces el PSOE todavía ganaba las elecciones andaluzas y el AVE funcionaba; así que menos sentido tiene sacarlo ahora, cuando arrasa el PP de Juanma Moreno y hasta el AVE viaja tarde, mal o, como ocurre con el de Málaga, nunca.

A las primarias de 2025 se dejó apuntar porque le encanta figurar; también porque pensaba que un previsible adelanto de las generales pondría todo patas arriba y no vendría mal tener un plan B; pero, sobre todo, por no llevar la contraria al jefe, que no es lo que se dice un compañero comprensivo, empático y agradecido. Pero ahora, cuando Moreno Bonilla ha dejado de estirar el chicle, ha llegado la hora de la verdad; Marisú ha tenido que dejar su Ministerio sin haberse dado la alegría de haber completado algún proyecto relevante, como la financiación autonómica, o haber aprobado un solo presupuesto en toda la legislatura.

Por su parte, Sánchez está tan feliz de que por fin se marche como Moreno de que por fin llegue. Montero y su desastroso desempeño son un estorbo en el plan de autorrecuperación que ha puesto en marcha para no llegar ya derrotado al 2027, y por eso la calzó los patines y la empujó cuesta abajo hacia Sevilla sin ni siquiera dejar que se colgase una medallita con las medidas de la guerra, que eran fundamentalmente de su negociado. Este hombre, que es capaz de mentir sin esfuerzo y sin remordimiento, ni tuvo redaños ni encontró argumentos para venderle más la moto a su fiel escudera, y en el crítico momento de la despedida la conversación debió ser algo parecido a la de aquel chiste de Forges:
– Pedro, la parte positiva de irme a Andalucía es… ¡Qué sé yo!
– Ánimo María Jesús, que va a hacer bueno.
– Claro, eso se lo dirás a todas.
– Pues sí.

Pero, como decíamos, Montero no se fue a Andalucía para ganar, sino para dejar hueco a otros políticos y a otras formas de hacer política. Pero no a otra política, porque el sanchismo solamente puede sobrevivir haciendo lo que hace: ceder a los chantajes de unos socios voraces que, por su diferente condición, no permiten que Sánchez o el PSOE consigan sacar adelante algo de su propia cosecha, algo que ellos no le impongan.

Dicho esto, el principal objetivo del equipo económico sigue siendo presentar y aprobar unos presupuestos, ya no para este año sino para 2027. Sánchez sabe que, a pesar del relato del cohete, si no consigue al menos aprobar unas cuentas, las posibilidades de recuperar apoyos se desvanecen; los españoles podrían concluir que las consecuencias de un nuevo Frankenstein serían… ¡continuar durante una nueva legislatura con los presupuestos aprobados en 2022!

Porque su otro gran instrumento electoral, que es la guerra, puede terminar contribuyendo, si el conflicto se enquista, a desactivar el relato de la prosperidad económica. Una escalada bélica o el prolongado cierre de Ormuz puede llevar el precio del petróleo por encima de los 150 dólares y la inflación a niveles del 5-6%. Siendo que la decreciente capacidad adquisitiva de los españoles, por un lado, y las ya altísimas cotas de endeudamiento y gasto público, por otro, limitan las posibilidades de paliar en la economía real los efectos de una subida desbocada de los precios.

Frente a esta situación, y aunque en el año electoral la guerra se haya terminado y se redujera el ritmo de crecimiento del IPC, la inflación acumulada del último lustro estaría rondando un brutal 30%, que ni se ha deflactado del IRPF ni se ha compensado mínimamente con la subida de salarios. Y, respecto a los presupuestos, Cuerpo y España se enfrentan a la prueba diabólica de aprobarlos con los mismos recursos de los que disponía Montero y con la imposibilidad de atender las contradictorias condiciones de sus socios que, en vísperas electorales, querrán demostrar dureza y exhibir trofeos.

Lo único que Cuerpo garantiza es superar el histrionismo y el histerismo, pero, al final del día, puede que no tenga la llave que cierre la brecha por la que se escapan los votos. Tendrá, entonces, Sánchez que echar mano de todas sus trapacerías y de su rufianesca potra. ¡Una potra que será salvaje si a la selección se le ocurre ganar el Mundial y Sánchez se presenta a entregarles la copa junto a Donald Trump!

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