Comportamientos

Los psicólogos coinciden: las personas que llegan tarde al trabajo no es que sean impuntuales, sino que pueden estar sufriendo ansiedad

Hombre, horario, tarde, reloj
Persona joven consulta el reloj antes de salir de casa.
  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Llegar tarde al trabajo de forma repetida no siempre responde a la desorganización, muchas personas impuntuales utilizan el retraso como un mecanismo de defensa frente a la ansiedad que les genera el entorno laboral.

Este comportamiento no responde a una elección consciente. La persona posterga el momento de llegar porque anticipar la jornada le provoca una tensión que necesita gestionar antes de enfrentarse a ella, y el retraso se convierte, sin que lo perciba, en una forma de ganar tiempo.

La ansiedad detrás de la impuntualidad laboral

La ansiedad de transición explica gran parte de este patrón. El simple cambio de ambiente, salir de casa y entrar en el espacio de trabajo, genera un estrés inconsciente que frena a la persona sin que ella misma lo relacione con su retraso. A esto se suma la evitación conductual, posponer la llegada funciona como una manera de retrasar el contacto con un entorno que la persona percibe como hostil o exigente.

El perfeccionismo también interviene. Quien necesita salir de casa con todo perfectamente preparado, la ropa, las llaves, cada detalle pendiente, invierte más tiempo del que había planeado sin darse cuenta. La ansiedad, además, distorsiona la percepción del tiempo y lleva a subestimar la duración real de un trayecto, un sesgo de planificación que se suma al resto de factores.

Otras causas psicológicas, como el TDAH, la depresión o un optimismo excesivo sobre cuánto se tarda en llegar a cualquier sitio, pueden generar un efecto similar sin que la ansiedad sea necesariamente la raíz.

Cómo saber si la impuntualidad es un hábito o un síntoma de ansiedad

El primer indicio está en el factor que dispara el retraso. Quien llega tarde por un hábito de mala gestión del tiempo lo hace en cualquier tipo de cita, ya sea una reunión de trabajo, una cena o el cine. Quien llega tarde por ansiedad, en cambio, ve cómo su retraso se intensifica específicamente en situaciones donde siente que será evaluado o juzgado, como el trabajo o una reunión formal.

El estado emocional antes de salir marca otra diferencia clara. La persona con un simple hábito de impuntualidad suele estar relajada o distraída, con algo de prisa de última hora pero sin sufrimiento real. La persona con ansiedad, en cambio, experimenta bloqueo o pensamientos que se repiten una y otra vez, con síntomas físicos como taquicardia o sudoración, y anticipa escenarios catastróficos sobre lo que ocurrirá al llegar.

Durante el trayecto, quien tiene un hábito de impuntualidad asume el retraso con resignación y busca distracciones, como música o llamadas. Quien llega tarde por ansiedad arrastra un sentimiento intenso de culpa y vergüenza, ensaya disculpas de forma excesiva y en algunos casos llega a cancelar su asistencia para evitar el momento de la llegada.

Ante un imprevisto, además, la diferencia se repite, la falta de previsión explica el retraso habitual, mientras que la parálisis por revisar de forma obsesiva las llaves, el gas o el propio aspecto es la que termina generando, de forma paradójica, el retraso relacionado con la ansiedad.

Herramientas para dejar de llegar tarde, según la causa

Cuando el origen es la ansiedad, el objetivo pasa por calmar el sistema nervioso antes de salir de casa. La regla de los dos minutos ayuda a romper el bloqueo inicial: basta con realizar una sola acción física pequeña, como ponerse un zapato, para desatascar la mente. Escribir el peor escenario posible y asignarle una probabilidad real, la técnica de la peor opción, suele mostrar que ese desenlace casi nunca resulta tan grave como parecía.

Una alarma que suene 15 minutos antes de la hora de salida, no como aviso de que hay que irse ya sino como señal de que toca dejar de prepararse, corta el ciclo de revisión constante. Eliminar la última tarea, ese «antes de irme voy a fregar este plato» o «voy a responder este correo», quita a la mente el ancla que más prolonga la salida.

Cuando el origen es un hábito de mala gestión del tiempo, la solución pasa por corregir el cálculo y añadir estructura. Sumar la hora de entrada, los minutos de trayecto, un margen de quince minutos y el tiempo necesario para vestirse da la hora real en la que hay que empezar a prepararse, en lugar de fiarse de una estimación aproximada. La técnica del amortiguador, planificar la llegada media hora antes de la hora exigida, deja un colchón que absorbe cualquier imprevisto.

Dejar la ropa, las llaves, la mochila y el almuerzo listos la noche anterior elimina decisiones por la mañana, y bloquear el tiempo del trayecto en el calendario, como si fuera una reunión más, evita programar cualquier otra tarea justo antes de salir.

Nadie está obligado a elegir un solo lado de estas herramientas. Quien reconoce elementos de ansiedad y de mala gestión del tiempo a la vez puede combinar ambos enfoques, y buscar apoyo profesional cuando la ansiedad de fondo persiste más allá de estos ajustes prácticos.

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