Andalucía puede ser este domingo la tumba del sanchismo
Las elecciones andaluzas del domingo son una prueba de fuego para el sanchismo, por mucho que Moncloa, presagiando el desastre, trate ahora de ponerse la venda con el absurdo argumento de que son unas autonómicas más. Toda una revelación de impotencia que demuestra hasta qué punto el socialismo ya no sabe qué hacer para cubrir sus vergüenzas. Andalucía no es un territorio más. Fue durante décadas el granero de votos y cortijo de un partido que se erigió en casta y controló hasta la extenuación todos los rincones de una autonomía sobre la que desplegó una tupida red de intereses partidistas que derivaron en el mayor caso de corrupción política de la historia de España.
Hace casi ocho años que Juanma Moreno se alzó con la presidencia del Gobierno andaluz, un reto mayúsculo que afrontó convencido de que, para transformar Andalucía, había que gestionar desde el primer minuto con rigor extremo y muchas dosis de mesura. Algo lógico si se tiene en cuenta que heredó un territorio plagado de minas por el socialismo y que había que desactivarlas una a una.
Los primeros años fueron duros, pero los andaluces supieron reconocerle su trabajo y entrega cuatro años después, cuando logró una mayoría absoluta que no sólo supuso un hito político histórico, sino que era la confirmación de que en Andalucía se había producido una auténtica revolución social, una formidable transformación del electorado.
La Andalucía monopolio en exclusiva de la izquierda viró a la derecha en un movimiento que merece ser estudiado por los expertos en Ciencias Políticas. El mérito de Moreno es indudable, porque pocas veces un dirigente ha conseguido tanto en tan poco tiempo.
Las urnas vuelven a abrirse el domingo para que los andaluces decidan si hay motivos para negarle al presidente de la Junta en funciones la mayoría absoluta que le otorgaron hace cuatro años. A tenor de su gestión y de los resultados, no parece. Eso sí, Pedro Sánchez estaría encantado. Así podría tapar, en parte, el batacazo que se va a pegar María Jesús Montero, su mano derecha.