Miguel de la Quadra-Salcedo, aventurero español: «Pocos españoles saben identificar alguna civilización precolombina; me asombra esa ignorancia»
Nacido en Madrid el 30 de abril de 1932, Miguel de la Quadra-Salcedo fue una de las figuras más singulares de la España del siglo XX. Atleta olímpico, reportero de guerra, etnobotánico en el Amazonas y aventurero, se convirtió con el tiempo en el español que con más profundidad conocía la historia y las culturas de América Latina.
Esa experiencia acumulada durante décadas lo situó en una posición desde la que podía juzgar con criterio propio la relación de España con el continente americano. Y no como académico, sino como alguien que había convivido con las culturas locales, entrevistado a sus referentes intelectuales y llevado a miles de jóvenes a recorrer rutas que la mayoría no sabría situar en un mapa.
Lo que Miguel de la Quadra-Salcedo decía sobre los españoles y las civilizaciones precolombinas
«Pocos españoles saben identificar alguna civilización precolombina; me asombra esa ignorancia».
No nos apresuremos a pensar que esto fue el mero desahogo de un anciano amargado. Si uno se detiene a pensarlo, era la conclusión de alguien que llevaba décadas viendo de primera mano lo que los españoles desconocían de su propia historia compartida con América.
Para Quadra-Salcedo, el vínculo entre España y el continente americano era indisociable de la identidad española. «Uno no es español del todo hasta que no conoce y ama a Hispanoamérica», repitió en más de una ocasión.
La frase, que surgió de una entrevista al medio local El Periódico en 2015, no hablaba de turismo ni de folclore: hablaba de las civilizaciones maya, azteca e inca como parte del relato histórico que España contribuyó a transformar y que, según él, la mayoría de sus compatriotas ignoraba casi por completo.
La paradoja la había captado también Pablo Neruda, que le dijo en una entrevista: «Los españoles os lo llevasteis todo, pero también nos lo dejasteis todo». Quadra-Salcedo entendía esa frase como un punto de partida, no como una acusación.
Jabalina prohibida, Vietnam y el Amazonas: la vida de Quadra-Salcedo antes de la Ruta
La carrera de Quadra-Salcedo comenzó en el atletismo. Acumuló nueve campeonatos de España (seis en disco, dos en peso y uno en martillo) y participó en los Juegos Olímpicos de Roma 1960. Su nombre llegó a la prensa internacional cuando desarrolló una técnica de lanzamiento de jabalina adaptada de la barra vasca que superó los 100 metros de distancia.
La IAAF anuló el récord y modificó el reglamento, argumentando que la técnica suponía un riesgo para el público. Para muchos, el episodio resumía bien su forma de entender el mundo: buscar una solución que nadie había intentado y encontrarse con que las reglas no lo contemplaban.
En 1961 viajó a Colombia contratado como etnobotánico para trabajar en la selva amazónica. De esa experiencia nació su obsesión por América. Dos años después, TVE lo contrató como reportero y comenzó una carrera que lo llevaría a los conflictos más importantes del siglo.
Desde 1963 cubrió la crisis del Congo, la guerra de Vietnam y el golpe chileno de 1973. Entrevistó al Dalái Lama, a Salvador Allende y a Pablo Neruda. Fue uno de esos periodistas para los que la cámara era un pasaporte a los sitios donde nadie más llegaba.
La Ruta Quetzal: 30 expediciones para descubrir la América precolombina
En 1979, a instancias del rey Juan Carlos I, Quadra-Salcedo puso en marcha el programa que definiría su legado: la Ruta Quetzal. Su objetivo era llevar a jóvenes de distintos países a recorrer América Latina siguiendo las rutas de los exploradores del siglo XV y XVI, con especial atención a las culturas precolombinas y a los periodos de independencia iberoamericana.
Los participantes cruzaban selvas, visitaban yacimientos arqueológicos mayas e incas y convivían semanas con comunidades indígenas.
En 30 ediciones, el programa llevó a más de 10.000 jóvenes de 57 países por el continente. La UNESCO lo declaró de interés universal. Al morir Quadra-Salcedo en Madrid el 20 de mayo de 2016, a los 84 años, su hijo Íñigo continuó la dirección del programa.
La escultura que le dedica la Universidad Complutense de Madrid, inaugurada dos años después de su muerte, recoge su frase más conocida:
«Uno no es español del todo hasta que no conoce y ama a Hispanoamérica».
La otra, la que le asombraba la ignorancia de sus compatriotas, sigue siendo una pregunta sin responder.