Es un manjar de dioses pero este extraño dulce sólo lo hacen en Castellón durante este mes de marzo
Castellón tiene platos únicos, pero cuando llega marzo todo huele y sabe distinto. Con la llegada de las fiestas de la Magdalena, la ciudad no sólo se llena de pólvora, música y romerías: también reaparece en cocinas y hornos tradicionales uno de sus dulces más singulares y menos conocidos.
Por supuesto, hablamos de las figues albardaes, un bocado muy humilde en apariencia que, sin embargo, despierta auténtica devoción entre quienes han crecido con él. Especialmente si amas el dulce.
A simple vista podrían confundirse con unos buñuelos más, pero nada más lejos de la realidad. Este dulce típico combina higos secos con una masa frita ligera que crea un contraste adictivo entre lo crujiente y lo meloso.
El dulce de Castellón ligado a la necesidad y a las ganas de fiesta en marzo
Como ocurre con muchas joyas del recetario valenciano, el origen de las figues albardaes está en la cocina de supervivencia. Durante generaciones, el higo seco fue un alimento básico por su larga conservación y su alto aporte energético.
Además, rebozarlo y freírlo era una forma ingeniosa de convertir un producto humilde en un dulce festivo. Por ello, su unión con la Magdalena es absoluta.
Estas fiestas, que conmemoran el traslado de Castellón desde el cerro de la Magdalena a su ubicación actual en el siglo XIII, se celebran cada marzo. Y es precisamente en esos días cuando este dulce vuelve a las familias, a los casales y a algunas pastelerías de toda la vida.
La buena noticia es que las figues albardaes ya no se comen por necesidad, sino que se han convertido en un símbolo gastronómico local. Eso sí, siguen siendo un tesoro relativamente difícil de encontrar fuera de la semana grande castellonense.
Cómo preparar figues albardaes: el dulce popular en las fiestas de la Magdalena
Aunque la receta no es complicada, el éxito depende del punto de la masa y de la fritura. Primero se prepara una mezcla tipo buñuelo, sin grumos y con una textura fluida pero con cuerpo. Tras un breve reposo, los higos se sumergen en la masa hasta quedar bien cubiertos.
Después se fríen en abundante aceite caliente. En cuestión de segundos, la cobertura se infla y adquiere ese tono dorado tan reconocible. Es importante sacarlos en su punto justo y dejarlos escurrir para que no queden grasientos.
Se sirven templados y, para muchos, con un ligero espolvoreado de azúcar. Además, son perfectos para disfrutar después de una buena fiesta.
Otras comidas valencianas que sólo puedes probar en marzo
Castellón no es la única ciudad de la Comunidad Valenciana con un plato típico que sólo es común comer en marzo. Porque Valencia es sinónimo de Fallas y, por tanto, de buñuelos de calabaza.
Hablar de Fallas sin mencionar los buñuelos de calabaza es prácticamente imposible. Cada mes de marzo, la ciudad se llena de puestos ambulantes donde los maestros de los churros y de los buñuelos conquistan a los valencianos.
Y es que no sólo es perfecto para desayunar, sino que son el manjar perfecto para disfrutar de las Fallas. Su gran ventaja es que puedes comerlos mientras sigues disfrutando del ambiente de la ciudad, y vienen genial después de una fiesta.
La receta tradicional valenciana suele incluir pulpa de calabaza asada o hervida, harina, levadura y aceite para freír. Tras mezclar y dejar fermentar la masa, se fríe en aceite caliente hasta lograr piezas doradas y esponjosas, que se sirven espolvoreadas con azúcar o acompañadas de chocolate caliente.
La prueba de su popularidad es que para las Fallas de 2026 hay 150 puestos de venta autorizados por toda Valencia, un reflejo claro del tirón que tienen.