Entrevista

Nacho Conde-Ruiz (Fedea): «España tiene que ir a captar inmigrantes para compensar su envejecimiento»

El economista y autor de 'La juventud atracada' defiende reformas legales para atraer población y sostener las pensiones

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Patricia Sanz
  • Patricia Sanz
  • Abogado, periodista y máster tributario de Garrigues. Antes, asesora fiscal por Luxemburgo y España, ahora, redactora jefe de Economía de OKDIARIO.

Nacho Conde-Ruiz, doctor en Economía por la Universidad Complutense de Madrid y subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), atiende a OKDIARIO desde la sede de la Fundación para presentar su nuevo libro, ‘La Juventud Atracada’, del que es coautor (generación X) junto a su hija Carlota (generación Z). El que fuera uno de los expertos en desarrollar el factor de sostenibilidad de las pensiones en el año 2013, ahora da una vuelta a la siempre esperada reforma de las pensiones y propone un abanico de soluciones en el que por fin los jóvenes puedan formar parte.

Pregunta.– Afirma en su nuevo libro que la demografía política va en contra de los jóvenes porque en España uno de cada cuatro votantes tiene más de 65 años, lo que significa que los jóvenes no presentan un gran interés o peso para los partidos políticos. ¿Cómo se podría compensar políticamente esa carencia numérica?

Respuesta.– Esto es lo que está ocurriendo, es algo que no ocurría cuando yo era joven, y, además, se va a amplificar en el futuro, porque cada vez estamos más envejecidos. Es imposible contrarrestar la demografía política porque los mayores van a ser cada vez más y los jóvenes van a ser cada vez una proporción más baja. Pero sí que proponemos en el libro algunas medidas que, aunque no van a compensar completamente, pueden ayudar a que se ‘empoderen’ más los jóvenes. Y ahí, en concreto, hablamos de que el voto fuera obligatorio, porque los jóvenes, tanto en mis generaciones como en las actuales, siempre votan menos que los mayores. Y también planteamos bajar la edad de voto a los 16 años. Si un joven con 16 años puede trabajar, no veo por qué no va a poder votar. Una persona mayor de 100 años puede votar y nadie lo pone en duda.

P.– Otra cuestión que apunta en uno de los capítulos de su libro es esa paradoja desalentadora de tener actualmente una generación de jóvenes muy preparada que, al mismo tiempo, sufre graves problemas de salud mental. ¿Dónde radica para usted ese problema y cuáles pueden ser las consecuencias para España a medio y largo plazo, tanto a nivel social como económico?

R.– Es verdad que los jóvenes son -demográficamente- muy pocos y votan menos, pero cuando algo les preocupa han demostrado ser capaces de introducir en la agenda pública algunos temas, y uno de ellos es la salud mental, que ha dejado de ser un estigma. En mi generación de eso casi no se podía hablar y, ahora, gracias a los jóvenes, sí que se habla. Yo no soy un experto de saber cuáles son las causas. Hay gente que dice que tiene que ver con las redes sociales, con los móviles, porque empiezan demasiado jóvenes… Yo creo que el hecho de que ellos vean que no tienen tantas posibilidades de prosperar y que se enfrentan a unos retos globales  que a los que mi generación no se enfrentaba -como la inteligencia artificial o el cambio climático- les genera cierta ansiedad. Pero, al mismo tiempo, gracias a los jóvenes (el problema de la salud mental) se ha visibilizado y ha dejado de verse como un estigma, se ha naturalizado y se empieza a dedicar más recursos para tratarlo. Y esto va a ayudar mucho, no solo a a los jóvenes sino también a los más mayores, que tenían más reparos a acudir a los especialistas en salud mental.

Pensiones e inmigración

P.– La crisis demográfica, el problema de la baja natalidad en España, este poco peso que apuntaba usted de los jóvenes en la política… Habiendo sido usted partícipe del comité de expertos de pensiones, ¿cuál sería la solución para garantizar las pensiones? ¿Qué reformas concretas se plantea?

R.– Creo que en este asunto hay un debate que está un poco viciado. Cuando se está proponiendo reformar las pensiones, lo que se está planteando no es tocar las pensiones de los que ya están jubilados, porque no tendría sentido y, además, sería muy injusto. Lo que se plantea es que, si el ser humano cada vez vive más, no sirve un sistema de pensiones que estaba pensado para que la gente se muera a los 78 años, cuando incluso el INE dice que será la esperanza de vida por encima de los 90 años. Habría que adaptar el sistema de pensiones a esta nueva realidad, a esta longevidad. De lo contrario, estaremos diciendo a los que se vayan a jubilar en el futuro que van a tener que estar pagando muchísimas más cotizaciones. Y, además, el sistema absorberá muchos recursos públicos que se podrían destinar precisamente a políticas que beneficien a los jóvenes, como la vivienda, la educación, la formación, la lucha contra el cambio climático, etcétera. Políticas que te mejoran el crecimiento de largo plazo y la productividad.

P.– Apunta en su libro otra fórmula para garantizar las pensiones: fomentar la inmigración pero, ¿cómo encarar un proceso ordenado de esos flujos migratorios, piensa usted en alguna reforma legal en concreto?

R.– Creo que España es un país reactivo en política de inmigración y tiene que pasar a un modelo más parecido al alemán. Hay que ser proactivo en un país en el que tenemos una de las más altas tasa de paro del mundo pero también las tasas de fecundidad de las más bajas del mundo. Eso hace prever que en el año 2050 seremos uno de los tres países más envejecidos del mundo. Y todo a pesar de que el INE dice que van a entrar entre 8 y 10 millones de inmigrantes. Yo creo que deberíamos aprovechar estos momentos, en los que toda Europa está envejeciendo, para ir a captar los inmigrantes en origen; es decir, buscar los que necesitas, captarlos en origen y traértelos.

Para esto no sirve el mecanismo que se utiliza actualmente en España. Se toma como referencia -para atraer mano de obra inmigrante- un catálogo de empleos de difícil cobertura que se realiza cada trimestre y que, si uno lo lee, ve que prácticamente 19 de las 21 profesiones que se consideran de difícil cobertura son deportistas profesionales o trabajos relacionados con el mar: que si camarero de yate, que si maquinista de buque… Esto hay que cambiarlo por completo: abrir este catálogo de difícil cobertura y facilitar la entrada de personas inmigrantes que lleguen con un contrato laboral y con su certificado de penales (favorable).

Hay que hacer esto y hay que hacerlo cuanto antes. Nosotros tenemos la suerte de tener Latinoamérica, con mucha población formada que quiere venir a España, pero se les ponen muchas trabas. La actual política de inmigración establece que debas estar dos años para regularizar tu situación alegando arraigo social, y entonces sí pueden obtener un contrato laboral. Esto no tiene ningún sentido, porque, mientras tanto, ¿qué  hacen durante estos dos años? La política de inmigración hay que cambiarla por completo. Es fundamental, dado el envejecimiento de España.

Jubilados trabajando

P.– Por otro lado, para la sostenibilidad del sistema de la Seguridad Social, también apunta la receta de la jubilación flexible pero, ¿cómo casa con la dificultad de los jóvenes para acceder al mercado laboral?

R.– Esto en economía se llama la falacia de la suma fija de horas trabajadas. Es decir, la gente piensa que si un mayor ocupa un empleo, no lo ocupa un joven. Es como pensar que si un inmigrante ocupa un empleo no lo ocupa un nativo. Cuando la mujer se incorporó al mercado laboral también se decía que acabaría con el trabajo de los hombres. Ese tipo de planteamiento es falso. Los mayores son complementarios a los jóvenes. Cuanto más mayores trabajan en las economías, más trabajan también los jóvenes porque no están con las mismas capacidades.

Para dar futuro al sistema de pensiones, España se empeña en prolongar la edad de jubilación: se amplió hasta los 67 años, ahora vamos a 70, luego a 72…. Eso no tiene ninguna lógica, porque una persona puede estar dispuesta y se debe permitir que, si quiere, trabaje 40 horas a la semana hasta los 67 años, pero luego pueda trabajar 30, luego 20, luego diez… Es decir, tienes que buscar una salida gradual del mercado laboral, y para esto tienes que cambiar mucha legislación tanto del laboral como de pensiones, para permitir compatibilizar las pensiones con el salario. En el futuro se va a tener que aprovechar todo el talento senior, y aprovechando ese talento, también se generarán más oportunidades a los jóvenes. Primero, porque tendrás que dedicar menos recursos a pagar las pensiones y podrás dedicarlos a políticas que beneficien a los jóvenes. Y, segundo, por esta complementariedad que se da dentro de la fuerza laboral.

Un Estado en números rojos

P.– Usted se muestra muy crítico con el déficit público continuo, con la deuda pública galopante generada no por inversiones, sino por gasto corriente, porque eso amenaza con provocar una hipoteca asfixiante para los jóvenes, los protagonistas de su libro. ¿Recortamos el gasto o aumentamos la presión fiscal? ¿Mejor un equilibrio?

R.– Que llegue una pandemia como la que sufrimos y se gaste mucho no es un problema, porque conseguimos salvar la economía. Lo que no tiene sentido es que haya déficit cuando la economía está en su pleno funcionamiento, que es un poco lo que le pasa a España. Es lo que se llama déficit estructural. Nosotros hacemos muchas transferencias (de recursos ] hacia los mayores porque porque son el bloque electoral mucho más importante, pero no las pagamos y lo cubrimos emitiendo deuda pública, que son facturas de hoy que pasas a las futuras generaciones. Por eso un poco en el libro hablo del atraco perfecto. Creo que hay que hacer un planteamiento serio y decidir en qué modelo de Estado del bienestar queremos vivir. Tú puedes decidir vivir en un modelo al estilo americano, un modelo anglosajón en el que hay muchos servicios que son privados, lo que requiere menos ingresos públicos o en un Estado del bienestar mucho más potente y mucho más servicios público, que requiere muchos más ingresos. Pero claro, lo que no puede ser es querer vivir con un Estado del bienestar al estilo nórdico y pagar los impuestos que se pagan en EE.UU. Todo el mundo tiene sus preferencias políticas, pero sí se debe determinar si queremos gastarnos el 42 ó el 43% del PIB y, a partir de ahí, decir cuál es la mejor forma de financiarlo. Los economistas tenemos mucho que decir sobre cuál es la forma más eficiente de recaudar ese dinero para financiarlo.

P.– Y hablando de financiación, otro dato que apunta es que más de la mitad del gasto público se destina a las personas mayores y apenas un 20% a los más jóvenes. En un país como España, con el nivel de déficit y de deuda que arrastramos, ¿cómo elevar el gasto público para ayudar a los jóvenes sin recortar para el resto de la población?

R.– Voy a poner el ejemplo de lo que ha ocurrido estos dos últimos años, porque refleja de forma muy visual lo que está pasando. Primero llegó una pandemia, en los colegios obligó a los niños tuvieran que ir a su casa, y en los barrios pobres que no tenían medios telemáticos para seguir las clases los niños han sufrido un retraso importante en el sistema educativo. Esos datos son cicatrices que se van consolidando en el tiempo. Luego llegó una guerra que subió la inflación un 8,5% y todas las pensiones, incluso las más altas, subieron un 8,5%. Y en esto nunca se discutió nada. Ese 8,5% son 16.500 millones de euros, el equivalente a haber aumentado el presupuesto en educación un 29%. Creo que hay que priorizar el gasto y hacer sacrificios por un lado para satisfacer al otro pero, ¿por qué siempre todos los sacrificios vienen de los jóvenes? En algún momento hay que plantearse que no hay nada más rentable que la educación. En cambio, vemos que España no tiene un sistema educativo al nivel que nos corresponde.

Precariedad en el empleo

P.– No le convence la reforma laboral que en 2021 acometió Pedro Sánchez y que fue avalada por Podemos, y no precisamente por excesiva, sino porque dice que fue corta. De hecho indica que «fue efectiva contra la temporalidad pero no contra la precariedad». ¿Por qué y cómo corregir esa precariedad? ¿En qué reformas piensa?

R.– Yo creo que ha sido una buena reforma, la mejor que se ha hecho en el periodo democrático pero no es tan buena en términos de caída en la tasa de temporalidad contractual, que prácticamente ha vuelto a niveles europeos, porque la precariedad sigue existiendo. España tiene un mercado laboral en el que hay mucha creación y destrucción diaria de empleos; es decir, trabajadores trabajan solo de un lunes a un viernes o únicamente en fin de semana. Eso es la precariedad, el tener contratos que solo te permiten trabajar unos días con mucha intermitencia, etcétera. Y esto prácticamente no se ha mejorado, o no tanto como la tasa de temporalidad. Creo que ahí es a donde se deben centrar los esfuerzos en la siguiente legislatura.

Al final , se va tener que controlar más a los fijos discontinuos. Y (ante esa precariedad), a mí me gusta la mal llamada mochila austriaca, una cuenta individual depositada por el empresario a tu nombre, independientemente del contrato que tú tengas, de modo que tengas a tu nombre unos recursos para el momento que te despidan o, sin llegar al despido, usarlo también, por ejemplo, para un curso de formación o para cualquier cosa que te permita crecer profesionalmente. Y también se tienen que tomar muy en serio las políticas activas (de empleo), para que si estás trabajando en un sector que no tiene futuro te puedas reciclar y colocarte en otro. Es, por ejemplo, el modelo danés, lo que llama flexiseguridad: proteger al trabajador y no solo al puesto de trabajo.

P.– Terminemos por el principio, por el título de su libro, ‘La juventud atracada’. A esa generación Z e incluso millennial que ha pasado dos crisis, ¿qué futuro les augura, negativo o con un horizonte positivo?

R.– El libro lo trato de acabar desde un punto de vista más optimista. Cuando uno mira los datos y va leyendo el libro, se va dando cuenta de que esta generación millennial tardía y los zetas realmente han vivido una época en la que la renta per cápita no ha crecido y lo están teniendo mucho peor que mi generación, con la economía en contra. Porque el envejecimiento genera que tengas la economía en contra, la política en contra. Y porque también, como hemos dicho, la demografía política es importante.

Pero, al mismo tiempo, también es la primera generación global de jóvenes: el coste que suponía para mí, por ejemplo, irme a trabajar a otro país era muy alto, y no era mi modo de vida, no era mi cultura. En ese país no se escuchaba mi misma música, no se veía lo mismo que yo. Ahora esto no es así. Si uno tiene la suerte de ver cómo se desenvuelven los jóvenes, prácticamente están en casa en cualquier país, y la tecnología les acerca a precisamente a poder estar en contacto cercano con sus familiares. También les permite volar y trasladarse de forma mucho más barata.

Por lo tanto, si al final en España creamos un mundo que no les permite desarrollarse profesional y personalmente, estos jóvenes igual quizás voten con sus pies y esa amenaza  es la que nos replantee a mi generación, la X tardía o la generación boomer – que al final somos los que decidimos las elecciones –, que todas las políticas que benefician a los jóvenes generan más crecimiento, más productividad a largo plazo de la economía española y permiten que sea más fácil pagarte las pensiones. Así que, cuando veas todo en conjunto, creo que puedes acabar el libro con optimismo, porque una cosa son tus deseos (interesados en el presente) y otra lo que deberías hacer dada la realidad de los hechos.

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