Personajes históricos

Vlad el Empalador: la historia real del príncipe que dio origen al mito de Drácula

La literatura y el cine han forjado la historia del personaje. Drácula, Vlad el Empañador, ¿quién fue realmente?

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Drácula
Vlad el Empalador.
Francisco María
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Hablar de Vlad III de Valaquia es tropezar inevitablemente con la frontera donde la historia tintada de sangre se funde con el humo de la leyenda. A menudo se le recuerda exclusivamente a través de la sombra alargada de los colmillos que Bram Stoker popularizó a finales del siglo XIX, pero el personaje de carne y hueso, aquel lider que gobernó los Cárpatos en pleno siglo XV, resulta infinitamente más fascinante que cualquier celuloide gótico. Nació en Sighişoara, en la región transilvana, alrededor de 1431, en el seno de la Orden del Dragón, un selecto club militar fundado para frenar el avance del Imperio otomano. De ahí le venía el apodo paterno, Dracul, y de ahí heredó su hijo el patronímico que la posteridad corrompería hasta convertir en sinónimo de terror nocturno.

Una región llena de tensiones y de ruido de espadas

La Europa del este vivía entonces en una permanente tensión de cuchillos. Valaquia era un frágil tapón geopolítico encajado entre dos colosos: el reino de Hungría y la formidable maquinaria de conquista otomana dirigida por el sultán Mehmed II. En esa región llena de riesgos y ese tablero de ajedrez geopolítico, la supervivencia exigía una crueldad metódica. Vlad no gobernaba para ganar concursos de popularidad; gobernaba porque el menor atisbo de debilidad interna o externa invitaba a una invasión inmediata.El empalador

Los boyares, la aristocracia terrateniente local, acostumbraban a deponer, envenenar o traicionar a los príncipes según soplara el viento. Para frenar sus conspiraciones intestinas y restaurar la autoridad del trono, el voivoda recurrió a la justicia ejemplar. Los cronistas de la época, tanto los sarracenos que le temían como los cronistas alemanes que le detestaban, documentaron ejecuciones masivas donde el empalamiento se erigía en el método predilecto.

Una contundente estrategia de supervivencia en el poder

No se trataba meramente de sadismo gratuito, sino de una macabra escenografía política. Se cuenta que en cierta ocasión dispuso un bosque entero de estacas con cientos de prisioneros turcos en las inmediaciones de Târgovişte, una barrera visual y psicológica tan desoladora que el propio ejército de Mehmed II dio media vuelta impresionado al contemplar el páramo de cadáveres.

Para la mentalidad medieval, el terror constituía una herramienta de disuasión muy efectiva. En el interior de sus dominios aplicó una política de mano tan férrea contra los ladrones y los vagabundos que la leyenda popular asegura que una copa de oro macizo dejada en medio de una plaza pública permanecía intacta durante meses sin que nadie osara robarla. Los comerciantes sabían perfectamente a qué atenerse: la ley del príncipe no admitía grises.

Algo más que un sádico gobernante y empalador

Sin embargo, reducir su biografía a un catálogo de horrores sería ignorar su dimensión como estratega y gobernante acorralado. Las crónicas rumanas actuales lo rescatan frecuentemente como un defensor de la soberanía nacional que plantó cara a una potencia imperial infinitamente superior en recursos. Luchó en inferioridad numérica constante, utilizando tácticas de tierra quemada y guerra de guerrillas que desesperaban al enemigo.Visita la tierra de Drácula y prueba un vino elaborado gracias a un viñedo único en el mundo

Su caída del poder no llegó por una derrota militar definitiva en el campo de batalla, sino por las intrigas de sus propios vecinos cristianos y la voluble alianza con Matías Corvino, rey de Hungría, quien terminó encarcelándolo durante años en Visegrád. Cuando recuperó la libertad y el trono en 1476, su reinado duró un suspiro; cayó en combate contra las fuerzas otomanas, decapitado, y su cabeza viajó como trofeo macabro hasta Constantinopla para disipar cualquier duda sobre su muerte.

El mito que nació después de su ejecución

Curiosamente, el monstruo literario nació poco después de su fallecimiento, impulsado por la recién inventada imprenta de Gutenberg. Los panfletos alemanes, alimentados por los impuestos y disputas comerciales con los sajones de Transilvania a los que Vlad había castigado duramente, se encargaron de difundir por toda Europa los horrores de sus crímenes en folletos sensacionalistas que le pintaban como un monstruo sediento de sangre.

El escritor posterior Stoker leyó esas crónicas siglos después en la biblioteca de Whitby, rescatando el nombre y el perfil sombrío para insuflárselo al conde transilvano que cambiaría para siempre el imaginario colectivo del terror.

La visita al lugar del terror de Drácula

Para visitar las ruinas de la Fortaleza de Poenari que se encuentran en la cima de un acantilado muy empinado que domina el río Argeş uno tendrá que subir más de mil escalones de piedra. Este es el lugar donde será fácil comprender la soledad del gobernante que gobernó desde el borde del abismo.

A modo de conclusión

Vlad el Empalador fue un producto de su tiempo: un gobernante implacable, un estratega militar en un mundo brutal y un símbolo nacional que cabalgó entre la historia y la leyenda, recordándonos que los verdaderos monstruos rara vez llevan colmillos, sino coronas y espadas en tiempos de guerra.

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