Comportamientos

Los psicólogos sugieren que los jubilados que guardan cosas nuevas sin estrenar no lo hacen por tacañería: tienen una mentalidad de escasez que su cerebro no puede superar

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Persona jubilada revisa una camisa nueva frente a su armario.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Un jubilado guarda una camisa nueva en el armario durante años, con la etiqueta todavía puesta, y nunca llega el día en que decide ponérsela. Los hijos suelen interpretarlo como tacañería, pero los psicólogos que estudian este comportamiento apuntan a otra causa: una mentalidad de escasez que el cerebro construyó durante décadas y que ya no distingue entre la crisis del pasado y la tranquilidad económica del presente.

Esta mentalidad no nace en la jubilación. Se forma en los años de mayor dificultad económica de cada persona y se queda instalada como un mecanismo de protección, mucho después de que esa dificultad haya desaparecido de su vida real.

La mentalidad de escasez que impide a los jubilados estrenar sus cosas nuevas

Quien crece en un entorno de recursos limitados aprende a proteger lo valioso para «cuando haga falta», y esa regla se automatiza en el cerebro hasta convertirse en un hábito permanente. El objeto nuevo, entonces, deja de ser algo para disfrutar y se transforma en una reserva de seguridad que hay que conservar intacta.

A esa lógica se suma la trampa del momento especial. La mente posterga el uso de cada artículo esperando una ocasión que esté a la altura, y como el día a día resulta demasiado ordinario para justificar el estreno, ese momento nunca llega.

La reducción o la estabilización de los ingresos que trae la jubilación refuerza además un estado de alerta constante, que interpreta cualquier gasto o desgaste como una amenaza económica, aunque no exista un motivo real para ello.

Por qué el cerebro no puede superar la mentalidad de escasez en la vejez

Una conducta repetida durante 40 o 50 años deja una huella física en el cerebro. Cada decisión tomada bajo la lógica del ahorro extremo refuerza la misma ruta neuronal, y esa ruta se vuelve tan sólida que, en la vejez, el cerebro tiene mucha menos capacidad para crear conexiones nuevas y adoptar otra forma de pensar.

La pérdida de fuerza física, de salud o de red social que acompaña al envejecimiento empuja además a muchas personas mayores a aferrarse con más fuerza a sus objetos, como forma de compensar ese control que sienten que están perdiendo en otros terrenos de su vida. El cerebro sabe también que la etapa de generar ingresos ya terminó, así que interpreta usar o gastar algo nuevo como una pérdida que ya no se puede reponer.

Detrás de todo esto actúan mecanismos muy concretos. Estrenar o gastar algo valioso activa en el cerebro zonas similares a las del dolor físico, así que guardarlo evita esa sensación desagradable. Retener objetos intactos, además, ofrece una sensación de control frente a la incertidumbre, mientras que el propio hecho de poseer algo nuevo dentro de su caja genera una satisfacción que desaparece en el momento en que se usa, y esa pérdida activa la parte del cerebro que procesa el miedo.

Qué suelen guardar los jubilados con mentalidad de escasez

Los objetos que se acumulan bajo este patrón comparten un rasgo común: representan un lujo, una comodidad superior o una garantía para el futuro. La ropa «de salir» encabeza la lista, con camisas o vestidos que conservan la etiqueta, junto a sábanas de calidad, manteles bordados o zapatos de cuero que se reservan para una fiesta que no llega, hasta que el material se estropea por el paso del tiempo.

La cocina guarda otro bloque frecuente: vajillas de porcelana, copas de cristal o cubertería reservada solo para visitas importantes, además de electrodomésticos que permanecen dentro de su caja por miedo a que se rompan con el uso.

Los perfumes y los sets de cosmética de marcas reconocidas se evaporan o caducan sin abrirse, mientras que herramientas nuevas conviven en el garaje con herramientas viejas y oxidadas que se sigue usando por costumbre. Botellas de vino o alimentos gourmet guardados para una gran celebración cierran esta lista, y con frecuencia terminan caducando antes de que esa celebración llegue.

Cómo hablar con un jubilado sin activar su mentalidad de escasez

Pedirle directamente que use algo suele producir el efecto contrario, porque el cerebro interpreta esa petición como una amenaza a su seguridad y se cierra. El primer paso, antes de sugerir nada, es validar el esfuerzo que hubo detrás de conseguir y guardar ese objeto, para que la persona sienta que su instinto de protección tuvo sentido en su momento.

El argumento que mejor funciona no apela al disfrute personal, sino al vínculo afectivo. Una frase como «me haría muy feliz verte con esa camisa hoy» conecta con la necesidad de hacer felices a quienes quiere, algo que suele pesar más que cualquier razonamiento económico.

Conviene evitar frases que generen culpa o miedo, como recordarle que no se llevará nada consigo o llamarle tacaño, porque ese tipo de comentarios solo refuerzan la resistencia.

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