La corrupción económica
Ahora que se está juzgando o investigando, entre otros, a dos antiguos secretarios de organización de Pedro Sánchez en el PSOE, miembros del Peugeot de sus primarias, es conveniente recordar el quebranto que supone la corrupción económica. La situación política, derivada de la supuesta corrupción económica que se está investigando -y ya juzgando en algunos casos. y que afecta de lleno a personas investigadas pertenecientes al Gobierno y/o al PSOE cuando supuestamente se produjeron los hechos, coloca a España en una situación desconcertante, con el impacto negativo que tiene en la actividad económica y el empleo. Son ya dos Secretarios de Organización del PSOE, de Pedro Sánchez, los que están o han estado en prisión preventiva, más un asesor que custodiaba sus avales en las primarias. Además, los pagos en metálico por parte del PSOE hacia varios de sus cargos, que está investigando la Audiencia Nacional, confiere a todo un hedor de podredumbre que contamina todo, especialmente, la confianza económica.
Esto sólo genera más confusión y más descrédito institucional, que afecta a la economía. Tampoco sirven las medidas propuestas por Sánchez, pues son meramente cosméticas. Parece querer cargar toda la responsabilidad de la corrupción en las empresas; habrá y hay empresas que entran en el círculo de la vomitiva corrupción, pero no puede servir para desviar la atención de la principal responsabilidad, que es la de quienes se dejan corromper. Esas medidas, no sirven para mucho, salvo para intentar salvar la cara frente a sus socios y a la sociedad, pero su credibilidad es tan inexistente que ya no le sirven estos ardides. Puede que sus socios se los compren, porque les interesa poder sacarle a Sánchez todo lo que pidan -Rufián llegó a reconocerlo de manera subconsciente-, y puede que buena parte de sus votantes lo acepten, porque les puede el odio a la derecha que ha inoculado este gobierno con su frentismo y su ataque a la concordia que supuso la Constitución, pero creerlo, no lo creerán, porque no hay quien pueda creer el cuento que ha contado Sánchez.
La realidad es otra: la supuesta corrupción que asola al Gobierno, que ya lo arrasa, pues siempre respetando la presunción de inocencia, parece que hay una metástasis de corrupción en todo el entorno del presidente Sánchez, es letal para la economía. Es, por sí misma, algo deleznable y moralmente repugnante, que muestra la peor cara de la condición humana, pues se aprovecha del esfuerzo y trabajo de otros. Da igual de dónde venga la corrupción, no es cuestión de colores ni de partidos políticos: toda es lamentable, nociva y nauseabunda. Hay estudios que calculan que el impacto que una corrupción que no sea generalizada, pero que se sobreentienda como necesaria para lograr ciertos trámites podría afectar a medio punto de crecimiento de la economía en el medio y largo plazo (7.000 millones de PIB y entre 15.000 y 20.000 puestos de trabajo). En caso de volverse creciente, esa corrupción podría llegar a frenar hasta cinco puntos de crecimiento económico (diez veces la cifra anterior), como sucede en muchos países sumidos en la más absoluta de las corrupciones. Y, desgraciadamente, de confirmarse la realidad de las investigaciones de la UCO, esa supuesta corrupción señalada iría camino de un impacto como el segundo caso más que como el primero, siendo ambos negativos.
Sánchez, hoy, muestra los estertores de su mandato, dando lo que los argentinos llaman «manotadas de ahogado», ahogándose en la fosa de corrupción que presuntamente se genera en su entorno más cercano, mientras perjudica a España y a su economía.