Trastorno afectivo estacional: las claves para no veranear con ansiedad
Los expertos aseguran que existe mucha presión alrededor de cómo debería vivirse el verano
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La llegada del verano puede ocasionar problemas para dormir, falta de apetito, inquietud o agitación, ansiedad; incluso puede sacar una parte violenta. Son los síntomas de quienes padecen trastorno afectivo estacional. Se trata de un tipo de depresión que surge en una época concreta; en el caso del veraniego, empieza al final de la primavera o al inicio del verano y dura hasta que comienza el otoño.
Pero no es la única causa que puede estropear un verano. En la actualidad, vivimos rodeados de pantallas que muestran supuestas vidas idílicas, llenas de planes perfectamente documentados para las redes sociales y con cuerpos inalcanzables. Es decir, las redes sociales «no solo muestran imágenes, construyen narrativas sobre cómo debería ser una vida deseable», explica a OKSALUD la psicóloga María Jesús Giménez, psicóloga y cofundadora de DeXaZ.
Así, la llegada de las vacaciones y el ritmo de las redes sociales amplifican las exigencias de verano: la necesidad de documentar cada momento para ser validado y dejar constancia de que se disfruta. De modo que, en lugar de regresar con ‘las pilas cargadas’, la sensación es de ansiedad.
Escaparate emocional
Para Giménez, «muchas personas no necesitan un verano más espectacular. Necesitan poder vivirlo con menos presión y más realidad». De acuerdo con su experiencia, hay quien llega después del verano «con una sensación de frustración difícil de explicar porque, en teoría, deberían sentirse mejor». Sin embargo, «existe mucha presión alrededor de cómo debería vivirse el verano», y «el ocio en general», puntualiza: «Parece que hay que aprovecharlo, descansar perfectamente, socializar, viajar y sentirse feliz. Y cuando la experiencia real no coincide con esa expectativa, puede aparecer sensación de vacío, comparación o incluso culpa». En definitiva, «el contexto actual nos empuja constantemente a vivir experiencias de forma intensa y visible, en lugar de simplemente habitarlas», advierte.
«Tradicionalmente, el verano ha concentrado muchos elementos sensibles a nivel psicológico: el cuerpo, la exposición social, la idea de éxito vital, el ocio, la pareja y amigos, la vida social», rememora la psicóloga Giménez. «Todo eso se convierte en una especie de escaparate emocional» porque existe una «hiperconciencia» constante acerca de la forma de vivir y la manera de ser percibidos, dos cuestiones que generan, explica esta experta, «mucha auto-observación y comparación».
Perfiles afectados
El SAD es un tipo de depresión que suele afectar más a las mujeres que a los hombres; si bien es más frecuente que ocurra en invierno, algunas personas lo desarrollan en verano, dando al traste con la opción de pasar unas vacaciones reconfortantes, tal y como advierte el Instituto de Salud Mental de Estados Unidos.
En cuanto al estrés que generan las redes sociales, la población que puede tener más riesgo son los jóvenes y adultos jóvenes, porque, tal y como explica Giménez: «Son generaciones que han crecido muy expuestas a redes sociales y a dinámicas de comparación constante».
No obstante, esta psicóloga puntualiza que «también afecta mucho a personas con perfiles perfeccionistas o muy autoexigentes, y a quienes vinculan mucho su valor personal con la validación externa».