Colau se niega a dar una calle a Miguel Ángel Blanco pero mantiene la del racista Sabino Arana

Ada Colau
Ada Colau, alcaldesa de Barcelona. (Foto: Flickr)

El Ayuntamiento de Barcelona, gestionado por Ada Colau, rechazó dedicar una calle de la ciudad condal a Miguel Ángel Blanco, edil del PP de Ermua, asesinado por ETA hace ahora 20 años, pero mantiene la calle del racista Sabino Arana.

La intención de Barcelona en Comú (BComú), según señalan, es tener una ciudad que “no se entendería sin la aportación de personas comunes” y recalcan “organizadas en movimientos populares». Hay que recordar que gran parte de los postulados racistas y xenófobos propuestos por Arana se convirtieron con el tiempo en justificación y argumento del nacionalismo vasco, llevado al extremo por la banda terrorista ETA. 

La comisión de ‘sabios’ dependiente del Ayuntamiento de Barcelona –llamada Ponencia Nomenclátor– no aprobó la petición del PP de poner una calle con el nombre de Miguel Ángel Blanco, concejal popular de Ermua asesinado por ETA a sangre fría y a quemarropa con un tiro en la nuca. Este mes de julio se cumplen 20 años de este salvaje asesinato y muchas son las instituciones públicas que están haciendo homenajes a un político que se convirtió en un símbolo de lucha democrática contra el terrorismo.

Muchas instituciones públicas entre las que, desde luego, a tenor de los hechos, no se encuentra el Ayuntamiento de Barcelona al rechazar que Blanco tenga una calle con su nombre en la ciudad condal. La petición fue hecha en octubre de 2016 por el PP de Barcelona y seis meses más tarde, en marzo, la Ponencia de Nomenclátor no aceptaba la petición, confirmando que Colau rechazaba poner una calle Miguel Ángel Blanco.

El partido de Colau defiende que Barcelona no se entendería sin la aportación de “miles de personas comunes organizadas en movimientos populares como el obrero, el libertario, el democrático, el feminista o el catalanista”. Por ello, basado en esta premisa, se ha puesto en marcha desde que Barcelona en Comú llegó a la alcaldía todo un dispositivo para, según la formación, “reducir la sobrerrepresentación de la simbología monárquica” y mantener “su compromiso con la memoria histórica y la lucha republicana”.

Colau, en los dos años al mando del Gobierno, ha retirado nombres de calles como Plaza de Juan Carlos I para pasar a llamarse Cinco de Oros o eliminar Plaza Lucmajor para renombrarla como Plaza de la República.

Para tener una calle en Barcelona y que la comisión municipal pertinente la tenga en cuenta, la petición debe cumplir dos condiciones: tienen que haber pasado 5 años desde la muerte de la persona propuesta y, si no cumple este requisito, al menos debe haber sido honrado en vida con la Medalla de Oro de la Ciudad de Barcelona.

No cabe duda de que Miguel Ángel Blanco cumple con creces la condición ‘sine qua non’ expuesta en las normas de la comisión liderada por Gerard Pisarello, teniente de alcalde de Barcelona y alcalde provisional por la baja maternal de la líder de Barcelona en Comú.

Cualquier persona, entidad pública o privada, así como el propio Consistorio, puede hacer una propuesta de nombre. Una vez se reciben las peticiones, Ponencia de Nomenclátor las analiza y mira dónde poder emplazarlas.

Los ‘sabios’ de Colau desestimó cambiar otros nombres de calles, como la del citado Sabino Arana, desestimó cambiar la calle de los Pescadores, Comandante Benítez, General Mendoza, Secretario Coloma e Ildefonso Cerdà.

Miguel Ángel Blanco no tiene espacio entre la arquitectura ‘Art Nouveau’ y el ordenado urbanismo de Barcelona. Sin embargo, sí que han encontrado lugar otros nombres propios como Antoni Gutiérrez Díaz, dirigente histórico del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC); Pablo Neruda, poeta chileno o Dolors Palau i Roura, maestra en la escuela Parque de Guinardó o denominaciones como Movimiento Obrero.

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