Genio de la magia

Muere Juan Tamariz, inolvidable mago de la tele para varias generaciones, a los 83 años

Fundó con su hija Ana la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz y dedicó décadas a enseñar

Juan tamariz
María Ruiz
  • María Ruiz
  • Portadista. Especialista en 'breaking news' y noticias de nacional e internacional. Nací al periodismo en Abc, ayudé a fundar La Razón y viví en Las Provincias.

El mago Juan Tamariz ha muerto a los 83 años. El inolvidable ilusionista de la tele durante años, entretuvo y asombró a varias generaciones con sus trucos de magia. La noticia ha sido publicada en redes por su hija.

«💔 Con inmensa tristeza, hoy me despido de mi padre #JuanTamariz , una persona increíble, muy querida y admirada por todos».

Agradecidísima por todo el amor que me dio y por todo el amor a la Magia que nos regaló.

Su recuerdo y su inconmensurable obra estarán siempre con nosotros», ha publicado Ana Tamariz en sus redes.

Él recordaba cómo a los cuatro o cinco años, quedó fascinado al ver a un mago en un teatro madrileño. Empezó a practicar con una caja de magia de los Reyes Magos y, con apenas 18 años, ingresó en la Sociedad Española de Ilusionismo. Estudió Física y cine (dirigió cortos, entre ellos uno en el que debutó Carmen Maura), pero la magia se impuso. En 1973 conquistó el Premio Mundial de Cartomagia en el Congreso de París, consagrándose internacionalmente.
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En España se convirtió en un icono popular gracias a la televisión de los años 80, especialmente en Un, dos, tres… responda otra vez, donde su figura desgarbada, el sombrero de copa, el violín imaginario y su grito característico («¡Chan, tatachán!») lo hicieron entrañable para varias generaciones. David Blaine lo calificó como «el mayor y más influyente mago de cartas vivo».

Más allá de los escenarios, Tamariz fue un teórico profundo de la magia. Escribió libros fundamentales como Los cinco puntos mágicos, La vía mágica, Sonata, Mnemonica y El arcoíris mágico, traducidos a varios idiomas y leídos por magos de todo el mundo.

Junto a Arturo de Ascanio impulsó una escuela de pensamiento centrada en la psicología del espectador y el asombro genuino. Fundó con su hija Ana la Gran Escuela de Magia Ana Tamariz y dedicó décadas a enseñar y compartir.