Opinión

Begoña Gómez recluta a un catedrático socialista para defender lo indefendible

Resulta de una candidez insuperable el hecho de que Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, y acusada de cuatro delitos por el juez Peinado, haya recurrido a un catedrático de la Universidad de Granada para que elabore un dictamen con el que defender la legalidad de sus actos. Y decimos que es de una candidez insuperable porque, tras la apariencia de neutralidad del catedrático Antonio Manuel López Hernández, se esconde el perfil de una persona estrechamente vinculada al PSOE —ex presidente de la Cámara de Cuentas de Andalucía a propuesta de los socialistas y ex concejal del PSOE en el Ayuntamiento de Guadix—, por lo que resulta evidente que el informe, por muy respetable que pueda ser, carece de la imparcialidad necesaria como prueba de descargo.

Tiene el documento un título tan largo como la lista de presuntos delitos cometidos por Begoña Gómez: Las aulas, cátedras extraordinarias y los estudios no oficiales de formación permanente como instrumentos de colaboración público-privada en la Universidad española. En él se sostiene que la figura de las cátedras extraordinarias constituye un mecanismo habitual, regulado y legítimo de colaboración entre la universidad pública y entidades privadas, y que la participación de personas ajenas a la plantilla universitaria en su dirección es una práctica extendida y amparada por la normativa vigente.

Hombre, se le ha olvidado el pequeño detalle de que estamos ante un caso inédito: la mujer de un presidente del Gobierno que, sin méritos académicos, alcanza la dirección de una cátedra y registra a su nombre un software de la universidad, valiéndose, además, del apoyo de una asesora de Presidencia del Gobierno. Porque una cosa son las cátedras extraordinarias y otra, bien distinta, la extraordinaria manera con la que Begoña obtuvo la cátedra. De eso, el catedrático que redacta el informe no dice una palabra. Tampoco dice, claro está, que su vinculación al PSOE es evidente. Eso sí, se sobreentiende.