Ganadería

Jesús Manuel Martín Crespo, ganadero extremeño (47 años), sobre la burocracia: «Tú el papel lo puedes llevar al campo, pero no puedes llevar el campo al papel»

Jesús Manuel Martín Crespo
Jesús Manuel Martín Crespo con sus cabras. Foto: Jesús Manuel El autóctono en YouTube.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Jesús Manuel Martín Crespo lleva años convertido en una de las voces más reconocibles del campo extremeño. Desde su explotación en la Sierra de Gata, este ganadero de 47 años comparte en redes el trabajo diario con sus animales y, de paso, las quejas que se repiten en muchos pueblos de España: precios bajos, normas que no encajan y una administración cada vez más lejana.

En una entrevista radiofónica, el cabrero repasó los problemas que, a su juicio, están vaciando el monte. Por ejemplo, mencionó el abandono de olivares y rebaños, la falta de relevo y unas leyes redactadas lejos del terreno. Pero hubo un asunto al que volvió una y otra vez, y que resumió con una frase que muchos agricultores y ganaderos podrían firmar.

Jesús Manuel Martín Crespo, sobre la burocracia: «El papel lo puedes llevar al campo, pero no el campo al papel»

Ese asunto que aquí nos compete es la burocracia. «Nos llenan de burocracia, nos llenan de leyes y normas (…). Tú el papel sí lo puedes llevar al campo, pero no el campo al papel», explicó.

Esta declaración resume, expresada como un chascarrillo, el concepto de que lo que se decide en un despacho no siempre se puede aplicar en el monte, y el campo, con sus ritmos y su clima, nunca cabe del todo en un formulario.

Según Martín Crespo, el papeleo se ha convertido en una tarea más de la explotación, casi al mismo nivel que cuidar o mover el ganado. «La burocracia te lleva eternamente», lamentó. Hay que contratar gestores y seguros obligatorios para casi todo, y cada trámite supone un coste añadido para un negocio en el que, como él mismo recuerda, «si la vaca no da leche, no da».

A su vez, el ganadero pone como ejemplo el registro de la actividad. «Nos dicen que vale el libro digital, pero también te piden el de papel. Pues entonces, en vez de quitar trabajo, nos han metido más trabajo», denunció. Al final, la cuenta sale en su contra: un pago al gestor, otro al sindicato, otro a la aseguradora y una pregunta inevitable: «¿Y yo qué?».

Y desde luego, la queja no es aislada. Tras las protestas del campo de 2024, el Gobierno aprobó el Real Decreto 34/2025, que mantiene como voluntario el cuaderno digital de explotación y permite seguir con los registros en papel, salvo cuando la normativa sectorial exija el formato electrónico.

Aun así, el registro digital de los tratamientos fitosanitarios será obligatorio a partir del 1 de enero de 2027.

Leyes «de espaldas al campo» y un sector que parece estar en riesgo

Para el ganadero, el problema de fondo está en quién redacta las normas. «Eso es como si me mandas a mí a mirar por un avión, si yo no tengo ni idea», comparó Crespo. A su juicio, cada generación de gestores públicos es más urbanita y conoce peor la agricultura y la ganadería, por lo que aprueba medidas que chocan con la realidad de los pueblos.

En este sentido, cita como ejemplo las restricciones a la quema de restos vegetales. En la sierra, explica, la poda del olivo se ha quemado siempre, porque no todos los agricultores tienen máquinas para triturarla y en muchas parcelas ni siquiera entran.

Siguiendo esta línea, Martín Crespo también pide paciencia a quien legisla: «La cosa del campo no se puede hacer de un día para otro. Tú no puedes plantar una plantación hoy y mañana recoger fruto».

Las consecuencias, según su testimonio, ya se ven en la comarca: el olivar tradicional de la Sierra de Gata está casi todo abandonado, y lo mismo ocurre con buena parte de la ganadería. Por ejemplo, algunas vegas ya no se siembran o se llenan de placas solares.

«O lo paramos o aquí no queda nadie en el campo», advirtió, convencido de que España pagará cara la pérdida de su producción de alimentos.

Y al papeleo se suma la cuenta de resultados. «Todo lo nuestro no vale, pero todo lo que nosotros compramos sí vale», resume el ganadero, que compara lo que cuesta un tractor o el abono con lo poco que cobran por sus productos.

Tampoco las subvenciones, dice, compensan el trabajo de una familia pendiente del ganado las 24 horas, todos los días.

Conociendo a Jesús Manuel Martín Crespo, el cabrero de la Sierra de Gata

Nacido en Torre de Don Miguel (Cáceres), aunque se siente hurdano como sus padres, Martín Crespo compró sus primeros animales con veinte años. Según el medio agrario Agrodifusión, cría unas 350 cabras veratas, una raza autóctona de Extremadura, en régimen extensivo.

Ya en 2022, ya contaba 229.000 suscriptores en su canal de YouTube, que nació precisamente para denunciar las trabas administrativas y que mantiene un estilo sencillo, casi sin edición.

En los últimos años ha encontrado otra fuente de ingresos: cobrar por limpiar cortafuegos con el ganado, una forma de prevenir incendios por la que, según cuenta, los cabreros de la zona han peleado mucho, en una comarca que ya ha sufrido grandes fuegos.

«Al final hemos quedado cuatro», lamenta. Aun así, se muestra resignado con el reparto de beneficios: «Nosotros ganamos cinco, pero ellos ganan diez».

El relevo, al menos en su casa, parece encaminado: sus hijas estudian, pero su hijo quiere quedarse en la explotación y seguir con las cabras en la sierra.

Lo último en Curiosidades

Últimas noticias