Ceuta: las (no) medidas de ministros inútiles
La agresión territorial de Ceuta (Sánchez dixit) además de servir para comprobar la dura realidad de la amenaza marroquí a la soberanía española sobre las plazas mayores y menores en territorio africano, ha servido para constatar la parálisis funcional de un Gobierno atrapado en una maraña de mentiras y contradicciones, y víctima del desprecio y el abuso de un vecino sibilino y desleal. Sin perjuicio de la responsabilidad colegiada que alcanza a todos sus miembros, y en especial a su presidente, hay un puñado de ministros que vuelven a quedar retratados en su exasperante incapacidad para el cargo que ostentan.
Ayer se reunieron con su jefe hasta siete de esos ministros, y les afearon que lo hicieran telemáticamente, pero está claro que era suficiente, y que era mejor evitar el trasiego de vuelos para juntarse físicamente, porque el objetivo de la reunión era confirmar la estrategia de no hacer absolutamente nada. Ni siquiera han pergeñado la típica propuesta trampa de pacto de estado, o uno de esos planes ficticios de apoyo a Ceuta, como el que se inventaron en 2021, ya que tampoco se trataba de fastidiar las vacaciones a la miríada de asesores que, desde su cargo de director del Gabinete de la Presidencia, maneja el gran gurú de la mentira que es Diego Rubio.
Así que, como desde el Gobierno han decidido no hacer nada, nos dejan a los demás la obligación moral de no olvidarnos del drama que se está viviendo, de avisar de las terribles consecuencias que puede tener, no solo para los ceutíes sino también para la españolidad de la ciudad, y de seguir poniendo encima de la mesa las perentorias medidas que ellos (los ministros) no están tomando. Se trataría en primer lugar, y lo debe ver cualquiera con un mínimo de sentido de estado y con algo de sentido común, de impermeabilizar la frontera, si es preciso con el Ejército, al movimiento de ilegales (aunque parezca increíble ahora mismo están llegando a Ceuta taxi-pateras y motos de agua de las mafias, y desde hace algunos días el numero de invasores en las playas está aumentando).
A la vez hay que confinar (o mantener o retener o el eufemismo que se quiera usar) en un lugar digno y apropiado a los asaltantes del día 30 de julio, mientras se procede a completar su devolución a Marruecos; porque está claro que, en este caso, eso de las limitaciones de la famosa sentencia del Tribunal Supremo no es más que una excusa del Gobierno a su inadmisible inacción, y que ningún juez va a considerar que los que entraron en una orquestada avalancha de decenas de miles de asaltantes lo hicieron de forma pacífica.
Y por último, y acompañando esas actuaciones urgentes, hay que adoptar una posición firme frente a Marruecos y dejar de hacer seguidismo de sus estrategias y de mostrarse tan vulnerable a sus amenazas o a sus ataques de guerra híbrida. No nos podemos seguir defendiendo con una mano en la espalda; hay que enseñar los dientes y, entre otras cosas, hacer valer nuestra condición de socios de una organización europea y de una organización de defensa conjunta que, quieran o no, tienen que hacer suyo nuestro problema.
Pero bueno, como el Gobierno ha dejado claro que ellos no van a hacer nada, las medidas las recordamos los demás y, a la vez, insistimos en la condición de inútiles e irresponsables de toda esta pandilla. Nos preguntamos cómo es posible que ninguno de ellos reaccione de manera definitiva. La misma Margarita Robles, ya en edad de jubilación y con algo de dignidad por defender, se pliega a las exigencias del relato y traga hasta con la ineficacia del CNI que subyace en la inoperancia y la falta de previsión de otros ministros; y a partir de ahí, sus quejas no pasan de ser pellizcos de monja que ni marcan la paquidérmica piel de sus colegas y del presidente del Gobierno.
Y también nos preguntamos si ya eran así o si han vendido su alma al diablo por intereses espurios o porque, como decía Solís, una vez que has pisado las alfombras del Pardo, no merece la pena vivir si no eres ministro. En cualquier caso, predisposición tenían y el veneno inoculado por Sánchez ha calado por la misma razón por la que las Vírgenes siempre se aparecen a los pastores.
En fin, capaz que, como dicen los argentinos, nos saquen cagando o que nos acusen de cuatro o cinco delitos de odio, pero en verdad que esta recua, más que responder a una elección de profesionales capaces y experimentados con vocación política y de servicio público, parece el reparto de estas series actuales en las que tiene que haber un representante de cada una de las minorías de género o de capacidades diferentes: un gay, una lesbiana, un asperger, un mentiroso compulsivo, un inmigrante, un bocachancla… y al final de la lista está Mónica García, que cubre la plaza de perroflauta y que siempre evidencia que le falta inteligencia, oportunidad, dignidad… ¡Y hasta piedra pómez!