Los expertos en geología y montañismo advierten: el Aneto tiene el mayor glaciar de España pero ha perdido dos metros de espesor en el último año
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El cambio climático es uno de los fenómenos que más transforman la alta montaña, y en el Pirineo sus efectos se miden cada verano en metros de hielo perdidos.
Los investigadores del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC) llevan décadas siguiendo el retroceso del mayor glaciar del país. Los datos de este verano confirman que el deshielo se ha acelerado en el techo de la cordillera.
Ignacio López-Moreno, investigador del IPE, estima que el glaciar del Aneto ha perdido unos dos metros de espesor en 2026, según las mediciones que su equipo realizó al final del verano. Durante las dos últimas décadas, la pérdida rondaba un metro al año, aunque en 2022 y 2023 superó los tres. El hielo conserva hoy un espesor medio de unos doce metros, con zonas que pasan de 20 y otras que apenas llegan a dos.
El retroceso ya condiciona la subida al pico, de 3.404 metros. Montaña Segura, el programa del Gobierno de Aragón y la Federación Aragonesa de Montaña, recomienda evitar la ruta clásica de los Portillones, donde los crampones no se clavan en el hielo negro y caen piedras, y subir por el ibón de Salterillo. Ese itinerario se quedó prácticamente sin hielo a finales de agosto.
Por qué el glaciar del Aneto pierde espesor tan rápido
Un estudio publicado en 2023 en la revista The Cryosphere, firmado entre otros por la geóloga y guía de montaña Ixeia Vidaller, calculó que entre 1981 y 2022 el glaciar perdió el 64,7% de su superficie y una media de 30,5 metros de espesor.
La causa principal está en la combinación de inviernos con nevadas irregulares y veranos cada vez más largos y cálidos. La nieve que protege el glaciar se funde antes y deja al descubierto un hielo viejo y oscuro, cubierto de polvo y piedras, que absorbe más radiación solar y se derrite más deprisa.
La fragmentación agrava el proceso. El Grupo CryoPyr del IPE-CSIC constató en septiembre de 2025 que el cuerpo principal se había partido bajo el Pico del Medio y que la masa del Collado de Coronas había pasado a ser un helero. El Aneto perdió así 3,6 hectáreas y se quedó en 30. López-Moreno añade que su hielo apenas se mueve, una señal de que el glaciar está en una situación límite.

Cómo afecta la pérdida del glaciar del Aneto al agua de los ríos
El agua del Aneto sigue un recorrido singular. El deshielo de su cara norte desaparece en el Forau de Aiguallut, un sumidero kárstico del valle de Benasque, y reaparece al otro lado de la divisoria, en el Valle de Arán, donde alimenta el Garona. Gran parte de esa agua termina, por tanto, en el Atlántico y no en la cuenca del Ebro.
Los glaciares funcionan como una reserva que suelta agua a finales del verano, cuando la nieve estacional ya se ha fundido y las lluvias escasean. El aporte de un glaciar de 30 hectáreas al caudal total resulta modesto, pero su desaparición refleja un problema mayor: la pérdida de la nieve que regula los ríos pirenaicos.
Con menos nieve, los ríos reciben el agua antes y de golpe en primavera y llegan más débiles al estiaje. Los regantes del Alto Aragón, las centrales hidroeléctricas de los valles y especies de aguas frías como la trucha común dependen de esa regularidad.
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