La psicología explica por qué algunas personas guardan cajas y bolsas: no es desorden, es una forma de anticiparse al futuro
Conservar embalajes, bolsas o envoltorios puede estar relacionado con la previsión, el ahorro y el deseo de tener recursos disponibles ante posibles imprevistos
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Hay casas en las que nunca se tira una bolsa de regalo, una caja de zapatos o el envoltorio de un producto porque, tarde o temprano, puede servir. Aunque desde fuera este comportamiento puede parecer simple acumulación, la psicología ofrece una explicación bastante más interesante. Guardar objetos que todavía pueden tener una utilidad futura puede responder a la previsión, al ahorro y a la necesidad de sentirse preparado ante situaciones que todavía no han ocurrido. Sin embargo, la evidencia científica también establece una diferencia importante entre conservar cosas de manera práctica y desarrollar una conducta de acumulación problemática.
Pensar en el futuro
Guardar una caja porque quizá sea útil para una mudanza, conservar bolsas para reutilizarlas o mantener papel de regalo para una celebración futura son comportamientos que tienen una explicación sencilla, ya que la persona que lo hace atribuye al objeto una utilidad que todavía no necesita, pero que podría necesitar más adelante.
Un análisis de psicología publicado en 2024 que reunió 59 estudios y 366 muestras encontró que las actitudes hacia la reutilización, la percepción de que esa conducta es eficaz y el conocimiento sobre ella son algunos de los factores más relacionados con la decisión de volver a utilizar objetos.
No es lo mismo que acumular
Aquí aparece la diferencia fundamental. Guardar diez bolsas dobladas en un cajón porque se utilizan para la basura o para transportar objetos no equivale a un trastorno de acumulación. La psicología explica que este trastorno implica una dificultad persistente para desprenderse de posesiones, independientemente de su valor, que termina generando acumulación y afecta al uso normal de los espacios de la vivienda.
Por tanto, el número de objetos no es el único factor importante. También importa qué ocurre cuando llega el momento de desprenderse de ellos. Si tirar una caja innecesaria produce una angustia desproporcionada, si las habitaciones comienzan a quedar inutilizadas o si la acumulación interfiere en la vida cotidiana, ya no estaríamos simplemente ante una costumbre de reutilización o previsión.
Cuando el por si acaso tiene sentido
Guardar cajas o bolsas no permite diagnosticar ningún rasgo de personalidad concreto. Puede revelar simplemente una mentalidad práctica, una preocupación por no desperdiciar recursos o el deseo de estar preparado. La clave está en el equilibrio, porque reutilizar lo que realmente puede servir es una conducta perfectamente normal, ya que conservar absolutamente todo por miedo a necesitarlo algún día puede convertirse en un problema.
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