China ya no es tan buen comprador

Los ganaderos de cerdo llevan un año vendiendo a pérdidas por la caída de las exportaciones a Asia

El retroceso de las ventas a China y el veto en Japón por miedo a la peste porcina golpean al sector

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El sector porcino acusa la caída de las ventas en Asia. EP

El próximo uno de diciembre se cumplirá un año desde que el precio medio de la carne de cerdo en las lonjas mayoristas de nuestro país cayó por debajo del coste de producción, lo que equivale a decir que por aquel entonces hará un año que los ganaderos —y, sobre todo, los grandes grupos en los que están integrados buena parte de ellos— están perdiendo dinero por cada kilo que le venden a la industria.

Esto puede resultar sorprendente, más aún para un sector que en los últimos tiempos ha sido —y lo sigue siendo, pese a todo— la niña bonita de la industria agroalimentaria española por su capacidad exportadora y sus ingresos récord, pero los datos oficiales son muy claros.

Puede tomarse cualquier estadística que se quiera, pues todas van en la misma dirección. La última oleada del informe económico trimestral publicada por el Ministerio de Agricultura, por ejemplo, reveló que este mes de octubre el coste de producir cien kilogramos de porcino (si solamente se contabilizan las compras de pienso) está alrededor de diez euros por debajo del precio de venta. Bien es cierto que ese margen se ha acortado desde los máximos de julio de este año, cuando los ganaderos llegaron a perder 25 euros por cada cien kilos, pero el problema es que la falta de rentabilidad persiste desde finales de 2025.

Otra fuente de datos útil es la cotización en la lonja de Lérida (Mercolleida), que tradicionalmente ha sido el principal termómetro del sector, dada la importancia productiva de esa región y de todo el valle del Ebro en general. El pasado 15 de octubre, el cerdo cotizaba en ese mercado a 1,24 euros por kilo de animal vivo, un valor manifiestamente insuficiente, ya que el coste de producción actual está en 1,37 euros/kilo, según explican a este periódico fuentes de la industria. De nuevo, lo preocupante es que la estadística está ‘del revés’ desde diciembre del año pasado.

¿Qué ha pasado con el porcino en el último año? La razón principal de esta mala evolución está en la coincidencia de un retroceso en las exportaciones a los mercados de Asia, que copan cerca del 40% de las ventas del sector al exterior, con un exceso de ‘stock’ en Europa que impide que los mercados se ajusten. Y, por supuesto, a todo esto hay que añadir el hallazgo de dos jabalíes silvestres positivos en peste porcina africana (PPA) a finales del año pasado en Barcelona, un incidente que puso al sector patas arriba.

Más de 31 años después, la temible enfermedad (aunque no reviste gravedad para las personas) había regresado a nuestro país, hecho que obligó a confinar todas las explotaciones ubicadas en un radio de 20 kilómetros alrededor del municipio de Bellaterra (una zona boscosa cercana a la capital catalana) y dejó a una buena parte de las granjas de la provincia sin la posibilidad de exportar. Sin embargo, más que eso, el problema fue la cerrazón de países como Japón y Filipinas, que se negaron a ‘regionalizar’ su reacción solo al área afectada y prohibieron las compras desde toda España por miedo al contagio.

Esto ha tenido un efecto sobre el comercio exterior que es imposible de ignorar. Hasta julio de este año, las exportaciones de carne de cerdo española a Japón han caído un 76% (según datos de la Comisión Europea), hasta apenas 26.682 toneladas -de productos que están excluidos del veto-. En el caso de Filipinas, el desplome es del 82% en el mismo período (hasta las 18.473 toneladas), aunque en ese mercado hay razones para el optimismo porque el pasado mes de mayo el Gobierno del archipiélago levantó la prohibición que pesaba sobre la carne española al aceptar el principio de regionalización, con lo que la exclusión quedó limitada a las explotaciones ubicadas en el área cercana al brote.

La partida, sin embargo, se juega principalmente en China, que hasta que estallara la crisis vírica copaba el 40% de las ventas extracomunitarias de los ganaderos españoles, por valor de unos 1.000 millones de euros al año. Afortunadamente, desde el primer momento Pekín aceptó seguir recibiendo cerdo de nuestro país (exceptuando el que se produce en Barcelona), con lo que las empresas han salvado los muebles.

Sin embargo, en la relación con el Gigante Asiático los obstáculos ahora son de otra índole, tanto estructurales como geopolíticos. En primer lugar, porque en los últimos años China está desarrollando una industria cárnica pujante que la está convirtiendo en una potencia cada vez más autosuficiente en porcino, a la vez que en un potencial competidor en los mercados de Asia. Y en segundo lugar, porque en diciembre de 2025 el régimen comunista impuso un arancel del 9,8% a las importaciones de porcino español.

Según el argumentario del régimen de Xi Jinping, esa tasa era la consecuencia de una investigación antidumping (por supuestas subvenciones en Europa que erosionarían la libre competencia) iniciada en 2024, aunque a nadie escapa que en realidad se trató de una respuesta a los aranceles a sus vehículos eléctricos que le impuso Bruselas en el verano de ese año. La única buena noticia para nuestro país es que el gravamen se quedó en el mínimo posible si se compara con los que recayeron sobre el resto de nuestros socios comunitarios, aunque también es cierto que algunos en el sector esperaban más, dadas las buenas relaciones de La Moncloa con el país asiático.

Entre una cosa y la otra, las ventas a China han caído un 22% entre enero y julio de este año, hasta las 250.747 toneladas, que es el valor más bajo para este período desde 2016. Para completar la fotografía, claro está, hay que referirse al mercado comunitario, que a fin de cuentas sigue siendo nuestro principal comprador. En este frente, el sector mantiene el tipo, pues entre enero y octubre las exportaciones aumentaron un 8,9%, según los últimos datos publicados por el Ministerio de Agricultura.

A partir de ahí, está por ver si las empresas consiguen remontar los malos resultados de este ejercicio, que ha supuesto un bache tras más de una década continuada de precios récord y producción creciente que han afianzado a nuestro país como tercer productor mundial de porcino.

A favor de los ganaderos podría jugar el hecho de que seis de cada diez producen bajo el modelo ‘integrado’, lo que significa que mantienen una relación a largo plazo y de exclusividad con un solo comprador, extremo que hasta ahora les ha permitido beneficiarse de un precio estable y de cierta seguridad frente a los vaivenes del mercado. La clave, por tanto, estará en las grandes integradoras como Piensos Costa, Grupo Fuertes (El Pozo) o Vall Companys y su capacidad de parar el golpe.

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