Abraham Lincoln: «Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento»
La histórica reflexión del presidente estadounidense Abraham Lincoln sigue siendo una de las frases sobre política más influyentes
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Más de un siglo y medio después de haber sido pronunciada, esta frase de Abraham Lincoln continúa apareciendo en debates, discursos y reflexiones sobre la democracia. «Ningún hombre es lo bastante bueno para gobernar a otros sin su consentimiento». Esta frase se ha convertido en una de las más importantes al hablar del poder político y la democracia. La reflexión del decimosexto presidente de Estados Unidos habla de que el poder solo es válido cuando nace de la voluntad de los ciudadanos.
La reflexión de Abraham Lincoln fue pronunciada durante el discurso de Peoria en Illinois, en 1854, uno de los momentos clave de su carrera política. Lincoln utilizó esta frase para criticar la expansión de la esclavitud en los nuevos territorios estadounidenses y defendió el principio de igualdad entre los ciudadanos.
En ese momento, Estados Unidos se encontraba atravesando uno de los momentos más tensos de su historia. El país estaba muy dividido entre los estados esclavistas y los abolicionistas, y el debate sobre quién tenía el derecho para decidir la libertad de otras personas.
Lincoln sostenía que ningún ser humano debía tener la autoridad absoluta sobre otra persona sin tener su consentimiento. Esta idea está inspirada directamente en la Ilustración y la Declaración de Independencia estadounidense.
Esclavitud y Guerra Civil
Esta frase adquirió todavía más importancia pocos años después, cuando Lincoln llegó a la presidencia en 1861 y Estados Unidos cayó en la Guerra Civil. Durante el conflicto civil, el presidente defendió el bando de la Unión, que eran los estados abolicionistas del norte, contra la Confederación, que eran los estados esclavistas del sur.
Para Lincoln, la democracia no consistía únicamente en votar, sino en reconocer que ningún partido político podía imponer permanentemente su voluntad sobre otras personas a la fuerza. El presidente estadounidense terminó convirtiéndose en uno de los grandes símbolos universales de la defensa de los derechos universales e individuales.
Más de 150 años después de haber pronunciado esta frase de Abraham Lincoln, sigue funcionando como una advertencia contra cualquier forma de abuso de poder.