La importante reflexión de Kant, filósofo: «No somos ricos por lo que poseemos, sino por aquello de lo que podemos prescindir»
Esta frase se asocia al filósofo prusiano y es una reflexión que deberíamos recordar todos los días
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Entre las muchas frases que circulan con el nombre de Immanuel Kant (1724-1804), una de las más repetidas relaciona la riqueza con la renuncia: «No somos ricos por lo que poseemos, sino por aquello de lo que podemos prescindir». La cita se le atribuye de forma popular, sin que se indique en qué obra aparece. Aun así, su contenido encaja con algunas de las ideas centrales del filósofo, una de las figuras clave de la Ilustración del siglo XVIII.
Un pensamiento centrado en la razón y la autonomía
Kant está considerado el fundador del idealismo trascendental. Según esta corriente, el ser humano no conoce las cosas tal y como son en sí mismas, sino a través de las estructuras de su propia mente, lo que coloca al sujeto en el centro del conocimiento.
A partir de ahí, el filósofo desarrolló una obra marcada por el uso riguroso de la razón y por la búsqueda de una moral autónoma. Para él, ser libre significaba gobernarse a uno mismo sin depender de lo externo. Las acciones humanas debían guiarse por el deber ético y el respeto universal, no por el interés o la búsqueda del bienestar material.
Libertad frente a dependencia
Leída desde esa perspectiva, la frase invita a revisar qué se entiende por libertad moral. En el pensamiento kantiano, esa libertad consiste en actuar por deber, siguiendo el imperativo categórico, un mandato ético incondicional y universal que nace de la razón, y no por presiones externas ni por deseos egoístas. Dominarse a uno mismo y tratar a cada persona como un fin en sí misma, y nunca solo como un medio, son dos de sus pilares.
En esa línea se suele citar otra idea que se le atribuye: «La libertad es la facultad de actuar según leyes que nos damos a nosotros mismos». Según esta lógica, depender de las posesiones resta autonomía, mientras que quien necesita poco para vivir gana capacidad de decidir, porque su bienestar no queda a merced de circunstancias ajenas.
La reflexión contrasta con una sociedad en la que el éxito se mide a menudo por lo que se compra y en la que el estatus de algunos grupos depende de lo que poseen. Frente a esa lógica, la perspectiva kantiana propone valorar la moderación y la capacidad de renunciar a lo que no es imprescindible.
Una idea con precedentes antiguos
Kant no fue el primero en defender el autodominio, un asunto central en buena parte de la filosofía antigua. El estoicismo ya lo planteaba, y Séneca lo resumió al afirmar que «pobre no es el que tiene poco, sino el que codicia más». Para el filósofo romano, la tranquilidad de espíritu exigía liberarse del deseo insaciable de riqueza.
En Oriente, las enseñanzas de Siddhartha Gautama, el Buda, recogen una idea similar, que suele resumirse en la frase «La raíz de todo sufrimiento es el apego». El deseo constante de poseer bienes o estatus genera insatisfacción, y liberarse de esas ataduras abre el camino hacia la serenidad.
Estas tradiciones, separadas por siglos y culturas, coinciden en vincular el desapego material con la libertad y el autodominio.