Una familia marroquí okupa el piso de un profesor mientras se compra otra casa al contado: «No pagaremos ni un duro»
El temor a que se declaren vulnerables está más presente que nunca tras la aprobación del 'decreto Maricarmen'

Jesús alquiló su vivienda en 2017 en Roquetas de Mar (Almería) por 350 euros mensuales a una mujer marroquí que aseguró necesitar el piso para vivir sola. Lo hizo porque le dieron plaza como profesor en el municipio de Vera y no podía hacer frente a todos los gastos. Ahora le debe más de 20.000 euros, pero en su casa ni siquiera vive ella; residen seis miembros de su familia y los vecinos han denunciado que, además, «realquilan las habitaciones».
Los okupas reconocen los impagos e incluso la arrendataria original presume en conversación con OKDIARIO de haber comprado al contado otra casa en Almería y ser la dueña de un centro de estética. Sus inquilinos se sienten amparados por la ley y han asegurado a OKDIARIO que no pagarán «ni un duro» porque no tienen «miedo ninguno» a la justicia.
Según relata Jesús, las amenazas de muerte son constantes y el miedo a que se declaren vulnerables está más presente que nunca tras la aprobación de los reales decretos del Gobierno. El sentimiento de impunidad por parte de la familia okupa es total y este periódico lo ha podido corroborar de primera mano: «Nadie sabe de mis ingresos», asegura la inquiokupa, que a su vez es propietaria de otro piso: «Tampoco sabes si la casa me la ha comprado mi marido o mi amante», señala con ironía.
El maestro, por su lado, explica que, tras más de cuatro años intentando resolver el asunto por su cuenta, denunció en 2025 a la inquilina oficial por impagos de hasta 20.000 euros. Los meses acumulados se sumaron a facturas de luz por más de 1.000 euros que Jesús no podía seguir asumiendo:
«Yo pagaba los suministros y ella me mandaba el importe, pero dejó de hacerlo y en agosto la factura se disparó. Y yo en mi casa con mi mujer y mi niña de 4 años teniendo que quitar el aire acondicionado para ahorrar», cuenta desesperado.
«Nunca pensé que esto me sucedería y siempre he creído en ayudar a los demás sin importar ni de dónde venga, ni quién sea, ni cómo piense. Ahora, por desgracia, esto me ha hecho cambiar de opinión. Ellos viven como reyes y yo no llego a fin de mes. He tenido que pedir dinero a mis allegados para hacer frente a las facturas», lamenta.
De hecho, según ha podido comprobar este medio, la okupa que lleva la voz cantante de la familia presume en sus redes sociales de sus compras en Tous o Pandora; comparte sus viajes o enseña los tratamientos faciales que realiza a diario en su centro y que se aplica también a ella misma.

Por el contrario, precisamente por el golpe económico que le estaba suponiendo, Jesús se planteó vender la vivienda y volver a «vivir tranquilo». Sin embargo, la que era por aquel entonces inquilina entró en cólera y aseguró que impediría que se visitara la casa.
Según cuenta, la inquiokupa le ofreció 85.000 euros por la vivienda de tres dormitorios y dos baños, «nueva y amueblada», y él aceptó. Pese a ello, tras varias semanas esperando una respuesta, ella aseguró no poder pagar porque sus padres estaban de viaje en Marruecos. A partir de ese momento, todos ellos se atrincheraron en la vivienda y no tienen previsto abandonarla bajo ningún concepto.
«Me han diagnosticado diabetes por una situación de estrés prolongado. He perdido 4 piezas dentales de apretar los dientes mientras duermo, de la rabia y la impotencia que tengo. No puedo dormir y muchas noches me levanto sobresaltado con ganas de ir y tomarme la venganza por mis manos. No he podido hacer muchos planes con mi hija de 4 años porque tengo que pagar la vida de esta gentuza. Tengo una sensación de impotencia, rabia y desazón que no sé qué voy a hacer con mi vida», relata Jesús a este periódico.
Jesús este mismo jueves recibió un mensaje en el que la pareja de la primera inquilina le amenaza con «despellejarle vivo» si no deja de mandar gente a la que califica como «su» casa. El propietario niega esas acusaciones y destaca que ni él mismo puede acercarse porque ella amenazó con denunciarle por «coacciones».

Ahora el dueño de la vivienda y su abogada temen que, pese a que la denuncia ha sido admitida a trámite, los nuevos decretos compliquen el proceso de desahucio. Ella misma admite a este medio que podría declararse vulnerable si no se puede demostrar su tren de vida y que sus padres, hermana y cuñado no se moverán de la que ya han bautizado como su vivienda, pese a que, según explica el propietario, también tienen otras propiedades y negocios como varias carnicerías halal.