La Guardia Civil no es la «banda del Peugeot», Marlaska
Cinco agentes en un vehículo vetusto, con más de 400.000 kilómetros, patrullando por la provincia de Granada es la imagen lamentable que tiene que soportar la Guardia Civil por la inacción del ministro de Interior, Fernando Grande-Marlaska. Y ya no es sólo una cuestión de imagen, sino que las condiciones de trabajo de los guardias civiles no pasan el listón de lo admisible. La falta de vehículos oficiales, consecuencia del abandono por parte del Gobierno, se traduce en que sólo haya uno o dos operativos –en el mejor de los escenarios–, de manera que los agentes tienen que patrullar al modo del coche de San Fernando, un poquito a pie y otro caminando, pues no hay presupuesto para reparar los coches. Volvamos al principio, porque lo de los cinco agentes en un vehículo oficial no es una exageración, sino la descripción cabal de lo ocurrido recientemente. Iban los cinco guardias civiles de patrulla y se produjo una detención, obligando a dos de los agentes –para dar cabida al detenido– a bajarse del coche y tener que ser trasladados a sus dependencias oficiales en un vehículo de la Policía Local.
Según la Asociación Unificada de Guardias Civiles (AUGC) de Granada, la situación no tiene precedentes y están sufriendo el mayor retroceso en medios materiales desde la época de Luis Roldán. Vamos a ver, Marlaska, que la Guardia Civil no es como la «banda del Peugeot» y merece un respeto. ¿Qué es eso de que tengan que meterse cinco agentes en un coche y bajarse dos en caso de una detención? Sobre todo, porque la situación, además de resultar humillante para los agentes que no tienen espacio ni para ponerse el cinturón, pone en peligro la seguridad de los ciudadanos. Estamos hablando de la provincia de Granada, pero el caso que nos ocupa tiene reflejo en otros lugares ante la más absoluta indiferencia de los responsables del Ministerio de Interior.