Aire acondicionado

Los arquitectos expertos coinciden y avisan a los españoles: «Nuestros balcones no están preparados para asumir el peso del aire acondicionado»

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Blanca Espada

El aire acondicionado se ha convertido en uno de los aparatos imprescindibles en muchas casas españolas todos los veranos. En el pasado, era raro ver los motores de este electrodoméstico en una fachada o en un balcón, pero ahora es algo de lo más habitual, cuando a veces la estructura del lugar en el que se cuelgan no ha sido diseñada para ello. Y no es sólo cuestión de espacio, de hecho, el arquitecto Josep Maria Boronat advierte que también hay que pensar en la resistencia y la conservación del balcón. Y es que añadir un equipo que pesa, vibra y expulsa agua no es una decisión que deba tomarse sin revisar antes dónde va a colocarse.

Boronat, presidente de la Agrupación de Arquitectos por la Defensa i la Intervención en el Patrimonio Arquitectònico (AADIPA), quiso mencionarlo al repasar la historia de los balcones. Lo hizo en la Cadena SER y su reflexión fue más allá de los aparatos de climatización ya que estos elementos de las fachadas han cambiado de aspecto y de uso según la época, pero siguen expuestos a la intemperie y al desgaste. El arquitecto recordaba que sus constructores resolvieron problemas como el desagüe con recursos que todavía funcionan, pero lo que no podían prever era que, muchos años después, algunos soportarían equipos mecánicos para los que no fueron concebidos.

Los arquitectos expertos coinciden y avisan a los españoles: «Nuestros balcones no están preparados para asumir el peso del aire acondicionado»

El motor de un aire acondicionado no es para nada, lo mismo que unas macetas o una mesa y una silla pequeñas. Ya que al margen de su volumen, mientras trabaja, su compresor y su ventilador generan vibraciones que pueden transmitirse al soporte y a los elementos cercanos. Boronat señala que este movimiento continuado puede favorecer la aparición o el agravamiento de daños en determinadas estructuras. El riesgo merece especial atención cuando el balcón ya tiene años y presenta piezas metálicas corroídas, fisuras o reparaciones antiguas. No se puede afirmar, por tanto, que cualquier aparato vaya a dañar el edificio; la respuesta depende de cómo esté construido el balcón, de su estado y de la forma en que se instale la máquina.

A las vibraciones se añaden además otros factores. La unidad desprende calor durante su funcionamiento y la instalación de climatización produce agua de condensación que debe evacuarse a un lugar adecuado. Si existen fugas o el desagüe está mal resuelto, la humedad puede acabar concentrándose donde no debería. «Además de las vibraciones, estos aparatos condensan agua, tienen pérdidas, generan calor y frío…», explicó el arquitecto a la Cadena SER. Son circunstancias diferentes, pero juntas ayudan a entender por qué conviene estudiar el emplazamiento antes de taladrar, fijar soportes o apoyar una máquina.

De los balcones de prestigio a los espacios de servicio

La advertencia resulta especialmente significativa en Barcelona, donde una parte de las fachadas conserva balcones con un notable valor histórico. Boronat explica que los primeros antecedentes eran estructuras de madera conocidas como solanas, desde las que se podía contemplar la calle. Después llegaron los voladizos del Barroco y, más tarde, los balcones modernistas, con barandillas y formas que no eran únicamente decorativas: también contaban quién vivía detrás de cada ventana. En los pisos principales se concentraban las piezas más vistosas, mientras que los balcones de las plantas altas acostumbraban a ser más discretos.

El arquitecto recuerda asimismo el trabajo de Josep Maria Jujol, colaborador de Gaudí, que dejó su huella en barandillas y balcones de gran personalidad. Esa historia explica por qué no todos los elementos exteriores admiten las mismas intervenciones. Lo que en un edificio reciente puede resolverse con una ubicación técnica prevista en el proyecto, en una fachada antigua exige estudiar los materiales, los anclajes y las posibles afecciones al patrimonio. La comodidad de tener el aire acondicionado no debe llevar a tratar cualquier balcón como si fuera una plataforma de instalaciones.

Las señales que conviene revisar antes de instalarlo

¿Qué debería mirar un propietario? Boronat menciona dos problemas que son habituales y que tienen que ver con la corrosión de las barandillas y las fisuras que pueden aparecer donde los metales se dilatan y empujan otros materiales. También conviene observar si hay desprendimientos, zonas húmedas o cambios visibles en los anclajes. Ninguna de estas señales permite por sí sola diagnosticar la seguridad de un balcón, y la ausencia de grietas tampoco garantiza que esté en perfectas condiciones. Si existen dudas, un técnico competente debe examinarlo antes de añadir cargas o modificar sus fijaciones.

El agua es otro asunto fundamental. Muchos balcones tradicionales tienen una pendiente discreta que conduce la lluvia hacia el exterior y un goterón que impide que resbale por la fachada. Tapar o alterar esos recorridos puede crear problemas que antes no existían. Pero no sólo eso, sino que además de comprobar la resistencia de la estructura, quien quiera instalar una unidad exterior debe revisar las normas de su comunidad y las ordenanzas municipales, porque las fachadas y los edificios protegidos pueden estar sujetos a restricciones.

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