Un milagro que nadie vio venir: los biólogos descubren un ecosistema intacto de ajolotes en pleno desierto de México
Los ajolotes llevan décadas siendo uno de los anfibios más estudiados del planeta. Su capacidad de regenerar órganos, extremidades e incluso partes del corazón y el cerebro los ha convertido en objeto de interés para la medicina internacional. No obstante y lamentablemente, la mayoría de las especies del género Ambystoma están amenazadas o en peligro de extinción.
Por eso, lo que ocurrió en Sonora, en el noroeste de México, ha llamado la atención de la comunidad científica. No se trata de un ajolote en cautiverio ni de un espécimen rescatado: un equipo de biólogos documentó por primera vez la presencia de una especie de ajolotes en una zona donde la ciencia nunca los había registrado, en plena Sierra de Álamos.
El hallazgo que reescribe el mapa de los ajolotes en México
La especie encontrada es Ambystoma rosaceum, conocida como ajolote tarahumara o ajolote rosado. Hasta este descubrimiento, la ciencia solo tenía constancia de su presencia en Cananea y el noroeste de Sonora, además de Chihuahua y Durango.
Encontrarla en Álamos, en el sur del estado, extiende su distribución conocida cientos de kilómetros hacia el sur, algo que los investigadores no anticipaban.
El equipo que los encontró no buscaba ajolotes. El biólogo Miguel Antonio Gastélum Flores (conocido por su canal de divulgación Biologando con Miguel) lideraba una expedición con cuatro biólogos y un guía local en busca del Dioon sonorense, una palma prehistórica que existe en un único lugar del mundo, con una antigüedad estimada de 250 millones de años.
Fue Rosario, una de sus compañeras, quien los identificó: varios juveniles de unos dos centímetros nadando entre la vegetación de un arroyo.

El equipo contaba con permiso oficial de la Conanp (Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas) para realizar el trabajo.
¿Qué significa encontrar ajolotes en el desierto y por qué sería un «milagro»?
La presencia de ajolotes no es un dato menor para los científicos. Este anfibio es un bioindicador de referencia: su piel permeable y sus branquias externas lo hacen muy sensible a cualquier tipo de contaminación del agua. Encontrar ejemplares vivos, y sobre todo juveniles, en un arroyo es una señal de que ese ecosistema conserva una calidad de agua excepcional.
Los investigadores observaron varios individuos de unos dos centímetros (los adultos alcanzan entre 12 y 17 centímetros), lo que indica que la especie se reproduce activamente en la zona.
A su alrededor, el equipo documentó también jaguares, orquídeas silvestres, líquenes y una rica diversidad de insectos polinizadores: un ecosistema intacto donde la ciencia no había puesto los ojos hasta ahora.
El Ambystoma rosaceum presenta además una característica singular dentro del género: puede someterse a metamorfosis completa, pasando de ser una salamandra acuática con branquias externas a una forma terrestre.
El ajolote mexicano más conocido (A. mexicanum) no puede hacer ese cambio y mantiene su forma larvaria de por vida, según recoge la base de datos científica AmphibiaWeb, que hace seguimiento global de las poblaciones de anfibios.
Conservación y próximos pasos: la «especie paraguas» de la Sierra de Álamos
El equipo no reveló la ubicación exacta del hallazgo. La decisión es deliberada: el ajolote tarahumara es vulnerable al tráfico ilegal de fauna, a las enfermedades fúngicas y a la contaminación.
Dicho esto, queda claro que publicar la localización exacta podría atraer visitas que pondrían en riesgo tanto a los animales como a su hábitat.
La esperanza de los científicos es que este descubrimiento impulse la conservación de toda la Sierra de Álamos. El mecanismo propuesto es el de «especie paraguas»: proteger al ajolote y su entorno implica proteger, de forma automática, a todas las demás especies que comparten ese ecosistema.
Bajo ese paraguas quedarían también el jaguar, las orquídeas silvestres y el propio Dioon sonorense, la palma prehistórica que llevó al equipo hasta allí.