La psicología afirma que las personas que vuelven a la playa una y otra vez no sólo se relajan, sino que pueden estar restaurando algo más profundo
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Durante mucho tiempo se consideró que la sensación de bienestar que se experimenta en la playa estaba relacionada principalmente con el contexto vacacional y el descanso. Sin embargo, las investigaciones más recientes sugieren que el propio contacto con el agua desempeña un papel relevante en la mejora del bienestar psicológico. En este contexto, la psicología ambiental utiliza el concepto de espacios azules para designar aquellos entornos en los que el agua constituye el elemento predominante, como mares, océanos, ríos, lagos, embalses o zonas costeras.
Entre las investigaciones más destacadas sobre este tema se encuentra el proyecto BlueHealth, financiado por la Unión Europea, cuyo objetivo fue analizar la influencia de los espacios azules sobre la salud y la calidad de vida. A partir del estudio de miles de participantes procedentes de 18 países europeos, los resultados mostraron que el acceso frecuente y el uso recreativo de estos entornos se relacionan con una mejor salud percibida, mayores niveles de bienestar psicológico y una mejor calidad de vida.
¿Por qué hay personas a las que les gusta tanto la playa?
En el ámbito de la psicología ambiental y la salud pública, el término «espacios azules» se utiliza para hacer referencia a aquellos entornos naturales donde el agua constituye el elemento predominante y visible, como mares, océanos, ríos, lagos o zonas costeras. Según los psicólogos, favorecen la práctica de actividad física, ya que incentivan actividades como caminar, correr o nadar. Asimismo, reducen el estrés y la fatiga mental, al tiempo que facilitan la interacción social. A ello se suman factores ambientales, como una mejor calidad del aire, la belleza paisajística y la sensación de amplitud, que incrementan la percepción de bienestar.
Aunque los espacios azules comparten algunas características con los espacios verdes, como parques o bosques, la evidencia sugiere que los entornos acuáticos presentan cualidades sensoriales particulares; el sonido constante y repetitivo de las olas, la amplitud del horizonte y el movimiento suave del agua captan la atención de forma involuntaria, favoreciendo un estado de calma sin producir una sobrecarga cognitiva.
A diferencia de los entornos urbanos, caracterizados por el tráfico, el ruido, la sobreestimulación y el uso continuo de dispositivos electrónicos, las playas representan un ambiente con menores demandas para la atención. Esta disminución del esfuerzo cognitivo puede explicar por qué muchas personas experimentan una sensación de relajación, claridad mental y bienestar tras pasar tiempo junto al mar.
Por otro lado, la teoría del apego al lugar sostiene que determinados espacios naturales adquieren un significado personal a través de las experiencias. En este sentido, las playas pueden asociarse con recuerdos de la infancia, momentos familiares, experiencias significativas o sentimientos de pertenencia. Como consecuencia, estos lugares dejan de ser únicamente espacios de recreación y pasan a formar parte de la identidad personal, fortaleciendo el vínculo emocional entre el individuo y el entorno.
Teoría de la Restauración de la Atención (ART) de Kaplan
«La Teoría de la Restauración de la Atención, o ART, propone que la exposición a la naturaleza no sólo es agradable, sino que también puede ayudarnos a mejorar nuestra atención y capacidad de concentración. Esta teoría fue desarrollada y popularizada por Stephen y Rachel Kaplan a finales de los años ochenta y principios de los noventa, un periodo caracterizado por el rápido avance tecnológico y el creciente entretenimiento en interiores. A medida que la gente (y especialmente los niños) pasaba cada vez más tiempo dentro de casa, aumentaba la preocupación por la falta de tiempo en la naturaleza», explica Positive Psichology.
Stephen y Rachel Kaplan (1989) plantearon que el proceso de restauración psicológica se desarrolla a través de cuatro estados cognitivos o niveles de atención: mayor claridad mental o concentración, recuperación de la fatiga mental, fascinación suave o interés y, finalmente, reflexión y restauración.
La primera fase corresponde a la clarificación de la mente. Durante este momento, los pensamientos, preocupaciones y la información residual derivada de actividades que exigían una elevada atención aparecen de forma espontánea y, gradualmente, desaparecen.
En la segunda fase comienza la restauración propiamente dicha. Tras realizar tareas que demandan una atención sostenida y un importante esfuerzo cognitivo, es habitual experimentar cansancio mental. En esta etapa, la capacidad de atención dirigida empieza a recuperarse.
La tercera fase se caracteriza por dirigir la atención hacia estímulos agradables y poco exigentes. Este tipo de interés involuntario disminuye el ruido mental, favorece la relajación y genera un estado de calma que facilita la recuperación psicológica.
Finalmente, cuando el individuo permanece durante un periodo prolongado en un entorno que reúne las características de un ambiente restaurador, puede alcanzar la última fase. En este estado se produce una recuperación más profunda de la atención, acompañada de un proceso de reflexión sobre la propia vida.
Finalmente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la evidencia científica respalda una asociación positiva entre la exposición a los espacios azules y la salud mental.