Minerales

Mientras el mundo se obsesiona con el coltán, pocos saben que una montaña de móviles usados puede producir más oro que una tonelada del propio mineral

móviles usados oro
Blanca Espada

Durante años mucho se ha hablado del coltán, del litio y, más recientemente, de las tierras raras. Son materiales que aparecen una y otra vez al respecto de coches eléctricos, teléfonos móviles o de la dependencia tecnológica de Europa y por ello todas las miradas suelen ir dirigidas a las minas y hacia los países que concentran las principales reservas. Sin embargo, existe otra fuente de materias primas bastante menos espectacular y que tenemos mucho más cerca: los aparatos electrónicos que tiramos.

Un móvil antiguo guardado en un cajón no parece precisamente una mina de oro. Y, así sin más, desde luego que no lo es, pero lo que pocos saben es que dentro de sus circuitos existen cantidades minúsculas de oro, plata, cobre, paladio y otros materiales. Podemos entonces pensar que lo importante está no en un sólo móvil sino en miles y que de hecho, ya se empieza a hablar de la llamada «minería urbana» o urban mining que no consiste en abrir nuevas explotaciones bajo una ciudad, sino en tratar los residuos que hemos ido acumulando como lo que también son: depósitos de materias primas. Así, ordenadores, teléfonos, electrodomésticos y placas electrónicas que han terminado su vida útil todavía conservan materiales que costó mucho obtener y que pueden volver a utilizarse.

Una montaña de móviles usados puede producir mucho oro

Los fabricantes no utilizan oro en los circuitos para encarecer o hacer más exclusivo un dispositivo. Tiene una función muy concreta ya que es buen conductor de la electricidad y, además, resiste la corrosión, algo especialmente útil en conexiones que deben seguir funcionando correctamente durante años. Cada teléfono lleva muy poco, pero basta multiplicar esa pequeña cantidad por cientos de miles de aparatos para cambiar la escala. Para que nos hagamos una idea, frente a los aproximadamente cinco gramos de oro que puede ofrecer una tonelada de mineral aurífero (que contiene ori), una tonelada de teléfonos viejos puede situarse entre los 150 y los 280 gramos. La concentración depende del tipo y la antigüedad de los dispositivos, por lo que no todos los residuos electrónicos ofrecen el mismo rendimiento. Aun así, la diferencia con muchos minerales extraídos directamente del suelo resulta considerable.

Y no todo es oro. En una tonelada de teléfonos puede haber alrededor de 100 kilos de cobre y varios kilos de plata, además de paladio y otros metales utilizados por la industria. Lo que normalmente llamamos basura electrónica contiene, por tanto, materias primas que posteriormente habrá que volver a extraer de algún lugar si simplemente dejamos que terminen en un vertedero.

Japón convirtió millones de móviles viejos en medallas olímpicas

La llamada minería urbana no es únicamente una posibilidad planteada sobre el papel. Japón ofreció uno de los ejemplos más llamativos con los Juegos Olímpicos de Tokio. En 2017 comenzó una campaña para que los ciudadanos entregasen teléfonos móviles y pequeños aparatos electrónicos que ya no utilizaban. El objetivo era poco habitual: fabricar con ellos las medallas de los Juegos.

La respuesta permitió reunir cerca de 79.000 toneladas de dispositivos electrónicos y más de 6,2 millones de teléfonos. Una vez procesados, de aquellos residuos se obtuvieron unos 32 kilos de oro, 3.500 kilos de plata y aproximadamente 2.200 kilos de cobre. Con esos materiales pudieron fabricarse alrededor de 5.000 medallas olímpicas y paralímpicas. El proyecto tenía una evidente carga simbólica, pero dejó también una imagen difícil de ignorar. Japón, un país con recursos minerales naturales limitados, consiguió reunir los metales necesarios para las medallas buscando en los dispositivos que sus ciudadanos ya consideraban inútiles.

El gran problema está en todo lo que todavía no reciclamos

La cantidad de material disponible crece cada año. El Global E-waste Monitor 2024, elaborado por la Unión Internacional de Telecomunicaciones y UNITAR, calcula que en 2022 se generaron 62 millones de toneladas de residuos electrónicos en todo el planeta. Si la tendencia continúa, en 2030 podrían alcanzarse los 82 millones.

Lo más llamativo es lo poco que recuperamos. Sólo el 22,3% de los residuos electrónicos de 2022 constaban como recogidos y reciclados formalmente. El mismo informe calcula que los metales presentes en toda esa basura alcanzaban un valor aproximado de 91.000 millones de dólares. Gran parte terminó enterrada, almacenada o tratada fuera de los circuitos adecuados.

Recuperarlos tampoco significa que cualquiera pueda desmontar un teléfono y extraer el oro en casa. El tratamiento de placas electrónicas necesita procesos industriales, control de sustancias contaminantes y una correcta gestión de baterías y residuos. La quema de componentes o el uso improvisado de ácidos, prácticas presentes en algunos circuitos informales de reciclaje, pueden provocar contaminación y graves problemas de salu, pero lo cierto es que mientras gobiernos y empresas buscan nuevos yacimientos para alimentar una demanda tecnológica que no deja de crecer, millones de pequeños depósitos de metales siguen acumulándose en casas y vertederos. De este modo puede que la próxima mina no tenga túneles ni excavadoras, sino que es posible que lleve años apagada dentro de un cajón.

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