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El proverbio de la Edad Media que no gusta en Andalucía aunque en su origen era un elogio: «Cordobés y hombre de bien no puede ser»

Proverbio de la Edad Media
Multitud cruzando el histórico puente romano de Córdoba. Foto: Pexels.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Pocos dichos del refranero español son tan desafortunados y generan tanta incomodidad en una ciudad como «cordobés y hombre de bien no puede ser». Leído al pie de la letra, este proverbio de la Edad Media parece negar que alguien nacido en Córdoba pueda ser honrado, y así se ha usado durante generaciones, casi siempre en tono de burla y lejos de la propia ciudad.

El problema está en la expresión hombre de bien, que no siempre ha significado lo mismo. Las palabras cambian con los siglos y algunos refranes sobreviven a su contexto, de modo que acaban por decir justo lo contrario de lo que se quiso expresar. Eso es, según la explicación más extendida, lo que habría ocurrido con esta frase.

El proverbio de la Edad Media que parece criticar a los cordobeses, pero que en realidad era un elogio

La versión más popular sitúa el nacimiento del refrán en la Baja Edad Media, cuando la expresión hombre de bien se aplicaba a los miembros de la nobleza y de las clases privilegiadas. Según esa tradición, también se llamaba así a los hijos ilegítimos de los señores, que por llevar su sangre gozaban de ventajas negadas al resto de los vecinos.

Esos hijos habrían nacido del llamado derecho de pernada, el supuesto privilegio que permitía al señor feudal pasar la noche de bodas con la esposa de un vasallo.

En este sentido, la tradición sostiene que en Córdoba esa práctica se cortó de raíz y que allí no nacían bastardos de la nobleza. De ahí la frase: un cordobés no podía ser hombre de bien porque no llevaba sangre de aquellos señores.

Leído así, el proverbio deja de ser un insulto y se convierte en una muestra de orgullo. Ser cordobés significaba no descender de quienes abusaban de su posición, una idea que encaja con la fama de carácter independiente que acompaña a la provincia.

Para explicarlo, suele citarse un episodio real, ocurrido en un pueblo del norte de Córdoba a finales del siglo XV.

Ahondando en Fuente Obejuna, la revuelta que da sentido al refrán

En la madrugada del 22 al 23 de abril de 1476, los vecinos de Fuente Obejuna se levantaron contra Fernán Gómez de Guzmán, comendador mayor de la Orden de Calatrava, y acabaron con su vida. La villa, que había pertenecido a Córdoba, llevaba años bajo su control, y las crónicas le atribuyen robos de cosechas, abusos y agresiones a las mujeres del pueblo.

Según la tradición que inmortalizó Lope de Vega en Fuenteovejuna (1619), cuando los jueces preguntaron quién había matado al comendador, todos respondieron lo mismo: «Fuenteovejuna, señor».

Como no hubo un culpable concreto, el rey Fernando acabó por perdonar a los vecinos y la villa volvió a depender de Córdoba, que pagó parte de la compensación a la Orden de Calatrava.

Entre tanto, la conexión con el refrán surge del relato popular. Según recoge Diario Córdoba, la oposición de los vecinos a los abusos habría llevado a suprimir el derecho de pernada en la provincia, y con él desaparecieron los hombres de bien de sangre noble.

Esto es lo que dice la historia sobre el derecho de pernada

El punto débil de esta explicación es que se apoya en una práctica cuya existencia los historiadores ponen en duda. El medievalista francés Alain Boureau revisó las fuentes en Le droit de cuissage (1995) y concluyó que no hay pruebas de un derecho legal reconocido sobre las recién casadas, aunque sí abundaron los abusos sexuales de los poderosos sobre sus vasallos.

En la península, la referencia escrita más citada procede de Cataluña. La Sentencia Arbitral de Guadalupe, dictada por Fernando el Católico en 1486, abolió los llamados malos usos (que afectaban a unas 40.000 familias campesinas) y prohibió expresamente que los señores pasaran la primera noche con la esposa del campesino.

Aun así, ya en 1462 algunos señores aseguraban desconocer esa costumbre. Y nada de esto confirma que el refrán naciera en Córdoba por esos motivos.

De hecho, podría tratarse de una explicación tradicional y no de un origen probado. Lo que sí parece claro es que la imagen de un pueblo que no se doblega ante los señores encaja con la memoria de Fuente Obejuna, y por eso esta versión ha calado.

Otras lecturas de este proverbio de la Edad Media que involucra a los cordobeses

La pernada no es la única interpretación. Otra versión sitúa el dicho en un cortijo, donde un casero se habría negado a entregar a su hija al dueño de la finca y este le habría respondido con la famosa frase.

Incluso, una tercera lo vincula a las esposas engañadas, que lo usarían contra maridos con amantes, algo habitual entre los hombres acomodados de otras épocas.

Hoy, la RAE define a una persona de bien como «honrada o de buen proceder», y ese sentido moderno explica por qué la frase molesta. Algunos cordobeses le han dado la vuelta con humor.

Por ejemplo, una copla atribuida al cronista Miguel Salcedo Hierro aconseja: «Cordobesa, cuando vayas / a ver a San Rafael, / pide que tu novio sea / cordobés y hombre de bien».

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