Los psicólogos expertos coinciden: las personas que no hacen la cama por la mañana no son procrastinadores, en realidad tienen una característica envidiable
Quienes no hacen la cama puede que organicen el día de otro modo y tengan otras prioridades
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Con el ritmo de vida que llevamos, y más teniendo en cuenta que en apenas unos días todos estaremos de vuelta a la rutina tras las vacaciones, seguro que más de una mañana apenas te da tiempo a hacer la cama. Algo que para muchos supondrá un problema mientras para otros, no les provocará nada. ¿Por qué motivo? Es sorprendente pero los psicólogos expertos coinciden en que las personas que no hacen la cama por la mañana no son siempre procrastinadores, sino que en realidad tienen una característica envidiable.
Hacer la cama por las mañanas, si lo piensas, no es algo tan sumamente importante. Cierto es que siempre se ha asociado más a ser alguien ordenado o alguien que intenta mantener cierto orden en su casa, frente a quienes siempre se olvidan o sencillamente, no se preocupan por hacer la cama. Pero ¿en realidad estas personas están procrastinando?, es decir, ¿están dejando para después una obligación que deberían hacer en ese momento o simplemente han decidido que no merece la pena dedicarle tiempo?. La diferencia puede parecer pequeña, pero cambia bastante la interpretación. La psicóloga Leticia Martín Enjuto explica que no hacer la cama no tiene por qué responder únicamente a la procrastinación. También puede estar relacionado con algo mucho más positivo y que es una característica que muchos desearían tener.
Las personas que no hacen la cama por la mañana tienen una característica envidiable
La respuesta que ofrece la psicóloga Leticia Martín Enjuto tiene que ver con la flexibilidad. Hay personas que no necesitan cumplir cada mañana una lista de tareas en el mismo orden y que son capaces de modificar sus hábitos dependiendo de las circunstancias. Si un día hay tiempo para hacer la cama, la hacen. Si van con prisa o tienen algo más importante que resolver, pueden dejarla sin hacer sin que eso les genere ningún problema.
Y precisamente ahí estaría la diferencia con alguien que procrastina. No hacer algo porque hemos decidido que puede esperar no es exactamente lo mismo que querer hacerlo y aplazarlo continuamente. En el caso de la cama, puede que ni siquiera exista esa sensación de tener una obligación pendiente. Simplemente, dentro de todo lo que hay que hacer antes de salir de casa, colocar las sábanas no ocupa uno de los primeros puestos.
La especialista señala que este comportamiento puede aparecer en personas con rutinas menos rígidas, capaces de adaptarlas cuando cambia el día. Y eso resulta especialmente fácil de entender cuando pensamos en nuestras propias mañanas. No tenemos el mismo tiempo un lunes de trabajo que un domingo, ni actuamos igual cuando nos levantamos tarde, tenemos que llevar a los niños al colegio o surge cualquier imprevisto antes de salir por la puerta.
Una rutina flexible no significa vivir sin organización
Aquí podemos introducir una diferencia importante. Ser flexible con determinadas costumbres no implica necesariamente vivir en el desorden. Tampoco hay que pensar que quien deja la cama sin hacer lleva necesariamente una vida desordenada. Puede que simplemente sea una de esas tareas a las que no da demasiada importancia, especialmente cuando por la mañana tiene otras cosas que hacer. Al final, no todo lo que repetimos a diario es igual de necesario ni tenemos por qué hacerlo siempre a la misma hora.
Hay días en los que será necesario alterar el orden, eliminar alguna tarea o dejarla para después. La flexibilidad consiste precisamente en poder hacer esos cambios sin sentir que todo lo demás se descontrola. Por eso, la cama sirve en este caso como un ejemplo de algo mucho más cotidiano. Quien no siente la necesidad de dejarla perfecta cada mañana puede estar dando prioridad a otras cosas y adaptando sus hábitos al tiempo del que dispone. No se trata necesariamente de hacer menos, sino de decidir qué hacer primero.
No todo el que deja la cama sin hacer es igual
Eso sí, tampoco podemos darle la vuelta a la idea y concluir que cualquiera que duerma con las sábanas revueltas es automáticamente más flexible. Martín Enjuto habla de posibles explicaciones, no de una característica que pueda atribuirse a todo el mundo por un único hábito. En algunos casos sí puede existir procrastinación, especialmente cuando dejar la cama para después forma parte de una tendencia a aplazar constantemente otras tareas. La interpretación también cambia si el desorden aparece acompañado de una falta general de interés por las obligaciones cotidianas. La psicóloga menciona en estos casos factores como el cansancio, el estrés, la falta de motivación o el malestar emocional.
Pero si hablamos únicamente de alguien que sale por la mañana y deja la cama tal y como se levantó, no hay motivos para identificar ese gesto automáticamente con pereza o procrastinación. Puede que simplemente tenga una manera menos rígida de organizarse y no considere imprescindible cumplir todos los días con una costumbre que, al fin y al cabo, puede esperar.
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