Voluntariado

Buscan voluntarios para vivir en una playa del caribe en Costa Rica a cambio de cuidar perezosos y otros animales salvajes con 3 comidas al día incluidas

voluntarios para vivir en una playa del caribe en Costa Rica
Animales del programa Vida Silvestre en Costa Rica. Foto: Volunteer World.
  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Valerosos son los voluntarios que conoceremos a continuación y que deciden vivir una temporada en una playa del Caribe de Costa Rica para colaborar con la fauna silvestre de la zona. La propuesta en cuestión no exige experiencia en veterinaria, algo inusual en este tipo de programas. A cambio, sí piden constancia: los animales necesitan atención cada día del año, sin descansos.

El perfil de los animales que reciben cuidados varía mucho. Nos topamos aquí desde crías rescatadas del tráfico ilegal de mascotas hasta ejemplares adultos heridos en carretera o víctimas de la pérdida de su hábitat natural. Cada centro tiene su propia dinámica de trabajo, pero casi todos coinciden en un mismo objetivo final: devolver saludables a estos animales a su entorno.

Así es el voluntariado que permite vivir en una playa del Caribe de Costa Rica

El programa, conocido como Vida Silvestre en Costa Rica Animal Wildlife Rescue, ofrece un trato sencillo. Básicamente, a cambio de dedicar varias horas al día al cuidado de los animales, el centro cubre alojamiento y manutención completa.

Los voluntarios reciben habitación privada y desayuno, almuerzo y cena todos los días, además de acceso a la lavandería y a las zonas comunes del predio. También se organizan tours y paseos gratuitos por la zona, algo que otros operadores turísticos cobran aparte.

En lo que respecta a la duración de la experiencia, esta se adapta al calendario de cada persona: los programas más habituales van de una a doce semanas, aunque algunos voluntarios encadenan varias estancias seguidas.

Inclusive, pueden apuntarse personas desde los dieciséis años, sin límite de edad superior, algo que atrae tanto a estudiantes en año sabático como a jubilados que buscan una experiencia distinta a un viaje convencional.

Perezosos, monos y guacamayos: ¿Cómo son las tareas diarias con los animales?

El trabajo diario combina tareas prácticas con otras más delicadas. Preparar y repartir la comida de cada especie, limpiar los recintos y mantener el predio ocupan buena parte de la jornada, aunque también hay tiempo para diseñar enriquecimientos: juguetes, columpios y escondites pensados para que los animales mantengan su instinto natural pese a vivir en cautiverio temporal.

Cabe señalar aquí que el contacto físico directo se limita al mínimo imprescindible, precisamente para no acostumbrar a las crías a la presencia humana.

Voluntario sosteniendo a un perezoso
Voluntario sosteniendo a un perezoso. Foto: Volunteer World.

El catálogo de especies que pasan por estos centros es amplio: perezosos, monos, ocelotes, kinkajús, coatíes, venados, guacamayos y otras aves exóticas conviven en distintos recintos según su tamaño y su grado de recuperación.

A su vez, el cuidado diario se coordina con veterinarios especializados en fauna silvestre, que son quienes deciden el tratamiento de cada animal y cuándo está en condiciones de volver a la selva.

Requisitos para apuntarse y cómo funciona la selección de voluntarios

Como ya se anticipó, no hace falta ser veterinario ni tener formación biológica para participar: la mayoría de estos programas acepta a cualquier persona mayor de edad con ganas de trabajar y algo de inglés básico, el idioma que suele usarse entre voluntarios de distintos países.

Sí conviene llevar ropa cómoda, calzado cerrado y repelente de insectos, porque buena parte del día transcurre al aire libre, entre humedad tropical y contacto directo con tierra y vegetación.

Voluntarios trabajando en el centro de rescate de Costa Rica.
Voluntarios trabajando en el centro de rescate de Costa Rica. Foto: Volunteer World.

Cabe destacar que el programa es una de las opciones mejor valoradas por los propios voluntarios. Este acumula una puntuación de 4,35 sobre 186 reseñas en las principales plataformas internacionales de voluntariado.

Cómo inscribirse al programa

Para apuntarse al programa de Vida Silvestre en Costa Rica Animal Wildlife Rescue, el primer paso es contactar directamente con el centro de rescate.

La organización facilita el correo [email protected] para gestionar las solicitudes de voluntariado y consultar la disponibilidad de plazas.

En el mensaje inicial conviene indicar las fechas aproximadas de la estancia, la duración que se busca y algunos datos personales básicos. El centro puede proporcionar entonces la información concreta sobre las plazas disponibles, las condiciones de la estancia y los siguientes pasos para formalizar la participación.

También es posible consultar la propuesta y sus características a través de la ficha del programa publicada en Volunteer World. Esta página permite revisar la experiencia de voluntariado antes de contactar con la organización.

La recomendación, especialmente para quienes quieran viajar durante los meses de mayor demanda, es iniciar el contacto con antelación.

Costa Rica, el imán mundial del voluntariado en playas del Caribe

La popularidad de estos programas no es casualidad. Costa Rica alberga cerca del 6% de la biodiversidad mundial en apenas un 0,03% de la superficie del planeta, una concentración que convierte al país en uno de los principales destinos de rescate de fauna del continente.

Además, la costa caribeña funciona como corredor natural entre selva y mar, lo que multiplica los encuentros entre animales silvestres y zonas habitadas.

Es así como cada año, cientos de perezosos, monos y aves pasan por estos centros antes de volver a su hábitat, aunque lamentablemente no todos lo consiguen: las secuelas del maltrato o la pérdida del instinto de caza dejan a varios ejemplares sin opción de regresar a la selva y los convierten en residentes permanentes del santuario.

Quienes lo viven de cerca lo hacen, además, entre el sonido de las olas y la música reggae que suena en los pueblos cercanos.

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