Proverbio árabe del día: «Cuando quieres hacer algo, encuentras el medio por difícil que sea; cuando no quieres hacerlo fácilmente encontrarás una excusa»
El significado del proverbio árabe "quien camina sólo llega más rápido, pero quien camina acompañado llega más lejos"
Qué significa el proverbio árabe: "Un puñado de abejas vale más que un saco de moscas"
"Si tienes dos orejas, dos ojos y solo una boca, es porque tenemos que escuchar y ver dos veces antes de hablar"
Los proverbios árabes llevan siglos utilizando comparaciones sencillas para hablar del carácter humano. Su fuerza está en la economía de palabras: una sola frase, memorizada y repetida de generación en generación, contiene una lección que un libro de autoayuda entero tardaría capítulos en desarrollar.
El proverbio árabe de hoy no recurre a animales ni a paisajes, sino a un mecanismo que todos hemos usado alguna vez: la excusa. La frase enfrenta dos actitudes ante un mismo problema y obliga a preguntarse de qué lado se suele estar cuando algo se pone cuesta arriba.
Para pensar: ¿Dónde termina nuestra dificultad y empiezan las excusas?
El proverbio árabe «Cuando quieres hacer algo, encuentras el medio por difícil que sea; cuando no quieres hacerlo, fácilmente encontrarás una excusa» parte de una observación que no necesita adornos. Ante un mismo obstáculo, unas personas inventan un camino y otras inventan un motivo para no recorrerlo.
Como la mayoría de los proverbios árabes, esta enseñanza no tiene autor identificado: pertenece a un patrimonio oral que se conservó, entre otros lugares, en al-Ándalus, donde la presencia árabe se prolongó casi 800 años, y que las familias siguieron transmitiendo de generación en generación mucho después.
En las recopilaciones actuales de refranes árabes, esta frase suele aparecer junto a otras que también condenan la pasividad, como aquella que advierte que aconsejar a quien no quiere escuchar es tiempo perdido.
El denominador común es siempre el mismo: la voluntad se demuestra con hechos, no con intenciones declaradas. «Las palabras se las lleva el viento», dice otra frase también reconocida.
¿Por qué nos resulta tan fácil mentirnos con una buena excusa?
La psicología tiene un nombre para lo que el proverbio describe sin tecnicismos: autoengaño. Cuando algo cuesta demasiado, la mente construye una razón que suena lógica (el cansancio, la falta de tiempo, el mal momento) y esa razón alivia la incomodidad de admitir que, en realidad, no había demasiadas ganas de intentarlo.
Detrás de cada excusa bien construida hay, además, una función de protección: racionalizar evita el golpe a la propia imagen que supondría admitir directamente que faltó valor o que aquello no importaba tanto. Resulta más cómodo culpar al tráfico que reconocer una falta de prioridad.
Ese alivio, sin embargo, dura poco. Buscar la gratificación inmediata, posponer lo difícil a cambio de un descanso momentáneo, suele generar después una carga de culpa mayor que el esfuerzo que se quiso evitar. Y claro, la excusa protege por un rato, pero factura más tarde.
¿La dificultad es real o es la excusa que más nos convence?
Aquí está el matiz que distingue a este proverbio árabe de un simple llamado a la fuerza de voluntad: no niega que existan obstáculos genuinos. Reconoce que algo puede ser difícil (lo dice de forma explícita) y aun así insiste en que la dificultad casi nunca es lo que detiene a alguien decidido.
La diferencia está en el verbo, no en el obstáculo. Querer empuja a buscar rodeos, pedir ayuda o intentarlo de otra forma; no querer convierte cualquier tropiezo, por pequeño que sea, en la prueba definitiva de que era imposible desde el principio.
Basta pensar en dos personas con la misma falta de tiempo que quieren aprender un idioma. Una organiza veinte minutos diarios entre reunión y reunión para sacar tiempo; la otra concluye, sin más, que no tiene tiempo. El obstáculo (el reloj) es idéntico para las dos.
¿Qué revela este proverbio árabe sobre lo que realmente queremos?
Aplicado a la vida diaria, este proverbio árabe funciona como una pregunta incómoda: si algo lleva meses, o años, sin resolverse pese a las buenas intenciones repetidas, quizás el problema nunca fue la dificultad, sino la ausencia de un motivo suficientemente fuerte.
El patrón se repite en la salud, el trabajo y los vínculos personales: quien de verdad quiere dejar de fumar, cambiar de empleo o reparar una relación suele encontrar, tarde o temprano, un modo de intentarlo, aunque le cueste. Quien no, acumula razones cada vez más convincentes para seguir igual.
La próxima vez que una excusa aparezca lista y convincente (el tráfico, el cansancio, la falta de tiempo), vale la pena hacer una pregunta más honesta: ¿De verdad no hay medio, o simplemente no hay ganas?