A Carlos Espí le está cambiando la vida a una velocidad difícil de asimilar. Hace apenas unos meses peleaba por hacerse un nombre, este verano llegó al Real Madrid, Mourinho empezó a darle oportunidades, marcó goles importantes, hizo cinco con la Sub-21 -alguno dice que fueron cuatro— y, prácticamente sin tiempo para celebrarlo, recibió la llamada de Luis de la Fuente para incorporarse a la campeona del mundo. Tiene 21 años, pero quienes conviven diariamente con él destacan precisamente que todo lo que sucede a su alrededor no le ha cambiado.
«Es muy joven. Y hay muchos jóvenes en el vestuario. Efectivamente ha caído de pie. Es muy respetuoso con todos y con todo, y tiene un entorno también muy sereno», explican en el Real Madrid.
La impresión en la Selección es prácticamente idéntica. Espí llegó a la concentración de la absoluta cuando el grupo ya estaba formado y después de vivir unas horas frenéticas, pero su adaptación ha sido inmediata. «Es muy buen chaval», resumen desde dentro de la Selección.
De cinco goles a la llamada
Todo se precipitó con una actuación difícil de olvidar. Espí marcó cinco goles con la Sub-21 en el 0-13 contra San Marino. Un repóker que confirmó el extraordinario momento de un delantero que ya venía llamando con fuerza a la puerta de Luis de la Fuente.
Porque Mourinho ya había empezado a descubrirlo en el Real Madrid. Espí llegó procedente del Levante y, pese a la competencia existente en el ataque blanco, aprovechó sus oportunidades. Marcó ante el Espanyol y volvió a hacerlo contra el Elche, construyéndose rápidamente una fama de revulsivo capaz de aparecer prácticamente desde el primer balón. Su explosión con la Sub-21 hizo el resto.
Las molestias de Ferran Torres obligaron a De la Fuente a tomar una decisión y, siguiendo su política de riesgo cero con cualquier problema físico, optó por promocionar a Espí. El delantero abandonó la concentración de la Sub-21 en Ibiza y puso rumbo a Oviedo. Todo en cuestión de horas.
Una llegada diferente
Espí aterrizó prácticamente de emergencia en la concentración de España. Los plazos impidieron que pudiera entrar ante República Checa y tuvo que seguir el encuentro desde la grada, pero De la Fuente decidió mantenerle dentro de la dinámica de la absoluta.
Ahora viajará a Split con la posibilidad de completar una semana difícilmente imaginable. «Nunca me imaginé meter cinco goles con España. Es inexplicable, algo muy especial y estoy muy feliz», reconocía después de su exhibición con la Sub-21. Horas después estaba compartiendo concentración con los campeones del mundo.
Cucurella, su padrino
Y Espí no ha llegado completamente solo. Dentro del vestuario tiene a Marc Cucurella, compañero también en el Real Madrid y uno de los futbolistas que más le está ayudando durante sus primeros pasos con la Absoluta.
Cucurella ejerce de hermano mayor de un jugador que, por edad y carácter, tampoco ha tenido demasiadas dificultades para entrar en el grupo. El lateral celebró públicamente su convocatoria en Oviedo y dentro de la concentración ha ayudado a que todo resulte mucho más sencillo para un delantero que hace unos días ni siquiera podía imaginarse allí. Pero posiblemente la mejor ayuda para Espí esté siendo el propio Espí.
Los pies en el suelo
En el Real Madrid están especialmente satisfechos con cómo está gestionando su explosión. No sólo por lo que hace cuando juega, sino por todo lo que sucede fuera. Destacan su educación, su respeto hacia compañeros y empleados y, especialmente, la tranquilidad de su entorno. En un momento en el que todo sucede demasiado rápido, consideran fundamental que alrededor del jugador no exista ruido.
Tiene además una ventaja. No es el único joven. El vestuario del Madrid cuenta con varios futbolistas de su generación y eso ha facilitado una adaptación que desde dentro califican prácticamente de inmediata. «Ha caído de pie», explican.
En España piensan exactamente lo mismo. De marcar cinco goles con la Sub-21 a compartir hotel con los campeones del mundo. De intentar hacerse un hueco en el Real Madrid a poder debutar con la absoluta en Split. Todo en unos días.
Carlos Espí está viviendo en una nube. Pero quienes mejor le conocen destacan precisamente que sus pies continúan perfectamente pegados al suelo.