Descenso al barro: 0-1 en Getafe
Los 30 puntos con los que el Mallorca cierra la primera vuelta del campeonato invitan al análisis más que el triunfo en si mismo. Pero la dificultad de amarrar los tres últimos exige su lectura aislada y resaltar el mérito que contiene ganar donde casi nadie lo ha hecho y asaltar la fortaleza de un anfitrión que no concede la menor facilidad ni tampoco reparte, precisamente, caramelos, sino hachazos.
Había que fajarse para salir de Getafe con algo más que un empate. Era necesario disputar todos y cada uno de los balones, entrar en una lucha cuerpo a cuerpo sin garantías para no caer en cada envite. En este terreno los pupilos de Arrasate había sembrado dudas en sus últimas salidas -Cornellá, Vitoria y Vigo- pero recuperaron intensidad, empuje y aplomo para regresar a una senda más ilusionante.
Para crecer como equipo hace falta solidaridad, pragmatismo, firmeza e inspiración. Cuatro virtudes y alguna más, la fe y la convicción, que eleven el factor de rendimiento al porcentaje de acierto que demandan una buena defensa y un contraataque ineludibles. Antes de la media hora Sergi Darder, en un remate impropio a pase de Maffeo, ya pudo abrir el luminoso, oportunidad que tampoco aprovechó el voluntarioso y limitado Asano.
El concepto de equipo, con todo lo que encierra, es lo primero que aprecia cualquier neófito en la materia. No es lo mismo salir con Muriqi que sin él, porque las características de Larin, sencillamente diferentes, impiden ciertos recursos. Pero tampoco lo es perder a Samu u obviar a Morlanes, ni a Raillo, que reaparecía en la periferia de la capital. Sin embargo el esqueleto no se altera y de eso no pueden presumir otros competidores.
Bordalás envió a los suyos a la carga contra un frontón. Rescató alguna opción a la que respondió en último término Greif. Se equivocó en los cambios al anteponer el peligro de alguna doble tarjeta a la optimización de sus contados recursos, lo que aprovechó el resucitado Larín, que no estaba loco; sabía lo que quería.
Ya lo de creer más allá de vivir una temporada excitante, lo dejaremos a título de inventario para mentes fantasiosas. Al menos de momento y más allá. Los sueños, sueños son y la prudencia aconseja no invitar a las pesadillas.
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