La política según Torra: o sentencia favorable o agitación

La política según Torra: o sentencia favorable o agitación
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Joaquim Torra envió recientemente una carta a Pedro Sánchez con copia a 40 personalidades —¡a punto he estado de escribir ‘otras 40 personalidades’!— para presionar a la justicia española y así lograr que quienes están en prisión provisional por haber atentado contra el Estado de Derecho reciban un trato de privilegio. Mediada la misiva, y con claridad meridiana, el líder del CDR de Presidencia tiene la osadía de reclamar al Gobierno “to invite the Public Prosecutor to withdraw the charges”, petición envuelta en la habitual retahíla de falsedades, como la que proclama el “increasing suport for catalan Independence” por parte del “pueblo catalán”. 

El delegado de Puigdemont vierte amenazas puramente pírricas, como que si los reos son juzgados y finalmente condenados a prisión, la demanda de independencia será “overwhelming”, cuando lo que sería “overwhelming” es que la agitación de los grupúsculos más radicalizados, cuyo poder de movilización no hemos de desestimar, llevara a los catalanes a una ruptura realmente grave de la convivencia. Ello no obsta para que insista en un diálogo que es, además, falsa, pues lo que en verdad plantea el soberanismo es discutir la forma y los plazos en que se lleva a cabo el referéndum de autodeterminación. Ése es todo el horizonte de lo que, en la cuadratura mental de Torra y compañía —y más de un tercerista despistado, pleonasmo—, supone dar paso a la política. De ahí que resulte un sarcasmo que Torra afirme pomposamente que “the catalan side —por “the independentist side”— is ready to begin this process without preconditions”.

Y es que Torra no tiene ningún derecho a hablar de Catalan Side porque la sociedad catalana no es un frente homogéneo proindependencia. Yo misma, sin ir más lejos, tengo el catalán como lengua materna y he escrito libros en esta lengua, sin que ello sea óbice para estar felizmente unida a mis conciudadanos españoles y europeos. Aunque si un ejemplo es pertinente estos días es el de Montserrat Caballé, que paseó el buen nombre de España por el mundo y, libre como fue, jamás escatimó una sola crítica al nacionalismo. Torra se cobró su ínfima y postrera venganza acudiendo al funeral con un lazo amarillo. Como observa con tino el columnista Albert Soler, de Diari de Girona, “que se joda la muerta”. Con todo, la principal falsedad del documento es la oposición entre “Catalonia” y “Spain”. Frente a ello, debemos subrayar, una vez más, que la mayoría de los catalanes no sentimos otra cosa que horror ante la posibilidad de que a nosotros nos priven de la ciudadanía española y europea, y el resto de los españoles sean declarados extranjeros en Cataluña. 

El Gobierno español, por último, no necesita ningún tipo de mediador nacional ni extranjero para tratar con Cataluña, así que destierren esta idea, que parte de la insidiosa premisa de que España presenta un déficit de calidad democrática, cuando lo cierto es que todos los indicadores lo describen como uno de los países con mayor calidad democrática del mundo. Como eurodiputada, también me dirijo, igual que Torra, a la UE y a los líderes mundiales sensibles al ataque contra la democracia por parte del nacionalpopulismo catalán; el más grave intento de desestabilización de la prosperidad de la Unión desde la Segunda Guerra Mundial. Tengan en cuenta las últimas palabras de Torra, su advertencia de que una sentencia que no sea favorable a sus intereses detonará una suerte de estallido nacionalista. Recuerden, en suma, que la declaración ilegal de independencia del pasado octubre —ayer, precisamente, se cumplía un año— fue  previa a todo esto. Y muy especialmente, que el appeasement, como demuestra la triste historia europea del siglo XX, nunca es la solución.

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