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El futuro ya está aquí: Científicos chinos desarrollan un sistema con ADN para rastrear el tráfico ilegal de animales en peligro de extinción hasta su origen

Leopardo manchado en cautiverio. Foto: Freepik - @jeswin
Leopardo manchado en cautiverio. Foto: Freepik - @jeswin
Naiara Philpotts
  • Naiara Philpotts
  • Editora formada en la Universidad de Buenos Aires, con posgrado en lectura crítica. Escribo sobre ciencia, tecnología y actualidad. Soy escritora de novelas y gran aficionada a la ciencia ficción.

Un equipo de investigadores de China ha desarrollado un método genético capaz de rastrear el origen geográfico de los animales víctimas del tráfico ilegal. La técnica analiza el ADN de los restos confiscados, como escamas, tejidos procesados o fragmentos de hueso, y los vincula con la población concreta de la que proceden.

El trabajo se publicó en la revista científica Animals en marzo de 2026 y lleva la firma de la Universidad Forestal de Beijing junto a la Academia China de las Ciencias y otras instituciones.

El objetivo va más allá de identificar la especie de un decomiso. El sistema apunta a determinar el lugar exacto del que salió el animal, un dato que permite reconstruir las rutas del contrabando y reforzar las pruebas contra la caza furtiva. Los autores lo probaron con cuatro especies en peligro nativas del país.

Un sistema que rastrea el ADN de la fauna en peligro hasta su origen

El método se basa en los polimorfismos de un solo nucleótido (SNP), pequeñas variaciones en el ADN que funcionan como una huella genética capaz de distinguir a las poblaciones de una misma especie. El equipo localizó las variantes propias de cada población y diseñó marcadores que se pueden leer con técnicas de laboratorio habituales.

Para ello, los investigadores partieron de datos genómicos públicos de 26 macacos tibetanos, 51 faisanes orejudos y 42 pangolines chinos, sin necesidad de tomar nuevas muestras de animales. Sobre ese material identificaron los puntos del genoma que cambian de una zona geográfica a otra.

El resultado es una especie de mapa genético. Cada población deja una marca distinta en el ADN, de modo que un fragmento confiscado se puede asignar a un territorio concreto en lugar de quedarse en la mera confirmación de la especie.

Cuatro especies en peligro para probar el método en China

Las especies elegidas fueron el pangolín chino, en peligro crítico, el macaco tibetano, el faisán orejudo pardo y el faisán orejudo azul. Todas son originarias de China y sufren la presión de la caza y la pérdida de hábitat.

El pangolín es uno de los animales más traficados del mundo por el uso de sus escamas en la medicina tradicional. Su población oficial se estimó en 64.000 ejemplares en 2008, aunque una evaluación posterior la rebajó a una cifra de entre 25.000 y 50.000, y probablemente ya ha desaparecido de varias provincias.

El macaco tibetano ronda los 20.000 ejemplares y está en declive por la actividad humana, mientras que el faisán orejudo pardo cuenta con unos 25.000 individuos y retrocede por la deforestación y la caza.

¿Por qué el ADN nuclear supera al análisis tradicional?

Los métodos forenses clásicos se apoyan en la forma y el aspecto de los restos, un enfoque que depende mucho de la experiencia del experto y falla cuando la muestra está incompleta o degradada. El análisis genético ofrece una alternativa más fiable.

El estudio identificó más de 26 millones de variantes genéticas en los macacos tibetanos, unos 2,25 millones en los faisanes y cerca de 1,39 millones en los pangolines. Con esa información, los macacos se separaron en dos grandes grupos que reúnen seis poblaciones, los faisanes en cuatro y los pangolines en tres.

Los autores compararon estos marcadores con el ADN mitocondrial, el que se hereda solo por vía materna y se usaba hasta ahora en muchos análisis. La conclusión es que ese material solo capta patrones amplios y no distingue de forma fiable las poblaciones cercanas, mientras que las nuevas variantes ofrecen una resolución mucho mayor.

Un análisis barato que refuerza las pruebas contra el tráfico

Una de las ventajas prácticas es el coste, puesto que una vez fijados los marcadores, los análisis de rutina no necesitan secuenciar el genoma completo, sino que se resuelven con técnicas estándar por unos 7,52 euros por muestra. Los marcadores ocupan fragmentos cortos del genoma, lo que permite trabajar con ADN muy degradado o presente en cantidades mínimas, habitual en los productos confiscados.

Con esa información, las autoridades pueden asignar una muestra a una población concreta, inferir de dónde procede y valorar el delito según las leyes de protección de la fauna. El planteamiento funciona de forma parecida a como se emplea el ADN en la ciencia forense humana, al reforzar la cadena de pruebas desde la caza furtiva hasta el juicio.

El equipo de investigadores de China reconoce los límites del trabajo. Los paneles genéticos se elaboraron con las muestras disponibles y todavía no cubren todo el territorio de cada especie, y los marcadores no se han validado aún con restos reales incautados, por la rareza y la protección de estos tejidos.

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