Los veterinarios coinciden: «Un loro tiene una vida emocional compleja, necesita interacción de calidad y estímulos»

Tener un loro como mascota puede parecer, a primera vista, una experiencia de lo más divertida, ya que son aves inteligentes, capaces de aprender sonidos, reconocer a las personas con las que conviven e incluso desarrollar una relación muy estrecha con ellas. Sin embargo, convivir con un loro va mucho más allá de proporcionarle una jaula, comida y algunos juguetes. Estas aves tienen necesidades físicas, sociales y cognitivas que se deben mantener durante muchos años.
Cristina Mora de Aragón, que trabaja con este tipo de aves, señala un error bastante habitual a la hora de elegir un loro como mascota: fijarse principalmente en su capacidad para hablar o imitar sonidos y no pensar en las necesidades que tendrá durante toda su vida.
El loro es una mascota mucho más exigente de lo que parece
Algunas especies pueden vivir varias décadas, por lo que que incorporar un loro al hogar no supone únicamente adquirir una mascota, sino asumir un compromiso que puede prolongarse durante buena parte de la vida adulta. Por eso, antes de elegir uno de estos animales, conviene conocer sus necesidades reales y comprender que su cuidado va mucho más allá de proporcionarle alimento, agua y una jaula.
«Son animales con una vida emocional y cognitiva muy compleja, con unas necesidades sociales enormes», explica Cristina Mora de Aragón, según recoge El Clarín. Esa complejidad puede apreciarse en numerosas situaciones de la vida cotidiana. Un loro puede reconocer a las personas con las que convive, aprender determinados horarios, anticipar actividades habituales y reaccionar cuando una rutina cambia de manera inesperada.
Su forma de comunicación tampoco se limita a las palabras. Las vocalizaciones, la postura corporal, el movimiento, las plumas y otros gestos forman parte de un repertorio mucho más amplio. Observar estos comportamientos permite detectar si el animal está atento, incómodo, excitado, interesado o reaccionando ante algún estímulo de su entorno.
Por este motivo, destaca la importancia de ofrecerles interacción diaria de calidad, estímulos variados y una rutina relativamente estable. No basta con acercarse unos minutos a la jaula ni con dejar siempre los mismos juguetes a su disposición.
¿Qué necesita?
La rutina de un loro puede enriquecerse mediante cambios relativamente sencillos. Rotar los juguetes, incorporar objetos seguros que pueda manipular y ofrecer oportunidades para buscar alimento son algunas de las estrategias que permiten evitar que todos los días sean exactamente iguales.
También necesita contacto social, por lo que es necesario reservar momentos para interactuar con el ave, observar sus reacciones y descubrir qué actividades despiertan realmente su interés. La convivencia no debería reducirse únicamente a enseñarle sonidos, palabras o trucos.
Cuando las condiciones del hogar lo permiten y siempre de forma segura y supervisada, también se pueden incorporar perchas, zonas de juego y periodos fuera de la jaula. De esta manera, el animal dispone de más oportunidades para desplazarse, investigar su entorno y mantenerse activo.
Alimentación
La alimentación es otro de los aspectos fundamentales para mantener el bienestar de un loro. En general, estas aves necesitan una dieta equilibrada, variada y de calidad, que combine diferentes fuentes de nutrientes y no dependa exclusivamente de un único alimento.
Una opción adecuada consiste en combinar mixturas y pienso para loros de calidad con alimentos frescos. Entre las frutas que pueden formar parte de una alimentación variada se encuentran la manzana, el plátano, la granada, el melocotón y el melón. En cuanto a las verduras y hortalizas, pueden ofrecerse alimentos como pimiento, brócoli, calabaza, zanahoria, espinacas, maíz, calabacín y tomate.
La variedad es importante porque permite proporcionar diferentes nutrientes y, además, incorporar estímulos a la rutina diaria del animal. La alimentación puede convertirse también en una oportunidad para que el loro explore, manipule y descubra distintos alimentos.
Errores a evitar
Quienes conviven con loros pueden cometer, a veces por desconocimiento, algunos errores que terminan afectando tanto a su salud física como a su bienestar emocional.
- El baño puede ser beneficioso, pero eso no significa que haya que obligarle a hacerlo. Forzar a un loro a bañarse cuando muestra rechazo puede provocar estrés y hacer que termine asociando esta actividad con una experiencia negativa. Lo recomendable es ofrecer distintas posibilidades y permitir que sea el propio animal quien decida si quiere utilizarlas.
- El picaje, es decir, el arrancamiento o deterioro voluntario de las propias plumas, es uno de los comportamientos que más preocupa a quienes conviven con loros. Puede aparecer asociado a diferentes causas y no debe atribuirse automáticamente al aburrimiento o a un problema de conducta, ya que también es necesario descartar posibles causas médicas. Sin embargo, la frustración, la falta de interacción, el aislamiento, el aburrimiento y un entorno poco estimulante pueden favorecer determinados problemas de comportamiento.
- La limpieza del espacio donde vive un loro también requiere atención. Utilizar productos inadecuados o confiar exclusivamente en remedios caseros puede no ser suficiente para mantener unas condiciones higiénicas apropiadas.