Ganadería

Jesús Manuel Martín Crespo, ganadero y pastor de cabras (47 años), sobre la vida en el campo: «Libertad tengo toda la que yo quiero»

Jesús Manuel Martín Crespo
Selfie de Jesús Manuel Martín Crespo. Foto: Jesús Manuel Martín en Facebook.
Alejo Lucarás
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Jesús Manuel Martín Crespo tiene 47 años y lleva desde los veinte al frente de un rebaño de cabras en Torre de Don Miguel, un pequeño pueblo cacereño de la Sierra de Gata. En esta línea, lo que empezó como un sueño de infancia se ha convertido también en un fenómeno en internet, donde miles de personas siguen a diario su trabajo con los animales.

Sus vídeos, bastante entretenidos por cierto, mezclan la rutina del pastoreo con opiniones sin filtro sobre el sector primario. En uno de ellos, grabado en pleno campo, el ganadero echó la vista atrás para hablar de los consejos que recibió durante años, de los trabajos que nadie quería y de lo que, a su juicio, de verdad merece la pena en la vida.

Jesús Manuel Martín Crespo, sobre la vida en el campo: «Libertad tengo toda la que yo quiero»

Para Jesús Manuel Martín Crespo, el principal valor del campo no es el dinero. Las cabras, explica, no dan para hacerse rico, pero sí permiten ganar un sueldo digno sin depender de nadie. «Las cabras marchan bien, no ganas una millonada, pero ganas un sueldo digno y no tienes que estar debajo de nadie», resume en el vídeo, publicado en su canal de YouTube.

De ahí sale la frase que define su forma de ver el oficio. Tras repasar todo lo que ha tenido que aguantar, el ganadero lo deja claro: «Por lo menos la libertad que tengo. Eso sí, libertad tengo toda la que yo quiero».

Esa autonomía (sin jefes ni horarios impuestos por otros) es, según su relato, lo que las cabras le han dado y ningún otro empleo le ofreció.

Por eso insiste en que nunca se deshará del rebaño. «Las cabras jamás me voy a deshacer de ellas, porque llevo toda la vida con ellas», afirma. Y añade una idea que repite varias veces: «No hace falta ser millonario, sino tener para vivir dignamente».

Así, para él, la clave está en que el trabajo guste, porque entonces todo «va como la seda».

O se quedaba con las cabras o las vendía y se iba a Madrid: la historia de este creador de contenido

La decisión de quedarse no fue sencilla. Cuando Jesús Manuel compró sus primeros animales, con veinte años, su entorno le insistía en que los vendiera y buscara futuro fuera. «Vende las cabras y vete para Madrid, un tío joven como tú», recuerda que le decían. Encima, la primera en desaconsejarlo fue su propia madre, que llegó a decirle que «las cabras son el demonio».

A esa presión se sumó la de algunos vecinos e incluso la de un antiguo alcalde de su pueblo, con quien no tenía buena relación. Aun así, mantuvo el rebaño, y hoy lo tiene claro: si hubiera hecho caso, «a lo mejor no tenía ni la mitad».

De esa experiencia saca un consejo general: cada persona debe elegir su propio camino, ya sea abrir un bar, estudiar o montar una fontanería.

Desde luego, para este hombre los primeros años tampoco fueron fáciles. Con tres hijos pequeños, los tratantes sabían que necesitaba dinero y le pagaban poco. Recuerda haber vendido dos cabritos por 50 euros y, una Semana Santa, nueve chivas a 25 euros cada una a un comprador llegado del norte. «Aquel día fue de los peores de mi vida», admite.

Y cuando trabajaba para otros, la situación no mejoraba. Según cuenta, siempre le tocaban las tareas más duras, como la recogida de aceituna en las campañas en que apenas se pagaba. Mientras otros cobraban 40 euros por seis horas, él echaba ocho por 30.

«Sé que la gente se aprovecha de las desgracias de los demás y de los débiles», lamenta.

El caballo que cambió el rumbo de Jesús Manuel Martín Crespo

El vídeo también explica cómo ha logrado cierta estabilidad. Martín Crespo cuenta que, con el dinero de un caballo, invirtió 800 euros en un negocio pensado como complemento de la ganadería.

Este último lleva dos años generándole ingresos cada mes, «sin prácticamente esfuerzo», y asegura que va a más. Si hubiera vendido antes el caballo por 3.000 euros, añade, se habría gastado el dinero en otras cosas.

Inclusive, ese caballo aparece también en el origen de su faceta digital. Según publicó un medio local, tras vender al animal, invirtió lo obtenido en un teléfono móvil con buena cámara, con el que empezó a grabarse sin imaginar el alcance que tendrían sus vídeos.

Hoy recibe a sus seguidores con un saludo ya conocido: «¿Qué pasa, autóctonos?».

El camino de fama que viene recorriendo este cabrero «youtuber» de la Sierra de Gata

Su rebaño está formado por unas 350 cabras de raza verata, una variedad autóctona originaria de la comarca cacereña de La Vera, que pastorea en las laderas de la Sierra de Gata.

Ya en 2022, su canal superaba los 229.000 suscriptores y rozaba los 97 millones de visualizaciones, cifras que le han llevado a programas de televisión y radio nacionales.

En este sentido, sus vídeos alternan dos registros: los didácticos, centrados en el manejo de los animales y la cocina de campo, y los reivindicativos, en los que critica normas que, a su juicio, no encajan con la realidad rural.

«El sector primario está muy mal», llegó a declarar a distintos medios. También ha rechazado patrocinios comerciales con una pregunta: «¿Para qué quiero yo tanto dinero?».

Para concluir con un dato de color, la afición por las redes se ha extendido en su familia. Su sobrina, Nazaret Martín, también creadora de contenido, superó en número de seguidores a su tío en 2023, el mismo año en que fue elegida alcaldesa de Torre de Don Miguel, el pueblo donde Jesús Manuel sale cada mañana con sus cabras al monte.

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