Carlomagno dejó una frase que sigue sorprendiendo siglos después: «Saber otro idioma es poseer una segunda alma»
El emperador que transformó Europa defendió el valor de aprender otras lenguas
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Aprender un idioma puede cambiar mucho más que la forma de comunicarse. Puede abrir la puerta a otra cultura, otra manera de pensar y otra visión del mundo. Esta idea quedó resumida en una de las frases más conocidas atribuidas a Carlomagno. «Saber otro idioma es poseer una segunda alma». Una reflexión especialmente llamativa si se tiene en cuenta la relación que el emperador mantuvo con el conocimiento y las lenguas durante uno de los periodos de mayor transformación cultural de la Europa medieval.
Un emperador interesado en los idiomas
Carlomagno, rey de los francos desde el año 768 y emperador desde el 800, gobernó un territorio enorme y culturalmente diverso. Su lengua de origen pertenecía al ámbito germánico, pero el emperador no se limitó a dominarla. Según estudios, Carlomagno estudió lenguas extranjeras y llegó a hablar latín con tanta soltura como su lengua materna. También comprendía el griego, aunque tenía más dificultades para expresarse en él.
La frase sobre la «segunda alma» encaja precisamente con esa concepción de la lengua como algo mucho más profundo que una herramienta práctica. Conocer otro idioma significaba acercarse a una realidad diferente y poder comunicarse con personas que tenían otras costumbres, tradiciones y formas de entender el mundo. En el caso de Carlomagno, además, dominar varias lenguas resultaba especialmente útil para gobernar un territorio formado por comunidades muy diferentes.
Una lengua podía abrir otra realidad
El latín tuvo un papel fundamental en aquella transformación. Aunque no era la lengua cotidiana de buena parte de la población, funcionaba como idioma de la Iglesia, la administración y la cultura escrita. La reforma carolingia buscó además mejorar la transmisión de los textos y facilitar su lectura, un proceso relacionado con la expansión de la minúscula carolingia, una escritura más clara que tendría una enorme influencia posterior.
Por eso, la famosa frase de Carlomagno sigue teniendo una lectura sorprendentemente actual. Aprender una lengua no consiste únicamente en memorizar vocabulario y reglas gramaticales, ya que también supone entrar en contacto con otra cultura y ampliar las posibilidades de comunicación. La idea de que cada idioma puede proporcionar una «segunda alma» resume, en una imagen sencilla, una concepción del aprendizaje que el emperador convirtió en una parte esencial de su proyecto cultural.