La ‘estelada’ de Leo Messi

Cataluña, secesionismo, Argentina, Mundial

Una de las especies más ridículas que han proliferado en Cataluña durante la celebración del Mundial de fútbol es la formada por separatistas de todo pelo y pelaje que buscaban cualquier tipo de vínculo —cuanto más imaginario, mejor— con la selección que jugara contra España para justificar por qué deseaban la derrota de los nuestros. Ante la proliferación de catalanes y de jugadores del Barça en la selección nacional, muchos separatistas tenían que retorcer el argumentario para justificar su ferviente deseo de que La Roja perdiera. Algunos dirigentes secesionistas, como Miriam Nogueras o Silvia Orriols, lo dijeron a las bravas, mientras que otros buscaron todo tipo de excusas. Nunca Cabo Verde fue tan popular entre la bancada de ERC o la de Junts.

Cuando quedó claro que el rival en la gran final de Nueva York iba a ser Argentina, una legión de separatistas, que nunca exigieron a Leo Messi hablar en catalán durante su larguísima estancia en Barcelona, decidió que, por presuntas razones sentimentales hacia el astro argentino, deseaba con todo su corazón que la albiceleste levantara la Copa del Mundo. Puro teatro para disimular su hispanofobia. Sinceramente, prefiero al separatista sincero que me suelta que odia a España y confiesa que prefiere que gane cualquier otro equipo. Al menos, da menos la turra.

Queda claro que estos secesionistas, que solo viven instalados en el rencor, no querían que ganaran otras selecciones; querían que perdiera España. Por eso gocé aún más del triunfo del combinado nacional. Nuestros jugadores me dieron una enorme alegría como español orgulloso de que su país sea campeón del mundo y, además, disfruté viendo cómo estos rencorosos se retorcían de rabia al contemplar las calles de Cataluña llenas de banderas nacionales y de camisetas de la selección. Seguro que se disparó el consumo de antiácidos y somníferos al acabar la final. Sabadell, Ripoll, Badalona, Lérida, Gerona, Roses, Hospitalet de Llobregat, Mataró, Tarrasa, Castelldefels, Cornellá de Llobregat, Tarragona y Barcelona, por citar solo algunas ciudades, fueron un clamor para festejar este gran triunfo que ha asombrado a todo el planeta.

Dentro de este subgénero de separatistas rencorosos están los socialistas catalanes que, unos por no molestar a sus aliados separatistas y otros porque son aún más secesionistas que ellos, se dedicaron a poner todo tipo de palos en las ruedas para que los catalanes que queríamos apoyar a la selección no pudiéramos hacerlo en condiciones. Algunos alcaldes del PSC retrasaron al máximo la instalación de pantallas hasta la final; otros las colocaron en lugares alejados del centro. El alcalde de Barcelona, Jaume Collboni, hizo todo eso y, además, consiguió que desplazarse al centro para festejar el domingo el triunfo de la selección fuera una auténtica odisea. Amplió de manera claramente insuficiente el horario del metro y cortó los autobuses que entraban en la ciudad por la Gran Vía con la excusa de que había demasiada gente, dejando tirados a miles y miles de catalanes.

A estos rencorosos les digo que me alegro de la úlcera que espero hayan pillado tras la victoria de España. Ni el indiscutible talento de Leo Messi ni la ración de patadas y codazos que repartieron sus compañeros de selección les sirvieron para evitarse el mal trago de la victoria rojigualda. Mientras España asombraba a todo el planeta con su buen hacer y su mejor fútbol, ellos rabiaban con su estelada y su bandera argentina colgadas en el comedor. Como este separatismo no tiene ni estilo, ni buenas maneras, ni educación, ha vuelto a quedar retratado como lo que es: un movimiento fanático, formado por fanáticos, que solo vive por y para el rencor.

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