¿Aceptará Marruecos quedarse sin la final del Mundial?
Entre las reliquias del franquismo que sobreviven en la España de progreso están las largas vacaciones de Pedro Sánchez, propias de un funcionario del Movimiento. Con tanto tiempo libre, el socialista puede volver en septiembre con más sorpresas que los censos electorales. Quizás entre su despedida y su regreso, salte con su mujer de Lanzarote a Marruecos, como ya hizo en 2023. A fin de cuentas, los marroquíes sí le comprenden y le agradecen todo lo que hace por ellos… a nuestra costa.
La victoria de la selección en el Mundial ha provocado el enfado de los enemigos de España. Por ejemplo, los matones del mundo abertzale han atacado en Bilbao, Berriozar y otras localidades vascas y navarras a quienes querían asistir al partido en público; y el gobierno socialista no ha perdido ocasión para presentar el equipo como un modelo de la España multicultural que propone. De nuevo, millones de banderas rojigualdas han ondeado en las calles en manos de una juventud que ha recuperado el orgullo nacional, perseguido y ridiculizado durante décadas, salvo el día de los Premios Goya. Otra de las consecuencias afecta a la alianza entre el PSOE y Marruecos.
El próximo Mundial de fútbol se celebrará en tres países. En 2021, la FIFA concedió la organización a España y Portugal, pero en marzo de 2023 el rey Mohamed VI anunció que Marruecos se incorporaba a ese proyecto, con la aprobación de Madrid, Lisboa y la FIFA. Ahora, Marruecos pugna por llevarse la final al estadio que está construyendo en Casablanca, el mayor del mundo. Incluso se ha publicado que Fouzi Lekjaa, presidente de la Real Federación de Fútbol de Marruecos, ha atado el apoyo del presidente de la FIFA, Gianni Infantino, a la candidatura de Casablanca, ciudad que se está renovando con fondos comunitarios y hasta españoles.
La decisión sobre el estadio donde se jugará la final de 2030 la tomará la FIFA antes de fin de año y la victoria española supone tanto para Sánchez como para Infantino un gran obstáculo. ¿Cómo explicar que la federación y la selección campeonas del mundo no celebren el partido decisivo en un estadio español? No dudo de que serían capaces de razonarlo, con invocaciones a la convivencia entre civilizaciones, la unidad entre Europa y África y el halago a los inmigrantes que nos pagan las pensiones, aunque la sospecha de los sobornos sería ya imposible de encubrir.
El régimen alauita constituye una impresionante máquina de extracción de recursos ajenos. No sólo lo prueba su lobby en el Parlamento y la Comisión Europeas, que le han permitido esquivar sanciones y seguir captando subvenciones, sino la persuasión usada para que diversos gobiernos que blasonan de aplicar los derechos humanos en su política acepten la ocupación del Sáhara Occidental. Pedro Sánchez, por ejemplo, a la vez que proclama el derecho internacional para los palestinos, contribuye a despojar a los saharauis del derecho de autodeterminación que les han reconocido las Naciones Unidas y la propia España desde los años 70.
La sumisión del PSOE a los déspotas de Rabat comenzó en los años 80 con Felipe González; no sabemos ni por qué ni por cuánto. En el siglo XXI, ha aumentado hasta extremos obscenos, con Zapatero y Sánchez ejerciendo como agentes promarroquíes en la UE: abandono de los saharauis, concesión de cientos de miles de nacionalizaciones, otorgamientos de millones de euros en subsidios, perjuicio a la economía española en favor de la marroquí (el puerto de Algeciras y la agricultura)…
Por unos SMS cruzados en 2018 entre Sánchez y Luis Rubiales, entonces presidente de la Real Federación Española de Fútbol, cuando el primero ya era presidente de gobierno, sabemos que ambos apoyaban la incorporación de Marruecos al Mundial de 2030. Nunca hemos sabido los españoles ni por qué ni por cuánto.
Como demuestra constantemente, Marruecos es hostil a España, a la UE y a sus vecinos africanos. Por ejemplo, en estos días, la Gendarmería está permitiendo el paso de cientos de inmigrantes a nado a Ceuta. La cacareada colaboración contra la inmigración ilegal es inexistente.
El régimen alauita ha aprendido de sus protectores (Estados Unidos, Francia, Israel y Arabia Saudí) a emplear la tecnología, el espionaje y la corrupción para lograr sus objetivos, sin guardar ninguna lealtad a sus supuestos socios y aliados. Rabat compró el programa espía Pegasus, de fabricación israelí, para infectar los teléfonos de docenas de políticos, periodistas, activistas pro-saharauis y otro tipo de personajes, tanto franceses como españoles. Así ha pasado con varios ministros socialistas, incluido Sánchez. La traición marroquí alcanzó a los guardias civiles del Grupo Operativo que entrenaban a miembros del DGST, el servicio de inteligencia interior marroquí. Estos infectaron sus dispositivos con Pegasus.
En 2019, Rabat se inmiscuyó en una lucha de poder en Gabón, aliado marroquí en la organización Unión Africana y miembro de la OPEP, durante la enfermedad del presidente Alí Bongo. Al final, este fue derrocado por un golpe militar en 2023. La amistad entre Mohamed VI y los Bongo era tan profunda que el sultán tenía un palacio en la costa gabonesa.
No hay que dar por sentado que la final del Mundial de 2030 se jugará en España. Sobre las mañas marroquíes tenemos el precedente de lo ocurrido en el partido de la Copa Africana de Naciones. Si bien la selección de Senegal derrotó en Rabat a la anfitriona en un partido rebosante de trampas cometidas por los anfitriones sin que el árbitro y las autoridades de la Confederación Africana de Fútbol y la FIFA chistasen, luego las maniobras de Fouzi Lekjaa le ganaron en los despachos el trofeo para su sultán.
Por tanto, no creemos que la FIFA, que aceptó encargar al riquísimo país árabe de Qatar el Mundial de 2022, sea invulnerable a los argumentos ni los halagos del majzén. Habrá que tener un ojo sobre el régimen alauita y el otro sobre el PSOE, pero ahora les costará mucho más… en todos los sentidos.