La confesión de Miguel de la Quadra-Salcedo, mítico aventurero español: «Después de tantos viajes y tantos sitios, me quedo con los otoños en los hayedos del pirineo navarro»
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A los españoles no les hace falta indagar sobre quién es, porque la marca que dejó es imborrable: Miguel de la Quadra-Salcedo fue uno de los personajes más singulares del periodismo y el deporte del siglo XX. Fue atleta olímpico, etnobotánico en el Amazonas, corresponsal de guerra y fundador de la Ruta Quetzal, el programa que llevó a miles de jóvenes a recorrer América.
Pese a haber recorrido prácticamente todo el planeta, el aventurero, de raíces vasco-navarras, guardaba un rincón muy concreto en la memoria. Curiosamente, es uno que pocos hubieran imaginado tratándose de alguien acostumbrado a las selvas, los conflictos armados y las grandes hazañas deportivas.
Miguel de la Quadra-Salcedo y su confesión sobre los hayedos del Pirineo navarro
La respuesta llegó sin rodeos: «Después de tantos viajes y tantos sitios, me quedo con los otoños en los hayedos del Pirineo navarro; en este paisaje me reconozco». Así de tajante fue Miguel de la Quadra-Salcedo al hablar del lugar que, por encima de cualquier selva o cordillera lejana, sentía como propio.
Recordemos que Navarra alberga celosamente dos de los diez hayedos más extensos de España: la Selva de Irati y el bosque de Urbasa.
En otoño, cuando el hayedo se tiñe de cobre y amarillo, ambos parajes se convierten en uno de los destinos naturales más fotografiados del norte peninsular, algo que el propio explorador conocía de primera mano gracias a sus raíces familiares en la zona.
La confesión quedó recogida en una entrevista publicada por el medio local El Periódico en enero de 2015, apenas un año y medio antes de su muerte, en la que Quadra-Salcedo repasaba una vida entera dedicada a la aventura y el periodismo.
El vínculo familiar que explica el amor de Quadra-Salcedo por Navarra
El cariño de Quadra-Salcedo por el Pirineo navarro tiene todo el sentido del mundo: sus apellidos, Quadra-Salcedo y Gayarre, remiten a linajes vascos y navarros, y buena parte de su infancia y de sus veranos transcurrió entre esas montañas mucho antes de que el mundo lo conociera como explorador.
Aquella conexión explica que, tras décadas recorriendo selvas, desiertos y frentes de guerra en los cinco continentes, el lugar que eligiera como refugio emocional no fuera ninguno de los escenarios de sus grandes hazañas, sino un paisaje modesto y silencioso al que siempre podía volver.
Del Amazonas a Vietnam: la vida de aventuras de Miguel de la Quadra-Salcedo
Antes de convertirse en un símbolo de la exploración española, Quadra-Salcedo fue atleta de la sección de atletismo del Real Madrid. Ganó nueve campeonatos nacionales (seis en disco, dos en peso y uno en martillo) y compitió en los Juegos Olímpicos de Roma de 1960.
También desarrolló una técnica de lanzamiento de jabalina inspirada en la barra vasca que llegó a batir marcas, hasta que la federación internacional modificó el reglamento por el riesgo que suponía para lanzadores sin su misma técnica.
Entre 1961 y 1963 trabajó como etnobotánico en la selva amazónica, y poco después se incorporó a Televisión Española como reportero de guerra. Cubrió conflictos como la guerra de Vietnam y el golpe de Estado en Chile de 1973, y entrevistó a personajes de la talla del Dalái Lama, Salvador Allende o Indira Gandhi.
En 1979, por sugerencia del entonces Rey de España, puso en marcha la Ruta Quetzal, un programa educativo que combinaba aventura y formación en valores para adolescentes de dieciséis y diecisiete años procedentes de decenas de países.
A lo largo de más de treinta ediciones, miles de jóvenes recorrieron junto a él selvas, montañas y ciudades de todo el continente americano.
Miguel de la Quadra-Salcedo murió en Pozuelo de Alarcón (Madrid) el 20 de mayo de 2016, a los 84 años. Desde entonces, uno podría intuir que en cada otoño, cuando el viento tiñe de cobre los hayedos de Irati y Urbasa, el paisaje que él llamó suyo sigue repitiendo el mismo espectáculo que tanto le sedujo.