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Mi Granada, los terremotos y la plaza de las Pasiegas

Mi Granada, los terremotos y la plaza de las Pasiegas
  • Jaime Peñafiel
  • Periodista político y del corazón. Experto en noticias sobre la aristocracia y la familia real. Ex redactor jefe de la revista ¡Hola! y fundador del diario El Independendiente y La Revista. Escribo sobre la Casa Real.

Cuando me disponía a viajar a Granada para pasar unos días, la noticia de los terremotos me ha impedido hacerlo. ¡Con la ilusión que tenía! Se cerró la Alhambra, la catedral y otros edificios. Espero que cuando lean esta columna hayan cesado las réplicas sísmicas que tanta inseguridad y miedo despiertan en la población. Pero esto no me impide recordar mi último viaje a la ciudad en la que nací. Y, siempre que lo hago, me acerco a su catedral y a la Capilla de Adoración Eucarística Perpetua que está dentro de la Iglesia del Sagrario, junto al propio templo catedralicio. Pues bien, para llegar a ella me encuentro con una plaza frente a la gran entrada del templo con una escalinata donde se suelen sentar guiris y no guiris.

Esta plaza se llama la Plaza de las Pasiegas. ¿El nombre? Porque allí se reunían aquellas mujeres, rollizas y con buena salud, que venían casi todas de la Alpujarra y del valle del Pas, en Cantabria, con sus bebés, y que, a su vez, amamantaban a aquellos hijos de aquellas madres de la burguesía que no podían hacerlo por múltiples razones, principalmente porque no les subía la leche. Siempre he sentido una muy especial simpatía por estas mujeres. Posiblemente porque yo también fui amamantado por teta ajena por lo que, no solo tengo una segunda madre, sino también hermanos de leche.

Como he comentado en alguna ocasión, hace ya años fui a dar una conferencia a Benalúa de las Villas, a 50 kilómetros de Granada. Y allí, al finalizar la conferencia, se acercó un hombre más o menos de mi edad diciéndome que era mi hermano. A mi me sorprendió muchísimo porque mi padre que yo supiera no había tenido jamás aventura alguna. ¡Líbreme Dios, era el ser más honrado, bueno, honesto, trabajador y justo que yo he conocido en mi vida! Cuando vio mi cara de sorpresa me dijo: «Bueno hermanos… hermanos de leche. Los dos mamamos de la misma teta. Las de mi madre… después de haber nacido yo. Acabáramos».

Así, de repente, me sentí unido a una persona que terminaba de conocer por haber compartido algo tan íntimo, tan preciado como era el pecho de su madre. En aquellos lejanísimos años, las madres lo hacían, primero, porque iban a ser cuidadas y bien alimentadas y segundo, porque recibían un dinero. Hoy todo es diferente. Mucho más aséptico. Existen los bancos de leche donde puedes hacer donaciones y recurrir a ellos sin interés crematístico alguno de forma totalmente altruista.

Resulta muy curioso que los 75 príncipes o infantes, hijos de las 16 reinas borbonas esposas de los 11 reyes (cinco no tuvieron descendencia), desde María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V, fueran amamantados por nodrizas, aquellas rollizas mozas de pueblo dedicadas «a dar la teta a los hijos recién nacidos de otras mujeres, a quienes no les había venido la leche o se les había retirado».

También curioso fue el tratamiento que la Casa Real inglesa quiso dar a la crianza de los hijos de Isabel II, ya que ella pretendió amamantarlos pero, ¡palabra tabú!, no se podía decir algo tan sencillo y natural como que la reina quería y así hizo amamantar a sus 4 hijos. Afortunadamente, superados esos años, no hubo problema alguno cuando Letizia dio a luz a sus hijas y sencillamente sin tapujos dijo que su intención era que las niñas fueran criadas con la leche materna. Pues ya está. Así de fácil todo.

En cuanto a la plaza de las Pasiegas, sigue allí, amplia, bellísima como pórtico a esa magnífica catedral de mi tierra, Granada.

Chssssss…

Comentando con mi querido amigo Alberto Alonso la acertadísima crítica que, en su día, hizo Gabriel del Valle Ojeda sobre la historia real del niño Marcos Rodríguez, vendido por su padre a los 6 años, recomiendo la lectura para este fin de verano del duro pero a la vez delicioso e interesante libro He jugado con los lobos, de Janer Manila.

Al cierre de esta página recibo la noticia del fallecimiento de marcos Rodriguez. Descanse en paz. Descanse entre los lobos. 

La gran actriz ha declarado que se puede llegar a los 90 «trabajando, pensando, soñando y con la ilusión intacta». Parece que habla de mi que tengo 94.

Se está quedando sin amigos. Acaba de fallecer uno de sus mejores. Eran tan, tan amigos, que se comentó que éste había pagado la mitad del viaje de novios de su hijo.

Y encima carga contra los ceutíes por no haber preparado unas instalaciones para quienes han invadido la ciudad. Pero, ¿no le dará vergüenza?

Lleva razón el compañero al preguntar por qué Grande-Marlaska sigue en el cargo «porque cada segundo que sigue es más inexplicable».

Unos van y otros vienen y todos ellos diciendo que la situación está bajo control cuando, desgraciadamente, todo está incontrolable.

Lleva razón al decir que España ha hecho el ridículo no defendiendo sus fronteras «hace falta un gobierno en España que sea serio y que crea en Europa».

Ha sorprendido el imperio del famoso tenista de hoteles en México, Albania, Grecia, República Dominicana y en España en Mallorca y Costa Brava.

La justicia norteamericana le ha destrozado la vida al impedirle la custodia de su hijo que vive con su madre en Miami y que le gustaría vivir con su padre en España.

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